Spider-Man: Homecoming (2017)

Spider-Man en el cine ha sido una figura tan ubicua que es difícil separar los tropiezos de Spider-Man: Homecoming.

por Alberto Villaescusa R.

(Spider-Man: De Regreso a casa, Jon Watts, 2017)

Spider-Man en el cine ha sido una figura tan ubicua que es difícil separar los tropiezos de Spider-Man: Homecoming, su más reciente aventura en la pantalla grande, de la mera fatiga. Desde 2002, tres actores diferentes han protagonizado seis películas sobre Peter Parker, el nerd de clase obrera neoyorquino que se convierte en el bromista y simpático superhéroe gracias a la picadura de un arácnido radiactivo. Homecoming, dirigida por Jon Watts, es la segunda re-interpretación del personaje de los comics y llega tan sólo tres años después de la secuela de The Amazing Spider-man, la cual a su vez volvió a contar su origen cinco años después de que el actor Tobey Maguire y el director Sam Raimi tuvieran su última oportunidad de llevarlo a la vida. Esta nueva película no hace mucho para distinguirse de sus predecesores: su Peter Parker es un par de años más joven y el mismísimo Iron Man, el líder de los Vengadores, alter ego del superhéroe multimillonario Tony Stark (Robert Downey Jr.) aparece de vez en cuando para servirle de mentor. Eso y la historia de origen que casi seguramente nos sabemos de memoria es apenas mencionada.

También puede presumir un personaje con una moralidad más gris que el típico personaje de Marvel. Desafortunadamente, este personaje no es el titular superhéroe sino el criminalmente subdesarrollado Adrian Toomes (Michael Keaton), el villano de la película. Originalmente un contratista encargado de ayudar en los trabajos de limpieza de la ciudad de Nueva York después de la pelea que devasta la ciudad al final de The Avengers, Toomes es obligado a seguir un camino menos recto después de que agentes del gobierno toman el control del operativo. Toomes intenta razonar con ellos; él, después de todo, hizo una inversión importante para cumplir con este trabajo, que es su única fuente de ingresos, su forma de vida. Esta primera escena se desarrolla en la manera típica de Marvel, con personajes diciendo exactamente lo que piensan sobre un fondo de efectos especiales que tratan de crear la ilusión de que hay algo de interés visual en la película; no obstante, el momento funciona y establece a Toomes como una conmovedora figura: un personaje de clase obrera frustrado por los obstáculos y caprichos de una indiferente burocracia. De los cargamentos de escombros que todavía les quedan, Toomes y su equipo rescatan piezas de tecnología extraterrestre que usan para diseñar poderosísimas armas que después venden a bandas criminales. Toomes se construye un traje volador y así se convierte en el Buitre, un icónico personaje de los cómics y no un guiño al Birdman de la película por la que Keaton fue nominado al Oscar.

Captain America: Civil War ya nos presentó a esta versión de Spider-Man, interpretado por el joven Tom Holland. En aquella película, Holland fue un divertido descanso de lo que resultó ser una de las películas más oscuras y serias de Marvel. Su interpretación es una llena de encanto juvenil e inocencia, un superhéroe que no puede creer que es un superhéroe. Holland se desempeña bien como el tímido nerd que es Peter Parker y como el carismático y atlético héroe que es su alias, logrando una versatilidad que eludió a Tobey Maguire y a Andrew Garfield, los dos actores que lo interpretaron anteriormente, que eran mejor como uno o cómo el otro lado del personaje. Al momento de cargar con el peso de su propia película, no obstante, se pierde fácilmente en un muy concurrido guion acreditado a no menos de seis escritores. Es en parte una comedia adolescente al estilo de John Hughes, con todo y un soso romance entre Peter y su compañera de clase Liz (Laura Harrier), en parte una obligatoria continuación de los eventos de Civil War, por lo que la potencialmente grandiosa película sobre Spider-Man que promete ser se pierde en el proceso.

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Muchos fans se regocijaron cuando, después de The Amazing Spider-Man 2, Sony, el estudio que controla los derechos cinematográficos del personaje, decidiera colaborar con Marvel en la siguiente aventura del personaje en la gran pantalla. Pero lejos de lograr el cuidadoso equilibrio entre humor, emotividad y cohesión narrativa de sus mejores películas, sólo comparte con las demás películas de Marvel su onanista fascinación por su propio universo. Los intentos de conectar a la película con esta enorme mitología le quitan algo del encanto mundano y humilde al personaje, la idea que éste es sólo un joven de clase obrera que por casualidad se convierte en un superhéroe. Personajes como el Capitán América e Iron Man son tratados como celebridades y están en boca de todo el mundo, mientras que la trama inevitablemente gira alrededor de una serie de referencias a otros personajes, quiero decir, un cargamento de valiosos y poderosos artefactos. Hay una que otra idea fresca, particularmente en lo que al elenco secundario se refiere: Flash Thompson, el bravucón escolar que aterroriza a Peter, es una refrescante reinterpretación del cliché, un buen estudiante interpretado por Tony Revolori (el asistente alfeñique de Ralph Fiennes en Grand Budapest Hotel) y Michelle (Zendaya), la sarcástica y amargada amiga de Peter, es lo más que la película se acerca a capturar el cinismo y rebeldía de la adolescencia.

Una secuencia en la que Spider-Man intenta mantener unido un barco partido a la mitad y otra en la que rescata a sus compañeros del elevador del Monumento a Washington son ingeniosas en concepto y la partitura de Michael Giacchino le da a Spider-Man un tema que no es tan memorable como el de la caricatura clásica, pero resulta algo pegadizo. Sin embargo, estos gestos superficiales pierden el impacto que podrían tener al estar al servicio de un superhéroe que nunca se siente demasiado heroico. A pesar de su entusiasmo y energía, este Spider-Man está más interesado en llamar la atención de Tony Stark, que en salvar vidas o cuidar de su comunidad, lo que lo hace extrañamente egoísta. Homecoming es la rara película en la que un traficante de armas resulta más simpático que el bonachón adolescente que lo quiere detener. Parte de la razón por la que las películas de Raimi son para muchos la definitiva versión cinematográfica de este personaje es porque éste se sentía como un verdadero héroe. Mostrar una vez más cómo aprendió que “con un gran poder viene una gran responsabilidad” es quizá redundante en 2017, pero necesario para entender lo que hace al personaje tan admirable. Eso o quizá que, cuando Raimi y Maguire abordaron el personaje, lo hicieron en un momento en que ver a Spider-Man en la gran pantalla era algo verdaderamente novedoso. —AVR

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