I Am Not Your Negro (2017)

3 de los 5 largometrajes nominados a mejor documental en los Oscar ponen de muestra lo vasto que es el tema de la raza en Estados Unidos.

por Alberto Villaescusa R.

(No Soy Tu Negro, Raoul Peck, 2017)

Tres de los cinco largometrajes nominados a mejor documental en la última entrega de los Oscar ponen de muestra lo vasto que es el tema de la raza en Estados Unidos. Enmienda 13, de Ava DuVernay, se concentró específicamente en el desproporcionado encarcelamiento masivo de hombres afroamericanos. Aunque a veces revelador y poderoso, también se sentía como una historia incompleta, abrumada por la abundancia de matices e información. En OJ: Made in America, quizá el más completo y en general mejor logrado de los tres, Ezra Edelman detalló la historia de tensión racial en Los Ángeles como contexto para uno de los crímenes más discutidos y uno de los juicios más observados del siglo pasado. Se adentró a su nicho de una manera que Enmienda 13 no pudo, en parte por su considerable diferencia en tiempos de duración. Las casi ocho horas del primero, presentado en cinco partes en televisión y con intermedios en cine, empequeñecen las menos de dos horas del segundo.

El tercero, No soy tu negro de Raoul Peck, es temáticamente más extenso, pero con una duración de poco más de una hora y media, es también el más corto. Está basado en un libro de memorias del autor James Baldwin, inconcluso antes de su muerte en 1987. Aunque el director contribuyó a darle forma de documental a estos escritos, se siente en partes como una obra inconclusa, una colección de observaciones brillantes sin el tiempo suficiente para concretarse. Cada vez que Peck y Baldwin se acercan a hacer un punto fascinante, la película salta de inmediato a otro. Esta falta de concentración, esta inquietud, de alguna manera contribuye a cristalizar una de las ideas centrales de la película, que es comunicar cómo Baldwin veía su país natal. Su constante desencanto y frustración hacia injusticias bastante obvias. Si el documental hace como que se tropieza al hablar es porque tiene mucho qué decir.

El texto que sirve como base para No soy tu negro nace de su reacción a los asesinatos de los líderes de derechos civiles y amigos cercanos suyos Martin Luther King, Malcolm X y Medgar Evers. Cómo estos incidentes lo inspiraron a dejar su hogar en París para relatar las tensiones raciales en Estados Unidos a través de sus puntos de vista. Peck y Baldwin, debe notarse, no buscan contar una historia simple y simpática. Buscan un entendimiento de este fenómeno, aun si la construcción del documental no siempre favorece esta conclusión. Para hacerlo se asisten de varios recursos como lo son relatos de vida, incluyendo una relación romántica con una mujer blanca, varias de sus contundentes apariciones en televisión y sus observaciones de cómo el hombre afroamericano ha sido retratado en la cultura popular estadounidense, sobre todo en el cine. Estas observaciones son de lo mejor que la película tiene que ofrecer (o por lo menos lo son para alguien también fascinado por la crítica de la cultura popular) porque revelan que tanto en las grotescas caricaturas del cine mudo como los dóciles e inofensivos modelos a seguir de las bien intencionadas películas de Stanley Kramer, el problema era el mismo, una incapacidad de verdaderamente ponerse en el lugar del otro. El racismo, más que un problema de odio, es uno de ignorancia y percepción.

i am not your negro

Con esto en mente, no es sólo un ejercicio de empatía con el oprimido, sino también con el opresor. Baldwin y Peck nos presentan una dinámica de sumisión que en definitiva no es justificable, pero que es lógicamente consistente a pesar de estar fundamentada en premisas falsas. Cuando un sector de la población, que por mucho tiempo se consideró infrahumano, busca incorporarse al resto de la sociedad, es difícil no ver esto como una señal de que el mundo se está cayendo en pedazos. Nos muestra cómo el racismo tiene sentido cuando uno ignora cómo se sienten los que lo reciben. Las protestas y disturbios, se convierten en simples alborotos y no actos nacidos del miedo y la inseguridad colectiva. El hablar de la raza se siente como racismo para aquellos que no viven con él y piensan que éstas diferencias han sido borradas en el mundo contemporáneo. Los gritos de guerra de las Panteras Negras y la Nación del Islam se sienten como una invitación a la violencia y no como una reacción a la violencia. No soy tu negro busca darle voz una este lado. No busca justificar y excusar estas acciones, pero sí mostrar que, si uno se encontrara en esta misma situación, quizá haría lo mismo.

Es una película fascinante, pero no una grandiosa. Si el director comete un error es yuxtaponer los escritos de Baldwin (narrados por Samuel L. Jackson) con movimientos recientes como Black Lives Matter y eventos contemporáneos como la elección de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos. Esta decisión de alguna manera distrae el enfoque, y replantea sus observaciones como una crítica del aquí y el ahora. Tantos de los temas que mencionan siguen desafortunadamente vigentes. Pero la estructura de No soy tu negro carece del rigor y enfoque necesario para que las numerosas ideas de Baldwin formen un todo coherente y concentrado. La película celebra la causa de un escritor y líder de los derechos civiles, pero se ve abrumada por su ingenio. —AVR

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