Maquinaria Panamericana (2016)

La película Maquinaria Panamericana muestra otra instancia de una feliz tendencia en el cine mexicano.

por Cuauhtémoc Ruelas

(Panamerican Machinery, Joaquín del Paso, 2016)

La película Maquinaria Panamericana muestra otra instancia de una feliz tendencia: un cineasta mexicano que en su ópera prima encuentra elementos de la vida en nuestro país y les da un inesperado giro para crear una mordaz sátira como no veíamos en mucho tiempo. El director es Joaquín del Paso y, si bien tampoco es innovadora en su estructura y temas, lo compensa magníficamente bien con los divertidos personajes, el negrísimo humor que ofrece y la obvia, pero efectiva, crítica social que precisamente enarbola.

La historia se desarrolla en algún lugar de México, donde un grupo de empleados de la empresa nacional Maquinaria Panamericana (prestadores de servicio para construcción) se preparan para un día de trabajo. Desafortunadamente, la moral del grupo no empieza muy bien cuando se les comunica que el dueño de la empresa se ha suicidado, dejando a la empresa en bancarrota y a sus empleados sin posibilidades de liquidación o pensiones de retiro. Entonces el grupo decide encerrarse en las instalaciones, ocasionando que poco a poco caigan en la desesperación y locura.

La cinta mezcla la comedia y el drama, entregando una bizarra combinación entre la serie The Office y la película Mecánica Nacional. Por extraño que parezca, el guion de Lucy Pawlak y el mismo Del Paso navega sin dificultad por el devenir del trabajo de oficina y por la negra comedia de un motín perpetrado por unos empleados inconformes por un sistema de trabajo que está pisoteando sus derechos. Ahí radica el poco sutil comentario político de la película y, aunque sea burdo y repetitivo, basta para darle a la historia un contexto más amplio, denunciando el actual sistema económico en nuestro país.

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Aunque la premisa básica puede parecer trillada (un grupo de empleados se revela contra sus jefes), las actuaciones, contexto e infinidad de detalles dan nueva vida al cansado concepto. Los personajes mismos contribuyen en gran medida a ello, pues se trata de un realista grupo de oficinistas, algunos cínicos, algunos irresponsables, otros entusiastas y dedicados. Consecuentemente, sus reacciones ante la desesperación de perder sus fuentes de ingreso son a la vez apropiadas y divertidas; el guion respeta a los personajes y no los obliga a convertirse en idiotas. En ese sentido, los actores, conformados por rostros desconocidos, entendieron perfectamente el tono de la historia y realizaron un trabajo brillante.

El estilo del director es sobresaliente y la cinematografía de la película es bastante pulida, pero simple, haciendo más creíbles las extrañas situaciones. Lo mejor es que estos recursos no solo son adornos muy atractivos, sino que tienen una labor fundamental en la trama. Otro excelente detalle en una película repleta de ellos.

Gracias al atinado humor y las perfectas actuaciones, puedo recomendar con entusiasmo esta película a todos los aficionados de la sátira social que buscan (buscamos) joyas ocultas entre la avalancha de obras baratas y mediocres que el cine mexicano ha fomentado últimamente. Y, claro, es indispensable para oficinistas en busca de una saludable catarsis. Enhorabuena. —CR

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