Neruda (2016)

La intrigante nueva película de Pablo Larraín, es la historia de dos hombres, de dos figuras históricas, una inescapable, otra mayormente olvidada.

por Alberto Villaescusa R.

(Neruda, Pablo Larraín, 2016)

La intrigante nueva película de Pablo Larraín, es la historia de dos hombres, de dos figuras históricas, una inescapable, otra mayormente olvidada. El primero, por supuesto, es Pablo Neruda, el poeta y senador chileno (Luis Gnecco) que se convirtió en fugitivo de la ley después de que el presidente Gabriel González Videla firmara la Ley de Defensa Permanente de la Democracia (la “Ley Maldita” que declaró ilegal al Partido Comunista de Chile). El segundo es Oscar Peluchonneau (Gael García Bernal), el agente del gobierno al que se le da la tarea de perseguirlo. Aunque basada en hecho reales, camina sobre una fina línea entre la realidad y la ficción. Neruda efectivamente fue desaforado del congreso chileno en 1948 después de un importante discurso y fue prófugo de la ley. Y Peluchonneau efectivamente fue el oficial que le siguió la pista. Pero los personajes de Gnecco y de García Bernal comparten poco con las caracterizaciones e interpretaciones solemnes y superficiales que suelen recibir los personajes históricos en una película biográfica. Neruda intenta introducirse a la mente de estos dos personajes, sin importar que su interpretación pueda estar un poco equivocada o ser una total invención del guión.

El Neruda de la película es una figura carismática, grandiosa y ostentosa; en mismas dosis poeta, político y celebridad. Cuando un amigo le ofrece un apartamento para esconderse del gobierno, Neruda señala un particular problema con el lugar: que ahí nunca lo van a encontrar. Por supuesto no quiere que lo atrapen, pero tampoco quiere que se olviden de él tan fácilmente. Ya sea por aburrimiento, ya sea porque saborea la atención pública, el hombre que alguna vez se llamó Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto gusta de estar en control de cómo se le percibe. Y esto parece funcionar, pues su figura de literato y héroe del pueblo crea una brillante pantalla para sus hábitos menos admirables, como sus orgiásticos encuentros con jóvenes desnudas a espaldas de su esposa Delia (Mercedes Morán).

Peluchonneau, por su parte, se deja definir como el perseguidor y la sombra de Neruda. El hijo ilegítimo de un importante funcionario, a Peluchonneau lo distingue una imparable necesidad de probarse a sí mismo. Un personaje secundario que busca atrapar al poeta para así poder saltar a un papel protagónico. Para por fin empezar a existir. ¿Es la influencia que Neruda ejerce sobre Peluchonneau síntoma de las inseguridades del detective? ¿O de la monumental estatura cultural del poeta? El guion de Guillermo Calderón sitúa a la respuesta en algún punto medio. Es un poco de las dos, con un toque de rencor y un poco enamoramiento y fascinación. Si la narración de Peluchonneau que se escucha a lo largo de la película y que emplea numerosas metáforas y elaboradas vueltas de frase es un fiel indicador, el policía esconde algo de poeta debajo de su exterior fascista.

neruda poster 1

Ésta no es la primera vez que Pablo Larraín ha explorado la persecución política en Chile. Ni siquiera es la primera que ha abordado el tema con ayuda de García Bernal. No, su película de 2012, giró alrededor del plebiscito de 1988 en el que se decidió si el dictador Augusto Pinochet seguiría en el poder. Ahí, García Bernal interpretó al René Saavedra, el publicista encargado de la campaña para el voto en contra. Tanto en No como en Neruda se hace notar una condena de los métodos de persecución de los respectivos regímenes políticos, así como de la manera en que los medios y la cultura influyen en la opinión pública y personal. Ambas películas abordan la forma cinematográfica de manera audaz y apropiada. La fotografía en video de No de inmediato situó a la película en su momento histórico, y le dio a los eventos presentados una verosimilitud mayor. No tenía la fidelidad de un documental. Neruda, por su parte, destaca por sus toques surrealistas. La partitura musical de Federico Jusid, en la que se reconocen sobre todo instrumentos de cuerda, le da un aura de incertidumbre y misterio. Y para varias de las escenas de diálogo, Larraín muestra a los personajes cambiando instantáneamente de locación, continuando una misma conversación en espacios completamente diferentes separados por un corte, como si ellos no estuvieran del todo ahí.

Neruda, sobre una persecución policiaca, adopta el planteamiento de una novela criminal, pero de ahí se convierte en una película críptica, extraña. Una película sobre lo elusivo de la identidad propia. Aunque la historia de Chile nunca deja de informar los hechos de la trama, la película se concentra en dos figuras fascinantes y sus intentos de definirse de maneras contradictorias. Es una película frustrante porque su planteamiento inicial y las convenciones del thriller político contrastan finalmente con lo que la película termina convirtiéndose. De una película social, histórica, factual, se convierte en una brumosa, personal e incierta. Al juntar estos dos enfoques, la película parece celebrar el poder de la percepción, parece decir que lo que le da importancia a lo que sucede a nuestro alrededor es cómo lo interpretamos personalmente. —AVR

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