Aquarius (2016)

Si Aquarius tiene una lección ésta es ‘no te metas con una sobreviviente de cáncer’.

por Alberto Villaescusa R.

(Aquarius, Kleber Mendonça Filho, 2017)

Si Aquarius tiene una lección ésta es ‘no te metas con una sobreviviente de cáncer‘. El segundo largometraje del brasileño Kleber Mendoça Filho es una comedia dramática sobre una crítica musical retirada y la millonaria corporación constructora que comete el error de meterse con ella. Clara (Sonia Braga) es la última residente de un viejo edificio de apartamentos en Boa Viagem, una de las zonas más privilegiadas de la ciudad costera de Recife. El resto de los pisos han sido comprados por una firma de ingeniería con planes de tumbar el edificio para construir una torre de condominios más afín con el horizonte urbano de esta playa brasileña. Su único obstáculo es, por supuesto, que Clara todavía vive ahí. Diego (Humberto Carrão), un joven arquitecto, llega cortés y cohibido con ella por lo que parece ser la enésima vez, ahora con una millonaria oferta que por mucho supera el valor del mercado de la propiedad. Pero Clara todavía dice que no.

Clara no está dispuesta a irse. El apartamento ha sido su casa por más de treinta años. Ahí se encuentran sus discos, sus libros, sus casetes. Ahí se encuentra el mueble que le perteneció a su tía Lucía (Thaia Perez), veterana de la revolución sexual. Ahí Clara creó una vida con su marido, quien ya lleva diecisiete años de fallecido. Ahí sufrió y venció su enfermedad. Usando este simple conflicto como punto de partida, Aquarius explora varios temas. Esto crea una mirada compleja y holística de la vida de su protagonista, así como una trama que es a veces dispar y que no se mueve con una dirección clara. Parece varias películas combinadas dentro de una. Por un lado es una crítica social con toques de thriller legal que ataca a las depredadoras prácticas del mercado de bienes raíces. Por otro es una mirada al tejido social de Brasil, consciente de sutiles distinciones de clase. Es también una mirada a la vida sexual de una mujer de la tercera edad. Y una historia sobre la vida después del cáncer.

Si estas numerosas aristas se unen de manera armónica y natural es en parte gracias a la actuación de Braga y el atento guion y sutil dirección de Mendoça Filho. La escena más devastadora de la película es también una de sus menos elaboradas. Habiendo regresado de la playa, Clara se desviste y revela que perdió su seno derecho al cáncer. El plano es fijo; no llama la atención a su condición, sino lo imperturbable que ella luce. Lo que nos impacta es que a ella no le impacta. Pero esto no quiere decir que ella no esté consciente de su condición ni de cómo los demás la ven. Durante una salida con sus amigas, un hombre la invita a bailar y al poco tiempo terminan besándose en el carro de él. Él alcanza su seno derecho y ella insiste que no lo haga. Le cuenta de su enfermedad. Él la alaba por su valor, pero podemos notar que ya se siente algo incómodo. Que la atracción se desvaneció. Esto no pasa desapercibido por Clara. Ella regresa a su casa en taxi a pesar de que él insiste en llevarla a casa. La actuación de Braga es perfecta en ese momento, mostrando comprensión, frustración y delicadeza a la vez.

Aquarius poster

Clara es una mujer con una relación cercana con su pasado, pero no es una mujer atada a él o que se deje definir por él. Sí hay un elemento de nostalgia a su historia. La película abre, no en el presente, sino más de treinta años antes, en 1980, en una cálida, gentil fiesta familiar en su apartamento, un momento que vuelve el lugar tan especial para nosotros como para ella. Sin embargo, si Clara se resiste a mudarse es menos por nostalgia que porque ya una vez tuvo que sufrir para mantener su vida, y no va a dejarla ir tan fácil. Su comportamiento es terco y obstinado, parece estar casi en contra del sentido común. La empresa constructora hace uso liberal de los demás apartamentos para presionarla a vender, por lo que uno pensaría que lo más razonable es que ella acepte la oferta y se evite problemas. Pero ni la insistencia de su hija Ana Paula (Maeve Jinkings), ni la orgía que Diego monta en el apartamento arriba de ella, la pueden sacar de ahí.

Las casi dos horas y media que dura Aquarius se pasan con relativa facilidad entre los pleitos de Clara con la constructora y sus placenteros y naturales intercambios con familia, amigos y amantes. El trabajo de fotografía de Pedro Sotero y Fabricio Tadea, que usa colores apagados y lentes zoom para mantener cierto grado de dinamismo visual, le dan a la vida diaria de clara el agradable brillo costero de su ambiente. La banda sonora de la película, compuesta tanto por música brasileña como por Queen (“Another One Bites the Dust” y “Fat Bottomed Girls” tienen papeles clave), la hacen sentir más íntima y casual; Clara y su familia, especialmente su sobrino Tomás (Pedro Queiroz), tienen con esta música un vínculo similar al que tienen entre ellos. Al mismo tiempo que se trata de una película placentera, es también difícil de separar de su contenido político. No es difícil interpretar a la empresa constructora que quiere destruir el edificio de Clara como un representante de intereses capitalistas, y tampoco es difícil interpretar a Clara como la tenaz e inteligente opositora a un poderosísimo régimen conservador. Parece haber un paralelo entre Clara y la presidenta recientemente destituida de Brasil, Dilma Rousseff. Las sutilezas de la actual política brasileña merecen más discusión que medio párrafo en la reseña de una película, pero vale la pena mencionarla dados los signos de protesta que el director y el elenco mostraron durante el festival de Cannes, de alguna manera resaltando la carga política de la película.

Independientemente de las afiliaciones políticas de Mendoça Filho y su equipo, Aquarius no deja de ser una observadora y amena pieza película construida sobre la sólida base de una excelente actuación. Braga le proporciona a Clara la mezcla de tenacidad y vulnerabilidad de la que están hechas las mejores y más cautivadoras actuaciones protagónicas. Tanto como la vemos resistiéndose a las exigencias de sus familiares y de la constructora, la vemos también confesándole a Roberval (Irandhir Santos), un salvavidas de la playa que parece coquetear con ella, que está preocupada por su seguridad. Tanto como la vemos buscando tenazmente una salida legal para el acoso de la empresa, la vemos levantándose en medio de la noche para asegurarse de que su puerta esté bien cerrada. Si la historia de Clara resuena y conmueve, es porque al centro de ella se encuentra una mujer que desea vivir su vida en sus propios términos. Ni el cáncer ni los millones de la constructora la van a detener. —AVR

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