Raw (2016)

Tenemos en Grave, también conocida como Raw, también conocida como Voraz, mi película favorita del año.

por Mickey J. Brijandez

(Grave, Julia Ducourneau, 2016)

Tenemos en Grave, también conocida como Raw, también conocida como Voraz, mi película favorita del año. Quizás empatada con Get Out (¡Huye!, Jordan Peele, 2017) siendo la única que hasta la fecha le da una corrida por su dinero. Son movies que abrazan el absurdo, la sátira incomoda que demanda carcajadas no porque sean comedias fantásticas sino porque nos da miedo cuanto se parecen a la vida. Ambas son cuentos de hadas para el hombre y la mujer moderna. El novio que teme conocer a los suegros por vez primera. La chica que se muda a la universidad para enfrentar lo que significa vivir sola. Peele abordándolo desde las inseguridades raciales, y el siniestro que esconde toda una cultura, o el peso de la historia. Ducourneau desde el vegetarianismo como analogía a la pureza, virginidad si se quiere, y el arrebato que puede provocar tragar ese primer trozo de carne. Es necesario mencionar que son películas muy, muy diferentes una de otra. Disfrutar una de ellas no necesariamente significa que nos gustará la otra. Lo que tienen en común ante todo es que, al menos para mí, ofrecen una de las razones principales de cuando el entretenimiento trasciende a arte: La perspectiva otra.

Un breve ejemplo: El mainstream, en gran porcentaje, sigue narrando la historia del hombre de aventuras. El héroe de acción masculino. A veces femenino, sí. Pero incluso cuando hay heroína fantástica, los tropos y las convenciones se adaptan de él a ella, no viceversa. Siempre hay guionistas y contadores de historias más competentes que otros para presentar a la mujer de acción. La mujer que tira patadas, usa metralletas o espadas. Conduce autos a máxima velocidad o salta de un vehículo a otro, pero yo nunca he creído que esto signifique presentar a “la mujer empoderada”. Es simplemente traspasar los arquetipos del género acción, aventura, fantasía, de un sexo al otro. No estoy diciendo que eso sea un problema, pero si lo fuera, creo que la solución es más sencilla de lo que parece: Que la mujer narre su propia historia.

En una realidad ideal, la del cinema como expresión que fascina, puede existir un Nicolas Winding Refn y su versión de la adolescente naive en el savaje mundo del modelaje en The Neon Demon así como una Katheryn Bigelow y su banda de soldados, hermanos de armas y la fiereza de la guerra en The Hurt Locker. También Julia Ducourneau, y su comentario sobre la violenta transición de niña a mujer, desde un punto de vista que usualmente no vemos. La perspectiva otra.

raw movie poster

Volviendo de nuevo a Jordan Peele. Cuando él decide presentar los estragos (en el marco del surrealismo de terror) de la pareja interracial, le creo porque Peele en la vida real está casado con Chelsea Peretti, una mujer blanca. Cuando Ducourneau decide hacer lo mismo sobre la madurez femenina le compro la idea porque ella, a sus 33 años de edad, hace apenas una década que vivió una versión (menos brutal, quiero creer) de su protagonista, o al menos el lugar personal de donde se extraen las emociones viscerales se siente completamente legítimo.

No hace falta ir muy lejos para ver el escenario opuesto. El pasado año hubo una movie poco vista llamada Viral –que afortunadamente ya pueden checar en Netflix— realizada por el único director, o co-directores mejor dicho, que repitieron en mi lista de lo mejor del 2016, Henry Joost y Ariel Schulman (el otro título fue Nerve). En dicha historia, dos hermanas; Emma, tímida y mesurada; Stacy, extrovertida y punk, se ven forzadas a depender una de otra, soportarse las espaldas, a solas, en medio de una epidemia zombie. La película es genial, en un panorama saturado de muertos vivientes en nuestro entretenimiento, decide darle énfasis a la relación de hermanas y como la vida se atraviesa (estoy casi seguro se debe en gran parte a la guionista Barbara Marshall). Aun así, la situación no es “cruda”. Los problemas vienen de fuera, el hogar roto, los zombies.

En Voraz de Ducourneau la angustia es totalmente interna. Sin Justine (super performance de Garance Marillier) como protagonista, la historia estuviera ausente de trama. Su odisea de auto-descubrimiento es completamente paralela a nuestra intromisión al cuento. A través de la madriguera del conejo. Hay una intención visual y sonora de adentrarnos en un túnel, literal, hacia el despertar sexual de Justine (ese nombre no es gratuito). La primera vez que ella se arrastra a la fiesta. El culto a la muerte y/o la carne. Cuando se sacude bajo las cobijas blancas, atrapada por sus propias pesadillas, o deseos. Cuando voltea hacia su hermana mayor Alexia (Ella Rumpf) por una especie de guía hacia la madurez y cae en cuenta que no son tan distintas. Une femme est une femme, diría Godard, en su sentido más pragmático. Raw es maravillosa porque es tan personal, que apenas trato de entenderla, aun así, es tan universal que actualiza el fairy-tale violento, sanguinario y siempre aleccionador. —MJB

  1. […] no nos impacta o sorprende como debería. Hace falta una transición gradual como la que vimos en Voraz. Después de su apagado prólogo, Tenemos La Carne no opera más que en una misma velocidad: […]

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