The Salesman (2016)

La nueva película del director y guionista Asghar Farhadi es una tensa pieza de suspenso y una monumental historia de moralidad llevada al límite.

por Alberto Villaescusa R.

(Forushande, Asghar Farhadi, 2016)

El Cliente (The Salesman), la nueva película del director y guionista Asghar Farhadi es una tensa pieza de suspenso y una monumental historia de moralidad llevada al límite. Al mismo tiempo, es una discreta y natural mirada a las minucias de la vida doméstica de la clase media en el Irán contemporáneo. Estos dos enfoques parecen contradictorios, pero Farhadi no sólo es capaz de conciliar estos dos extremos, sino unirlos de tal manera que su lado trágico resalte lo mejor de su lado mundano, y vice versa. El Cliente es una película sobre un hombre al que conocemos como amable y gentil llevado a hacer cosas que ni nosotros ni él nos imaginaríamos. Lo trivial de su vida diaria no sólo contrasta con lo que finalmente es capaz, sino que también, lentamente, remueve las capas de su personalidad de manera que sólo al final nos damos cuenta de lo lejos que ha llegado. Como todo gran drama, la evolución de su protagonista es inevitable pero no predecible.

Emad (Shahab Hosseini) y Rana Etesami (Taraneh Alidoosti) son actores de teatro, así como marido y mujer dentro y fuera de escena; hacen de Willy y Linda Loman en un montaje de ‘Muerte de un Viajante’ de Arthur Miller. En el virtuoso, pero nunca distractor o meramente llamativo plano secuencia que nos introduce a sus vidas, los dos evacúan el edificio de apartamentos en el que viven. Conocemos a Emad como un hombre servicial, ayudando a una vecina a cargar a su hijo fuera del edificio que amenaza con colapsarse. Enterado de los problemas de alojamiento de Emad y Rana, Babak (Babak Karimi), uno de sus compañeros en la obra, les consigue un apartamento recién desocupado en otro edificio. El lugar no es perfecto; la inquilina anterior parece haber salido de prisa, pues sus cosas todavía llenan uno de los cuartos de la casa, pero la pareja acepta quedarse en lo que encuentra otro lugar. Una noche, cuando Emad llega a casa, se encuentra con rastros de sangre en las escaleras y con que Rana no está. Fue agredida físicamente por un intruso y rescatada por una vecina que la llevó al hospital.

Emad está molesto, pero su reacción no es impulsiva o violenta. El Cliente, después de todo, no es un thriller de venganza. La primera preocupación de Emad es el bienestar de su esposa y el que los dos regresen a sus vidas normales. El incidente ni siquiera llega a oídos de la policía. El intruso no forzó su entrada, Rana le abrió la puerta cuando escuchó el timbre, pensando que era Emad quien tocaba. Eso sería difícil de explicar. Aunque es Rana quien sufre la agresión que desencadena la acción de la película, es en realidad la historia de Emad. Esto no quiere decir que la caracterización de Rana sea simplista o que su trauma sea ignorado. Todo lo contrario. Las secuelas del incidente se hacen sentir, su incapacidad de procesarlo se muestra en su comportamiento errático, a veces contradictorio. Rana no se atreve a regresar al baño. A ratos quiere tener a Emad cerca, otros ni siquiera lo quiere ver. Por turnos le reclama el no tomar cartas en el asunto, por otros le reclama que se entromete demasiado. Un momento se siente determinada a regresar al montaje de la obra; al siguiente, una mirada de alguien en el público la paraliza y la hace correr tras bambalinas. Rana actúa como alguien que se rehúsa a definirse como una víctima, alguien que quisiera ignorar lo que acaba de pasar. Pero también como alguien probablemente incapaz de comprender las dimensiones de lo que acaba de vivir.

the salesman poster

Rana está confundida, pero su confusión es comprensible. Y es esta confusión lo que despierta la inseguridad, los sentimientos de impotencia de Emad. Si ella no entiende lo que le sucede, él mucho menos. ¿Quizá las llaves y el teléfono celular que el intruso dejó en su casa, su única oportunidad de localizarlo, sean la solución? Emad en efecto se decide a localizarlo, pero sólo en su tiempo libre. Una porción considerable de la película es dedicada a seguir de cerca la vida diaria de Emad y Rana. Estos momentos, de la pareja adaptándose a su nuevo apartamento, a las interacciones de Emad con sus alumnos, a las de la pareja con sus vecinos, parecen en un principio tiempo muerto, su propósito no es claro. Pero la gran mayoría de ellos tiene una manera de mostrarnos un poco más de sus personajes, de ilustrar la separación que se crea entre la pareja. Los momentos más impactantes de la película tienen lugar con la pareja sobre el escenario, con la obra de Miller como contrapunto a lo que sucede en las vidas de Emad y Rana. Es sobre el escenario cuando la confusión de Emad se vuelve más palpable. La angustia de Rana se funde con la de Linda Loman, su personaje. Emad, también en personaje, no sabe si debe reaccionar a Linda o a Rana. En ese momento, estamos tan perdidos como él.

La obra de teatro dentro de la película le permite a Farhadi y a su director de fotografía Hossein Jafarian experimentar con una iluminación mínima y de cualidad dramática, aunque sea por unas pocas escenas. Es principalmente una película de estética naturalista, sin acompañamiento musical y con una accidentada pero nunca descuidada cámara en mano que parece moverse según dicte la acción, pero que en realidad dicta la emoción de la escena tanto como los mismos personajes. El uso del lenguaje cinematográfico es casi imperceptible, pero efectivo. Más que la habilidad técnica, es la empatía que Farhadi extiende a sus personajes lo que en verdad hace brillar a El Cliente. No me atrevo a decir cómo termina la película; Farhadi acumula tensión poco a poco en preparación para un final sensacional y devastador que es sólo evidente una vez que sucede. Tan extremas como finalmente sean, las acciones de Emad son extrañamente consistentes con el personaje que se nos muestra al principio. Los eventos de la película no lo tuercen, simplemente revelan más de quién es en realidad. Algo similar sucede con el agresor de Rana, una vez que Emad lo encuentra. El genio yace en que, en un buen hombre de familia, encuentra a alguien capaz de lo impensable. Y en el aparente monstruo que acosa a una mujer indefensa, a alguien capaz de invocar nuestra simpatía. Quizá porque Farhadi reconoce que tanto Emad como el agresor de Rana son producto de sus circunstancias, que sus vidas son complicadas y que tanto sus acciones como sus seres queridos los definen de maneras diferentes, a veces contradictorias, siempre humanas. —AVR

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