It Comes At Night (2017)

It Comes At Night de Trey Edwards Shults tiene más de thriller psicológico que de película de terror.

por Alberto Villaescusa R.

(Viene de Noche, Trey Edwards Shults, 2017)

La más reciente ola de cine de terror independiente que ha salido de Estados Unidos ha hecho maravillas explotando el lado más atmosférico e inquietante (más que meramente aterrador) del género. Películas como The Witch e It Follows anteriormente combinaron una sutil pero impresionante fotografía con un envolvente y sombrío diseño sonoro, diseño de producción que hacía mucho con muy poco y un concepto ingenioso, para crear experiencias que complementaron el impacto visceral de horripilantes muertes con la emoción creada por el rico uso de la técnica cinematográfica. En términos de pura atmósfera, It Comes At Night de Trey Edwards Shults es quizá el producto mejor logrado de esta reciente tendencia, aun si tiene más de thriller psicológico que de película de terror. Shults usa todas las herramientas a su alcance para introducirnos a un mundo cruel e indiferente en el que la supervivencia es igual a preocuparse sólo por uno mismo y en la que el mínimo gesto de confianza o gentileza parece inevitablemente un error.

Una enfermedad mortal y altamente contagiosa ha contaminado casi todo rincón del mundo. Paul (Joel Edgerton) vive con su esposa Sarah (Carmen Ejogo) y su hijo Travis (Kelvin Harrison Jr.) en una casa en lo profundo del bosque. A manera de protección, las ventanas se encuentran bloqueadas con madera y máscaras de gas siempre están a la mano. El tono es sombrío y hostil desde el principio. La película abre con la muerte del padre de Sarah, víctima de la enfermedad. La familia está consciente del peligro y para nada dispuesta a correr riesgos innecesarios. Cuando por la noche, Paul se encuentra con un intruso en la casa, lo primero que hace es noquearlo y atarlo a un árbol para interrogarlo, difícilmente un trato cortés. Su rehén, Will (Christopher Abbott), dice ser un hombre de familia que salió a buscar agua y alimento. Paul, después de hacerle más preguntas y discutirlo con su propia esposa e hijo, acepta, no sólo llevarlo de regreso con su esposa Kim (Riley Keough) y su hijo Andrew (Griffin Robert Faulkner), sino también que éstos compartan la casa y víveres.

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El apocalipsis de It Comes At Night no es uno glamoroso. Los infectados por la enfermedad no se vuelven zombis frenéticos como en 28 Days Later. Simplemente se llenan de pústulas y mueren. Pero Paul parece menos aterrado de los enfermos que de aquellos dispuestos a aprovecharse de otros con tal de sobrevivir, en parte porque su predicamento es el mismo. Sus prioridades son él y su familia; otras personas podrían ser una gran ayuda y de hecho aumentar sus probabilidades de supervivencia, pero ¿cómo saber que son de fiar? Desde el principio es claro qué actitud prefiere Paul. Cuando él y Will salen en busca de Kim y Andrew se encuentran con dos hombres que los atacan y Paul, casi por instinto, los mata. “Pudimos haberlos interrogado,” dice Will. Paul lo mira como si la idea nunca se le hubiera ocurrido. ¿Puede siquiera confiar en él? Y si Paul no puede, ¿puede Will entonces hacerlo?

Este dilema es suficientemente fascinante. ¿Por qué entonces la película lo deja a uno tan frío? No es un problema de las actuaciones, llenas de emoción y deseo de vivir que se impone sobre la escalofriante atmósfera de la película. Tampoco es uno de las caracterizaciones, que son mínimas, sobre todo en los personajes femeninos, pero dan suficiente motivación para mantener la trama en movimiento sin hacerla caer en complicaciones artificiales. El problema parece ser uno de enfoque, de hacia dónde dirige su atención a lo largo de sus esbeltos 91 minutos. Aunque es Paul quien toma las decisiones más importantes, es a través de los ojos de Travis que mayormente vemos lo que sucede. Sólo a través de las pesadillas que tiene de manera recurrente se manifiesta el horror que a lo largo de la película se mantiene bajo la superficie. Y de manera engañosa, la película sugiere la posibilidad de que Travis tenga un papel más activo en la historia. El ambiente post-apocalíptico, que parece reducir el mundo a una organización primitiva, casi nómada, en la que los roles de género tenían sentido, así como la llegada de Kim, con quien Travis parece encaprichada desde el principio, la establecen como una historia sobre masculinidad, sobre la transición de Travis a la adultez.

Pero salta casi con indiferencia entre la historia de Travis a la de Paul, desarrollando cada una lo suficiente para dar la impresión de que éstas en algún momento llegarán a intersectarse de manera satisfactoria. Esto nunca sucede. Muchas veces, al tratar una película decepcionante, pero con ideas prometedoras, hago el comentario de que en su interior se encuentra una gran película. Ésta tiene el potencial para dos grandes películas, dependiendo de en qué personaje se enfoque. El final de la película, aunque tenso y construido sobre el ambiente de paranoia y temor que domina el resto de la película, es más una sorpresa que una inevitabilidad, una repetición de cómo el hombre es el lobo del hombre y todo eso que nunca nace de manera natural entre sus dos fascinantes personajes principales. Trey Edward Shults, no obstante, es una verdadera revelación: un director audaz, paciente, y con un indiscutible control de las sensaciones que una película puede provocar. Los momentos de tensión no se resuelven en sustos fáciles, sino en preciosas escenas iluminadas por una luz mínima, (muchas veces un cadáver al que se le prende fuego, una imagen que quizá usa en exceso) y exquisitas disolvencias que complementan lo crudo y pragmático del mundo en que sus personajes se encuentran atorados. It Comes At Night no es una gran película, pero su riqueza visual es suficiente razón para verla en la gran pantalla.  —AVR

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