Ingobernable (2017)

Ingobernable es una producción dirigida específicamente al tipo de público que gusta ver canales de televisión donde se transmiten telenovelas disfrazadas de series.

por Cuauhtémoc Ruelas

Sin la menor intención de ofender a alguien, debo decir que Ingobernable es una producción dirigida específicamente al tipo de público que gusta ver canales de televisión donde se transmiten telenovelas disfrazadas de series, cuya moda es presentar historias con protagonistas que deben luchar contra alguna adversidad como el crimen organizado o corrupción política. Y no lo digo sólo por el argumento, sino por la barata manufactura de la serie misma, que delata su origen telenovelero donde como mayor ejemplo tenemos a su polémica y famosa protagonista.

Detectando este inexplorado mercado, quiero imaginar que la plataforma digital Netflix aprovechó para estrenar este nuevo proyecto y recaudar más dinero probando suerte en el creciente mercado latinoamericano, donde aparentemente es más fácil tragar producciones predecibles y poco imaginativas, como ésta.

Habiendo dicho todo esto, debo admitir que al principio la trama de Ingobernable me pareció bastante ingeniosa, y con gran potencial de convertirse en un excepcional thriller político que se podría separar —a base de ingenio— un poco de lo habitual. El problema es que la blanda propuesta del productor Epigmenio Ibarra y una mala selección de actores terminaron arruinando la experiencia y contrarrestando los escasos puntos positivos.

En la serie conocemos a Emilia Urquiza (Kate Del Castillo), una idealista Primera Dama que se encuentra en un polémico trámite de divorcio que dejará mal parado al Presidente de la Republica (Erik Hayser), principalmente porque esta ha perdido la fe en su marido, por lo qué decide afrontar todos los desafíos que se la pongan por delante para poder desvelar la verdad que tiene al país sumido en una crisis política. Sin embargo, cuando circunstancias terribles sugieren que Emilia asesinó al Presidente, ésta debe huir para probar su inocencia introduciéndose a las entrañas del barrio bravo de Tepito. Todo ello mientras la persigue el ejército, bajo órdenes del General Agustín Aguirre (Marco Treviño), el secretario de gobernación  José Barquet (Álvaro Guerrero) y su misteriosa asistente la señorita Vargas-West (Eréndira Ibarra). Para Emilia Urquiza no será tan fácil encontrar al culpable real, debido a la interminable red de secretos e intenciones oscuras en Palacio Nacional, y que incluye a alguien muy cercano al Presidente.

Ingobernable 3

Los primeros capítulos de Ingobernable se desarrollan con cierta pericia, pero eventualmente se ve forzada a desechar toda consistencia y dejar que sus personajes cometan errores estúpidos que van en contra de su carácter y del más básico sentido común, sintiéndose los rechinidos de los engranajes narrativos cuando los escritores (entre los que se encuentran Natasha Ybarra-Klor) buscan justificar escenas de acción o momentos de suspenso que le den un poco de vida al inerte drama y, de paso, que nos distraigan de los abundantes agujeros en el libreto.

Supongo que la adición de un flojo sub-texto político pretende darle sustancia a la narrativa; no obstante, la corrupción gubernamental ya se convirtió en un cliché así que no se puede tomar en serio como thriller con conciencia social, sino sólo como un truco para dar razón moral a los enfrentamientos y balaceras provocados por su genérica protagonista.

Como consecuencia tenemos una errática lógica donde es posible que dicha protagonista entre como Pedro por su casa a uno de los barrios más peligrosos de la ciudad de México, logre crear lazos con delincuentes de buen corazón para desenmascarar todo tipo de redes criminales, pueda deducir el momento exacto en el que algún funcionario público aparezca en el lugar indicado para obligarlo a revelar un secreto del gobierno, o bien, logra con sus nuevos aliados escapar de los lugares más vigilados a base de puro ingenio. Todo ello mientras al ejército lo muestran como una parvada de ineptos, incapaces de dilucidar la menor pista que los lleve hacia  los prófugos; Y los políticos como unos seres estilizados y solemnes carentes de ese halo siniestro que los identifica en el mundo real.

En fin. No quiero revelar spoilers, y baste decir que la abundancia de estas incongruencias, además de personajes improvisados y deducciones apresuradas arruina una premisa que pudo llegar más allá de la típica telenovela que se cree más de lo que es. Tampoco descarto el potencial de Ingobernable como entretenimiento desechable para un fin de semana, sobre todo si el espectador acepta el humor involuntario de la serie como complemento de su concepto central. No sé si eso baste para hacerla “tan mala que es buena”, pero admito que no me aburrió y sostuvo mi curiosidad, no sólo en el destino de la protagonista, sino en ver qué otro absurdo evento aparecería para estirar aún más nuestra credibilidad (desde luego no hay que olvidar el obligatorio cliffhanger para dar pie a la segunda temporada).

Sin duda al productor Epigmenio Ibarra se le puede acusar de poco sutil o tendencioso y aunque puede sonar como insulto, también es un halago; quizás su visión o estilo están evidentemente contaminadas por sus conocidas posturas políticas, pero hace falta talento para extraer entretenimiento puro, a base de un libreto mal escrito, actores con poca convicción y bajos valores de producción. Entonces, puedo recomendar esta serie como un thriller accidentalmente cómico, o como un chasco accidentalmente entretenido; como sea, pudo ser peor. —CR

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