1974: La posesión de Altair (2016)

Quizás el cine de terror que utiliza la técnica del found footage ya no sea tan popular como en años pasados.

por Cuauhtémoc Ruelas

(1974: La posesión de Altair, Victor Dryere, 2016)

Quizás el cine de terror que utiliza la técnica del found footage ya no sea tan popular como en años pasados, pues este ha caído irremediablemente en un mar de fórmulas establecidas e inevitables clichés que difícilmente causan asombro. Y, si a eso agregamos el frecuente uso de actores incapaces de transmitir la desesperación y miedo, tenemos un subgénero que, en el mejor de los casos, resulta dudoso e impredecible. Por eso encontré notable que la película mexicana 1974: La posesión de Altair, a pesar de su bajo perfil, lograra saltar esos obstáculos para cumplir decentemente su propósito de entretener y generar suspenso, gracias a su ingeniosa premisa y su sólido ensamble de actores.

Lo primero que llama la atención en esta película es el fantástico diseño de producción, a cargo de Mirtha De La Garza, y la cinematografía de Guillermo Garza. Estos dos trabajos están perfectamente combinados para crear la sensación de que nos encontramos en la época aludida, creando una atmósfera a la vez extraña y familiar donde todo toma un perturbador ángulo difícil de explicar, hasta que conocemos el secreto detrás de la posesión.

El director primerizo Víctor Dryere conduce la ingeniosa historia de manera orgánica (hasta cierto punto), buscando más suspenso que terror y absteniéndose de emplear rebuscados trucos de cámara o frenética edición, lo cual es ya una considerable mejoría sobre decenas de películas recientes que abusan de tales recursos como pobre sustituto de un guion bien estructurado. Y, a pesar de que se proponen claros eventos paranormales, la cinta tampoco presenta baratos efectos digitales que resten credibilidad a la trama. Sin embargo, su ya mencionado formato comienza a perder cohesión, cayendo en los inevitables clichés y causando que la trama se sienta algo repetitiva en su segunda mitad. Aunque en este caso sigue siendo interesante, me recordó la insípida manufactura de cintas que emplean la misma técnica.

la posesion de altair 1974

En cuanto a los actores, Rolando Breme tiene suficiente talento y carisma para cargar con la película, a pesar de que su personaje de “hombre de hogar” resulta en ocasiones trillado y predecible. Guillermo Callahan y Blanca Alarcón no serán brillantes actores, pero están a la altura de sus papeles, lo cual los salva de ser genérica carne de cañón. Desafortunadamente, eso no aplica a Rubén González Garza, quien actúa como un bien intencionado médico que intenta ayudar al matrimonio. Sin ser mal actor, su papel es obviamente intrascendente, excepto como una víctima más de los extraños eventos desatados por la mujer poseída.

La joven actriz Diana Bovio, quien interpreta a la mencionada Altair (la mujer poseída), resulta un buen descubrimiento que no echa por tierra los logros del resto del elenco. Su desempeño presenta a mujer dulce, para eventualmente sumergirse en una serie de actitudes perturbadoras que reflejan el daño físico que le están causado los eventos paranormales de la casa. Quizás no siempre sea creíble, pero tampoco hace el ridículo.

Debo advertir que 1974: La posesión de Altair no es una gran película y será fácilmente olvidada, principalmente por compartir tantos elementos con cintas de similar manufactura. Pero durante hora y veinte minutos cumple decorosamente su misión de entretener y crear tensión en el público, por lo que merece una tenue recomendación, sobre todo para audiencias casuales en busca de competente cine de terror mexicano. —CR

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