Life (2017)

La Llegada (Arrival) y Life: Vida Inteligente harían una excelente doble función.

por Alberto Villaescusa R.

(Life: Vida Inteligente, Daniel Espinosa, 2017)

La Llegada (Arrival) y Life: Vida Inteligente harían una excelente doble función. Tanto la última película de Denis Villeneuve como lo nuevo de Daniel Espinosa pueden ser descritos como ciencia ficción sobre capaces e inteligentes protagonistas que reaccionan de manera proactiva e ingeniosa a los distintos dilemas planteados por el primer contacto de la humanidad con vida extraterrestre. En planteamiento, las películas son casi idénticas. En espíritu, son totalmente diferentes. Estas diferencias pueden explicarse parcialmente por los distintos géneros a los que pertenecen. La Llegada es un drama inspirador, una modesta y solemne épica. Aunque es un retrato tenso y matizado de cómo el ser humano aborda lo desconocido, la película de Villeneuve mira con más optimismo que cinismo a lo que se encuentra más allá de las estrellas. En ella se muestran nuestras esperanzas. Life: Vida Inteligente es una película de terror. En ella se cristalizan nuestros miedos.

Y qué bien se cristalizan estos miedos. El inicio de la película nos muestra a un equipo de seis astronautas de varios países del mundo estacionados en la Estación Espacial Internacional con la tarea de recuperar una muestra de suelo marciano para estudiarla. Life es una película bien lograda. La dirección de Daniel Espinosa nunca deja de ser precisa y emocionante, y la fotografía de Seamus McGarvey hace de la estación espacial un ambiente frágil, claustrofóbico, y a veces precioso, pero es la primera parte de la película la que resulta más visualmente impresionante. Un estático plano de un campo estrellado, como aquellos que abren las películas de Star Wars, nos invita a maravillarnos ante y a tenerle un poco de miedo a la vastedad del espacio. Un extenso plano secuencia, de aquellos que Alfonso Cuarón perfeccionó en Gravedad, nos lleva por el interior de la Estación Espacial Internacional y nos presenta a un equipo diverso. El doctor David Jordan (Jake Gyllenhaal), es el médico en jefe de la estación; la doctora Miranda North (Rebecca Ferguson), la oficial de cuarentena; Rory Adams (Ryan Reynolds), el piloto; Sho Murakami (Hiroyuki Sanada), el ingeniero; Hugh Derry (Ariyon Bakare), el biólogo y Katerina Golovkina (Olga Dihovichnaya), la comandante de la tripulación.

Life: Vida Inteligente difícilmente es una película original. Además de los guiños a las dos películas mencionadas anteriormente, su planteamiento y diseño de producción recuerdan demasiado a Alien: El Octavo Pasajero de Ridley Scott y al tercer y más convencional segmento de 2001: Odisea del Espacio de Stanley Kubrick. Los personajes de esta película incluso cometen errores similares a los de las tripulaciones de la Nostromo y la Discovery One; subestiman aquello que o les es desconocido o que parece benévolo. Después de que Rory recupera la muestra de suelo de Marte, Hugh la estudia y descubre una célula extraterrestre dentro de ella. Dentro del laboratorio de la nave, crea un ambiente propicio para que ésta se desarrolle. Aquellos que entramos a Life: Vida Inteligente esperando una película de terror, sabemos que esto es un garrafal error. Y aun así, el momento en que la célula, a la que los astronautas llaman Calvin, empieza a desarrollar extremidades primitivas y sostiene el dedo de Hugh como en un saludo amistoso, es genuinamente optimista. Pobres idiotas. Afortunadamente, no se define por su originalidad. Ése no es el punto. Lo que la hace tan envolvente y refrescante dentro la ciencia ficción actual es su cinismo (me atrevo a decir que es hasta más cínica que Alien y 2001) y cómo juega con nuestras simpatías hacia sus personajes. Aquello y sus impresionantes imágenes.

life poster

Life costó unos módicos (para una película de ciencia ficción hollywoodense) 58 millones de dólares, pero presume algunos de los efectos especiales mejor logrados que he visto recientemente. Particularmente impresionante es el diseño de Calvin, quien evoluciona en algo que está a medio camino entre una criatura de H.P. Lovecraft y un monstruo marino, así como la interacción del extraterrestre con el espacio y los actores. La simulación de gravedad cero y la orgánica interacción del elenco con los escenarios digitales de la película, contribuyen a crear una casi perfecta ilusión. Lo conciso y ágil de la historia, así como el constante peligro que representa Calvin, mantienen a la película en órbita incluso durante los pocos momentos en que los efectos especiales parecen no estar a la altura y la trama parece dar uno que otro giro innecesario. Miranda describe a la criatura como “todo músculo, todo cerebro y todo ojo” y esto nos basta para explicar su tenaz supervivencia, su crueldad y las improbables maneras en que escapa de los intentos de la tripulación de deshacerse de él.

El guion de Rhett Rheese y Paul Wernick es tan cruel y despiadado como Calvin. Que el personaje de Rebecca Ferguson sea planteado como una feroz y previsora líder que mantiene la cabeza durante una crisis, el que Ryan Reynolds sea planteado como el carismático alivio cómico y una presencia constante en los primeros minutos de la película, crean más de una falsa expectativa que será crudamente puesta de cabeza más adelante. No hay mejor ejemplo del diestro manejo de las expectativas que el final de la película, cuya audacia cínica recuerda a otra película de Kubrick y les da a los horrores que vimos un poder de permanencia.

Como una película de terror que parte del descubrimiento científico de la vida alienígena, las desastrosas consecuencias de la curiosidad y del ofrecer una mano amiga a los que no se parecen nosotros, no sorprende que la narrativa sea escéptica y xenofóbica. Al mismo tiempo, su afiliación al género de terror y su apropiación de sus clichés, invitan a tomar sus supuestas lecciones con poca o ninguna seriedad. Si la película se tomara un poco más en serio, si aspirará a las revelaciones de La Llegada, si sus personajes fueran un poco más simpáticos, quizá la película sería aborrecible. Life: Vida Inteligente usa su cinismo, no para convencernos de él, sino como una herramienta para crear sustos. No ataca a la mente, sino al pulso. Y como la criatura que aterroriza a sus desafortunados personajes humanos, ni una vez muestra piedad.  —AVR

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