Colossal (2016)

Pocas películas retratan el alcoholismo, las relaciones tóxicas y la masculinidad de manera tan inteligente.

por Alberto Villaescusa R.

(Ella es un monstruo, Nacho Vigalondo, 2016)

Pocas películas retratan el alcoholismo, las relaciones tóxicas y la masculinidad de manera tan inteligente como lo hace Colossal. Todavía menos lo hacen a la vez que un reptil y un robot gigantes aterrorizan el centro de la capital surcoreana de Seúl. En la nueva película del guionista y director Nacho Vigalondo, Anne Hathaway interpreta a Gloria, una alcohólica funcional que vive con su novio hasta que éste se harta y la corre de su apartamento de Nueva York. La forma en que Vigalondo nos introduce a esta relación es ingeniosa, simpática y eficiente, tres calificativos que aplican de manera constante a la narrativa de la película. Gloria se aparece furtivamente en la mañana y, a medida que se adentra en el apartamento, la cámara la sigue hasta detenerse en la cara molesta de Tim (Dan Stevens) mientras ella sigue contando una muy ensayada excusa para haber llegado tan tarde. Él ya no puede más, Gloria sólo se aparece cuando está ebria y no da señales de querer mejorar. Tim ya tomó la iniciativa y preparó sus maletas. Cuando él regrese al apartamento, espera ya no verla ahí.

Ella regresa a su pueblo natal en el centro de los Estados Unidos. Mientras lleva un colchón de aire a la prácticamente abandonada casa que alguna vez fue de sus padres, Gloria se encuentra con Oscar (Jason Sudeikis), un viejo compañero de la primaria ansioso por reconectar con ella. El es gentil y carismático de una forma algo nerd. Administra su propio bar y le ofrece a Gloria un trabajo ahí, así como un futón, un sofá y una vieja televisión para que su casa no luzca tan vacía. Esa misma noche, Gloria y Oscar salen de juerga con Garth (Tim Blake Nelson) y Joel (Austin Stowell), amigos de él. La mañana siguiente, ella se despierta a medio día a una noticia que sacude al mundo. Un monstruo gigante se materializó la noche anterior en el centro de Seúl, dejando un rastro de destrucción a su paso. Un evento como ese amenaza con cambiar el mismo tejido de la sociedad mundial, así como trivializar toda el conocimiento científico adquirido por el ser humano a lo largo de la historia, por lo que Gloria (y el resto del mundo al parecer) queda instantáneamente sacudida y horrorizada, para minutos después regresar a sus problemas de siempre.

Pero al día siguiente, el monstruo vuelve a aparecer. También el día después de éste. Y así sucesivamente. Mientras ve las imágenes del noticiero, Gloria nota que uno de los movimientos del monstruo se parece a un tic nervioso que ella tiene. Después de analizar varios mapas y hacer un pequeño experimento, se da cuenta de que es ella quien controla los movimientos de la criatura. Cada vez que ella cruza por el patio de juegos que se encuentra cerca de su casa, el monstruo se materializa en el centro de Seúl y repite todos sus movimientos. La rutina de Gloria ya era destructiva, pero antes, su alcoholismo sólo la afectaba a ella y a sus seres queridos. Ahora, sus últimas noches de parranda han terminado con la destrucción de calles y edificios y la muerte de cientos de personas al otro lado del mundo. Un apuro como este debería obligar a cualquiera a dejar de beber y tomar control de su vida. Pero el alcoholismo, la película nota de manera inteligente, funciona como un círculo vicioso. El sentimiento de culpa sólo la lleva a sentirse más impotente y a beber todavía más.

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Pero a pesar de su precaria situación, Hathaway no la interpreta como una persona meramente miserable. Le permite brillar como una actriz consumada, así como una verdadera estrella de cine; es un personaje juguetón y expresivo, que al estar borracho se desconecta de su agobiante realidad y se convierte en una placentera compañía para los demás. Todo esto, por supuesto, hacen que su situación sea mucho más difícil de escapar. Como Oscar, Jason Sudeikis es igualmente una joya; una mezcla de encanto superficial y profunda inseguridad, dos facetas que el veterano de Saturday Night Live logra de maravilla. Las interacciones de Oscar con Gloria revelan a alguien que siempre se ha considerado inferior e impotente, que aprovecha lo poco que tiene a su alcance para ganarse la simpatía de otros. Cuando el descubre que al cruzar el patio de juegos, un robot gigante se materializa en el centro de Seúl, su relación con Gloria, así como la dirección de la película, cambian drásticamente. Ahora uno de los seres más poderosos de la Tierra, Oscar se convierte básicamente en un terrorista emocional, manipulando a Gloria, su amor de la infancia, para que haga lo que él deseé. Este giro lleva la película a lugares emocionalmente oscuros, pero aun así, el guion y la interpretación de Sudeikis lo mantienen suficientemente patético y vulnerable que sus acciones no son del todo inexplicables. Como ella, Oscar es víctima de sus propios círculos viciosos.

Si se le interpreta literalmente, Colossal es una película absurda y trivial, una disparatada mezcla de comedia romántica, drama independiente y película de monstruos. Vista como una metáfora de la relación entre dos personajes llenos de problemas, sus elementos dispares cobran sentido. La explicación de cómo llegaron a controlar un monstruo y un robot del otro lado del mundo no tiene lógica, y no tiene por qué tenerlo; esto meramente le da a la película un lienzo más grande para explorar sus personalidades con un enfoque y claridad del que pocos guiones son capaces. Las convenciones de las películas de monstruos son usadas con un acertado sentido del humor; a veces disipando las intensas emociones de sus personajes sin trivializarlas, otras veces sirviendo como comentario jocoso de su relación (una escena siniestramente fotografiada en la que Oscar sale de una piscina es un divertido guiño a Godzilla emergiendo de las aguas del Océano Pacífico, pero también un recordatorio del peligro verdadero que representa para Gloria y para sí mismo). Hathaway y Sudeikis nunca han estado mejor que aquí, y su relajada y complicada química mantiene la trama entretenida y humana aún en los momentos en que su dirección no parece clara. Y la película, como un todo, está construida de manera impecable, culminando en un desenlace que es a la vez conmovedor, irónico y tan impresionante como cualquier blockbuster de Hollywood, todo al mismo tiempo que resalta cómo el liberarse de una relación tóxica sólo quiere decir que uno por fin es libre de lidiar con sus propios problemas por sí mismo. —AVR

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