Personal Shopper (2016)

Alguien por favor ponga a Fantasmas del Pasado al lado de La Cumbre Escarlata en la lista de películas de fantasmas condenadas a ser infravaloradas y malinterpretadas.

por Alberto Villaescusa R.

(Fantasmas del Pasado, Olivier Assayas, 2016)

Alguien por favor ponga a Fantasmas del Pasado al lado de La Cumbre Escarlata en la lista de películas de fantasmas condenadas a ser infravaloradas y malinterpretadas. Lo nuevo del guionista y director francés Olivier Assayas nace de los ya cansados clichés y convenciones del cine de terror, pero los reformula dentro de una historia sobre cómo nos relacionamos con aquellos que perdimos y cómo interpretamos (¿o inventamos?) el más allá. Ahí se encuentra su fortaleza, ahí se encuentra la posibilidad de menospreciarla como una película de terror que fracasa en sus intentos de ser aterradora. Fantasmas del Pasado da muy poco miedo, pero porque remplaza el miedo con una curiosa fascinación y un atento ojo al comportamiento de su peculiar protagonista.

La película es la segunda colaboración de Assayas con la actriz Kristen Stewart, después Las Nubes de María (Clouds of Sils Maria), en la que hizo de la asistente de una reconocida actriz interpretada por Juliette Binoche. Después de que Crepúsculo y sus multimillonarias pero aborrecidas secuelas le ganaran el ridículo de la comunidad cinéfila, Stewart cambió la fama por papeles menores pero clave en películas independientes. Fantasmas del Pasado es la culminación de los intentos de Stewart por demostrar que no sólo puede usar su estatura para levantar proyectos arriesgados, sino que también, en el papel indicado, puede dar una actuación brillante. La película le pertenece tanto como Las Nubes de María le perteneció a Binoche. No puedo imaginar a Fantasmas del Pasado con otra actriz. En la película, Stewart interpreta a Maureen, una joven que trabaja seleccionando y comprando prendas nuevas para una famosa actriz francesa. No está muy ilusionada con el trabajo, pero se aferra a él y a su base de operaciones en París porque en esa ciudad falleció su hermano Lewis. Maureen dice poder comunicarse con los espíritus, y de vez en cuando visita la casa en la que vivieron Lewis y su esposa, esperando recibir alguna señal de él.

Los clichés del género no se hacen esperar. Fantasmas del Pasado abre con Maureen llegando a la retirada y abandonada casa de Lewis para pasar la noche y ser atormentada por el sonido del viento y el crujir de la madera. A partir de ahí, la película se toma su tiempo para regresar a los espantos. Nos concentramos en la vida diaria de Maureen, que es hipnótica a su manera. Los personajes de Assayas asumen el submundo de la farándula y la moda con una naturalidad y casualidad que nos hace sentirlo de manera inmediata y cercana a pesar de su lujoso exterior. Sus vidas están llenas del mismo tedio, estrés y ocio, que experimentamos el resto de los mortales. La película, no obstante, no sería tan atractiva sino fuera por Stewart. Stewart nunca ha sido una actriz muy emotiva o extrovertida, pero aquí esto se siente más como un punto a favor que en contra. Su actuación es más interna que externa, llena de sutiles expresiones y tics que caracterizan un personaje incierto, confundido. Su mirada cansada y su vestimenta y peinado descuidados y andróginos sugieren una persona ya con un pie en el más allá, con poco interés en el mundo terrenal.

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La fascinación de Maureen con lo espiritual es genuina, y Assayas nunca se reduce a retratarla de manera juiciosa o ridícula. Hay un verdadero intento por introducirse a la mentalidad de ella, de ver el mundo a través de ojos que juzgan los eventos inusuales del mundo físico como la acción de un espíritu del más allá. Dos arriesgadas decisiones estilísticas se derivan de este enfoque. Dos decisiones que serían contraproducentes para una película de terror, pero que se justifican por este íntimo punto de vista. La primera es el espíritu que parece materializarse durante el primer tercio de la película, a través de animación por computadora. Esta secuencia da rostro y propiedades físicas al atormentador de Maureen, haciendo a un lado la ambigüedad e incertidumbre con que la película había abordado sus creencias antes de ese momento.

Hay otra secuencia que resulta risible a primera vista. Después de haber visto a este espíritu por primera vez, Maureen es acosada por un desconocido a través de mensajes de texto. El medio del cine todavía se está adaptando a las pantallas computarizadas que dominan nuestra vida contemporánea y aún no hay manera de que un personaje interactué con una pantalla, sobre todo una que contiene sólo palabras escritas, sin que el momento se sienta anti cinematográfico. Que el fantasma cobre vida principalmente a través de mensajes de texto parece impensable para una película de terror, pero tiene sentido en la propuesta de Assayas. El existir en una pantalla hace al acosador de Maureen intangible, incomprensible e impersonal. Tal y como pensamos en los espíritus. Y que el conflicto más importante de la película sea entre Maureen y un objeto inanimado sugiere una relación que existe sólo en su cabeza. ¿Será el mismo caso con los espíritus que ella dice poder contactar?

Más que cuestionar las creencias de Maureen, Fantasmas del Pasado es una mirada sincera e íntima a las razones por las que este tipo de creencias continúan teniendo lugar. La muerte del hermano de Maureen es apreciable en la vulnerable actuación de Stewart. El que éste haya muerto a causa de un improbable defecto médico que ella comparte sólo parece unirlos entre lo terrenal y en el más allá. Y aunque lo espiritual y la tecnología contemporánea son presencias constantes, Assayas y su director de fotografía Yorick Le Saux crean una película tan viva y vibrante que se puede tocar. Parte de ello es el que la película haya sido filmada en celuloide (una rareza cada vez mayor en el cine contemporáneo) y parte de ello es el talento de Assayas para crear atmósferas a través de sonidos, iluminación naturalista y composiciones expresivas.

Como todo gran director de terror, Assayas nos afecta visceralmente, pero sus intereses y resultados son diferentes. Fantasmas del Pasado comparte la propensión al azar y la soltura del cine de Assayas, por lo que a veces parece divagar y evaporar la tensión y misterio que venía construyendo. Algunas piezas de su narrativa parecen no llevar a ninguna parte. Por ejemplo, ¿es la obsesión de Maureen con la ropa que compra, con la cual se viste a espaldas de ella, motivada por su acosador, una metáfora de la posesión espiritual? ¿O algo que Assayas incluyó sólo porque sí? No hay nada definido o explícito en Fantasmas del Pasado, algo que hace eco a cómo la película interpreta el mundo espiritual. Cuando vemos una película o decimos escuchar un fantasma, ¿estamos escuchando a alguien más que se quiere dar a entender? ¿O sólo somos nosotros? — A.V.R.

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