La ética de John Wick 2

Los códigos éticos de los asesinos, una utopía admirada en el mundo real.

por Joaquín Chávez E.

(John Wick 2, Chad Stahelski, 2017)

Más allá de la película de acción palomera, John Wick: Chapter 2, desde su primera entrega llama la atención de manera sutil en algo que la hace distinta. Esta no es la típica película de acción con explosiones a cada rato ni con un reparto de mujeres exuberantes. Tampoco hay carros furiosos como protagonistas, ni mecánicos que imitan acrobacias increíbles que solo parecen funcionarle a Bond. El encanto por encima de los disparos y la violencia propia del género, parece radicar en la construcción un poco mas profunda de sus personajes gracias al universo de mafia presentado con ciertos valores y códigos éticos.

Parece que poco le faltó a John Wick: Chapter 2 para entrar a ese selecto grupo de filmes memorables de acción como Mad Max, Lethal Weapon y Heat. El director Chad Stahelski tuvo a bien considerar que el universo de John Wick necesitaba mucho más que disparos y explosiones. Desde las primeras imágenes sabemos que habrá un toque distinto a las de su género cuando vemos que se proyecta en un edificio de Nueva York a manera de anuncio, un choque automovilístico que se complementa instantes después con el barrido de una motocicleta caída en las calles de Manhattan. Un pequeño y sutil guiño narrativo que capta nuestra atención.

Quizás gran parte del encanto sea la propuesta cuidada y elegante de una sociedad criminal que hace valer sus reglas, sus normas en un universo donde habrá que acatar dichos códigos éticos, de lo contrario, habrá que pagar un precio alto. Aquí no hay lugar para la impunidad como en el mundo real. Los asesinos son personajes con una serie de virtudes. Vergonzosamente parece que nos dan una lección desde la mafia, como éstas comunidades hacen que esas convenciones sociales que le llaman ‘ética’ funcionen. Hay un cumplimiento de la ley donde nadie sale exento. Nadie. He aquí parte del encanto de un mundo justo, aunque sea solo por dos horas en la ficción.

En el mundo de la mafia, tal como en The Godfather de Francis Ford Coppola, los criminales están dotados de valores positivos a pesar de su naturaleza. Don Corleone puede ser un asesino pero no vende droga ni mata a las esposas e hijos. Los asesinos en John Wick: Chapter 2 son educados, comprometidos y con una gran voluntad, en palabras del mafioso ruso Abram Tarasov refiriéndose al mismo Wick. Dichos valores siempre son admirados, particularmente hoy en día donde parecen estar ausentes en muchas sociedades, donde jefes de naciones, gobernadores y muchas autoridades hacen caso omiso del respeto más elemental, la ética, y en general, de la ley misma. Las normas de ésta sociedad son muy claras, todos las saben y todos las acatan. Si alguien las rompe, habrá una consecuencia funesta, sin excepción alguna. La regla número uno es no derramar sangre en el Hotel Continental, sede segura para todos los asesinos. Winston, gerente del hotel lo advierte: sin reglas solo seríamos animales.

john wick chapter 2

Es destacado observar como en el filme ciertos códigos como el respeto y la cortesía siempre están presentes, con los propios e incluso con los adversarios, la cortesía como muestra de educación, inteligencia emocional y respeto. Desde las cuestiones de etiqueta más básicas como saludar (aunque sea a tu enemigo), sentarse a la mesa, invitar una copa; hasta apreciar las obras de arte en museos de Italia o Nueva York. El buen gusto siempre los acompaña. Diseñadores de alta costura en Roma, trato amable y personalizado para escoger armas, trajes a la medida y habitaciones en el exclusivo Continental.

El respeto es presente también en Santino que no puede matar a su propia hermana, tiene que pedírselo a alguien más. John y Cassian no solo respetan el hotel, adentro son capaces de tomarse una bebida juntos, ambos saben cual es su licor preferido y es significativo que los dos levanten su copa al mismo tiempo. Son asesinos, son enemigos, son profesionales y por ende, respetuosos de sus reputaciones al grado que se devuelven un favor con la leyenda de “cortesía profesional”.

Otro elemento de respeto es el que va ligado con la segunda regla: cada ficha debe ser honrada. Tiene que ver con el pago de un favor especial y la liberación de la misma deuda en cualquier momento. Cada ficha representa un lazo, un juramento. Aunque Santino pretende ignorar esto, Winston se encarga de que esto no suceda. Dichos códigos aunados a valores positivos como la prudencia, la educación, hacen que el filme destaque sobre otras películas del mismo género.

La sociedad clandestina no se engolosina con el dinero ni con la tecnología. Recurren al pago con monedas de oro, metal que nunca se devalúa y que sabrán usar después. Tampoco se desmiden con gadgets electrónicos, entienden muy bien que la tecnología está para servirle al hombre y no al revés. Su celular es solo para lo indispensable. Su tecnología análoga, como un intranet arcaico para mensajearse cumple con su función, evitando lo high-tech a manera de prevención de hackers. De igual manera su sistema telefónico de los años 40, con operadoras, en un sótano donde las transacciones, incluyendo el papel, son seguras.

El color y las locaciones parecen acertadas en cuanto a la posible metáfora que guardan. Las secuencias más arduas de acción suceden en las catacumbas y en el museo de arte moderno, en ambas la iluminación son de cargados colores rojo y azul, alusivos a la violencia y a la frialdad, respectivamente. Tanto en Roma como en Nueva York, dichas catacumbas y el museo parecen también expresiones de arte antiguo y moderno, donde se sugiere  que matar también es un arte, evidente tanto en su recorrido con armas sofisticadas como con armas blancas en combate cuerpo a cuerpo.

Podrán salir satisfechos y encontrar en el universo de John Wick: Chapter 2 una posibilidad de trilogía, pues la bandeja queda lista para ello y veremos si el tatuaje que Wick trae en la espalda, Fortis Fortuna Adiuvat  (“La fortuna favorece a los valientes”)  le hace honor al destino que le espera en la siguiente entrega. —JCE

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