Get Out (2017)

Get Out de Jordan Peele, ofrece algo raro e inusual para una película de terror: un protagonista que sospecha del peligro desde el primer momento.

por Alberto Villaescusa R.

(¡Huye!, Jordan Peele, 2017)

Get Out de Jordan Peele, ofrece algo raro e inusual para una película de terror: un protagonista que sospecha del peligro desde el primer momento. Si Chris (Daniel Kaluuya) acompañara a los jóvenes que no dejan de visitar lugares abandonados y sospechosos, quizá sería capaz de encontrar al asesino serial o ente sobrenatural antes de que éste acabe con todos. Ese estado de alerta no sucede por nada, es resultado de la mentalidad social de la película. Chris, el héroe afroamericano, deja el mensaje de Peele bastante claro. En Estados Unidos, un país en que la población negra compone una fracción desigualmente mayor entre las personas encarceladas, y en el que jóvenes negros desarmados constantemente sufren de fuerza excesiva a manos de la policía, tienen razones para sentir miedo. El cine de terror por mucho tiempo se ha dedicado a tratar miedos sociales. Las películas de monstruos de los años cincuenta imaginaban consecuencias fantásticas para la potencialmente devastadora energía nuclear. Películas como Invasion of the Body Snatchers de Philip Kaufman y The Thing de John Carpenter fueron en su momento asociadas con la paranoia de la Guerra Fría. ¡Huye! continúa esta larga tradición.

Las tensiones raciales de Estados Unidos son llevadas más allá de la lógica para crear un tenso y entretenido thriller de terror, con un matizado retrato del racismo. Su antagonista no está basado en los supremacistas blancos y neo-nazis cuyo odio e ignorancia es tan fácil de caricaturizar. La película no es una fantasía de venganza de negros contra blancos. Aquellos que se apresuren a tacharla de una reconfortante palmada en la espalda para “liberales blancos” quizá ni siquiera vieron la película, pues la equivocada y superficial interpretación de los valores liberales es precisamente lo que la película busca criticar. Los villanos de nacen de aquellas personas bien intencionadas pero despistadas que se creen aliados pero terminan haciendo más mal que bien. La dinámica de la película se establece desde una escena temprana en que Chris y su novia, Rose (Allison Williams), son abordados por un policía después de haber chocado la camioneta con un ciervo que cruzaba la carretera. El policía le pide a Chris su identificación a pesar de que éste no estaba manejando, el no tiene problema en hacerlo, pero Rose protesta lo que para ella es un visible e incontrovertible ejemplo de racismo. Su reacción parece magnánima, pero no logra nada más que hacer que el policía se moleste. Ella está verdaderamente escandalizada, Chris ya está acostumbrado. Los ojos de él casi dicen “no estás ayudando”.

Siguen su camino a la casa suburbana de los suegros (la cual recuerda una plantación sureña de antaño, un mal agüero). Dean (Bradley Whitford), neurocirujano de profesión, y Missy (Catherine Keener), psicóloga e hipno-terapeuta, resultan complacientes y corteses al punto de la incomodidad. El padre, tal como predijo Rose, busca ganarse la simpatía de Chris diciendo que hubiera votado por Obama una tercera vez, de haber podido. Jeremy (Caleb Landry Jones), el hermano de la novia, insiste en practicar artes marciales con él a mitad de la cena. Los padres de y otros familiares que visitan lo halagan por su supuesta “superioridad genética”. Pero nada lo espanta más que la actitud dócil, formal, como de muertos en vida de Walter (Marcus Henderson) y Georgina (Betty Gabriel), el jardinero y ama de llaves negros de la familia (“odio la impresión que da”, le dice Dean a Chris, a manera de disculpa). La incomodidad revela poco a poco el conflicto ideológico al centro de Get Out: el sueño de una sociedad post-racial en que cada uno es juzgado meramente por su persona, contra el miedo por la seguridad propia. Estos sentimientos se cristalizan de maravilla en la actuación de Kaluuya, un simpático y carismático protagonista con un rostro gentil y expresivo, y en la amorosa, comprensiva y tolerante relación entre Chris y Rose.

get out

El guion es preciso y eficiente, acomodando numerosas ideas y observaciones dentro de una acertada metáfora. Una consecuencia desafortunada de este enfoque, de su conciencia social y su adopción a las convenciones del cine terror, es que el giro en la trama alrededor del cual la película está construida es totalmente predecible. Su primera parte nos prepara para lo que se quiere decir, e inevitablemente también para el cómo lo va a decir. Es difícil no mantenerse un paso delante de la película y adivinar dónde yacen las verdaderas lealtades de sus personajes. Peele no siempre logra convertir su crítica en imágenes verdaderamente perturbadoras o memorables que den cara a la dinámica social que aborda. Sus secuencias más impactantes, una sesión de hipnotismo en la que Missy ayuda a Chris a deshacerse de su adicción al tabaco, y una confrontación entre Georgina y Chris acentuada con un inquietante primer plano del ama de llaves, ocurren temprano en la película, la cual tarde o temprano se ve obligada a repetir las complicaciones típicas de un thriller en espacios cerrados. Carece de los constantes giros y vueltas, aparentes rupturas de la realidad, y la locura conceptual de A Cure for Wellness de Gore Verbinski, otra película sobre un joven que llega a un lugar surrealmente cómodo sólo para descubrir que nada es lo que parece.

No obstante, es una mejor película que La Cura Siniestra en lo que a construcción narrativa y de personajes se refiere. Peele, en su primer largometraje, muestra un dominio hábil del suspenso e inyecta toques de humor sin que éste abrume el horror o su mensaje. Rod (Lil Rel Howery), un amigo de Chris al que no le para la boca y con quien habla regularmente por teléfono, es el alivio cómico, pero también una de sus mentes más perceptivas y uno de sus improbables héroes. No es el trabajo de un director consumado, pero sí de un talento al que se le debe de prestar mucha atención y cuyo desarrollo va a ser fascinante (el siguiente largometraje de Jordan Peele se espera para marzo de 2019, con un presupuesto un poco más robusto). Al mismo tiempo, lo que aquí ha hecho no debe de despreciarse para nada. Con ¡Huye! ha creado una película de terror divertida e inquietante que nos sitúa efectivamente en una mentalidad que no es fácil de entender y que muchas veces es fácil pasar por alto. —AVR

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