Valerian and the City of a Thousand Planets (2017)

El cine de Luc Besson poseen algunos de los mundos más coloridos y vivos que jamás haya visto en una película.

por Alberto Villaescusa R.

(Valerian y la ciudad de los mil planetas, Luc Besson, 2017)

El cine de Luc Besson poseen algunos de los mundos más coloridos y vivos que jamás haya visto en una película. También los más extraños ejemplos de empoderamiento femenino. The Fifth Element, Angel-A y Lucy son algunas entradas en su filmografía que pueden presumir mujeres de gran habilidad y fuerte carácter en papeles memorables. No obstante, como todo en las películas de Besson, su caracterización tiene menos en común con la realidad que con la sensibilidad de un adolescente obsesionado con los cómics. Su intención nunca ha sido la de humanizar a estos personajes, sino darles habilidades y poderes que les permitan patear infinidad de traseros. En The Fifth Element, Milla Jovovich interpreta un humanoide sintético cuyos poderes mágicos terminan por salvar a la humanidad de un inminente ataque extraterrestre. En Angel-A, una mujer que puede o no haber caído del cielo literalmente le cambia la vida a un estafador fracasado. En Lucy, una estudiante americana descubre el secreto para usar más del 10 por ciento de su cerebro (sin comentarios), lo que le da poderes más allá de la comprensión humana.

Laureline, el personaje femenino más importante de Valerian and the City of a Thousand Planets, no hace mucho para invertir esta tendencia, aunque su personalidad rara vez es clara y su relación con el personaje masculino que sirve como punto de vista es mucho más extraña. Basada en los cómics creados por Pierre Christin y Jean-Claude Mézières que el director dice haber leído en su propia adolescencia, cuenta la historia de Valerian (Dane DeHaan) y Laureline (Cara Delevingne), dos agentes especiales que viajan por el tiempo y el espacio realizando peligrosas misiones para el gobierno terrestre. En lo que parece una respuesta a la ausencia de romance y sexualidad en las epopeyas de ciencia ficción de Hollywood, la relación entre estos dos protagonistas tiene bastante de sexual; acoso sexual, para ser más preciso. En su primer escena juntos, Valerian se abalanza sobre Laureline y prácticamente la regaña por rechazar sus insinuaciones (que no tienen nada de insinuadas). El dice estar perdidamente enamorado de ella, y estar dispuesto a olvidar para siempre sus decenas de aventuras pasadas para casarse con ella. Esto bien podría ser verdad, pues además de lucir como Cara Delevingne, Laureline es inteligente, determinada y, más importante aún, no está interesada en él, lo que por supuesto la hace mucho más atractiva.

A pesar de ser el protagonista y de que la película lleva su nombre, Valerian es distraído, arrogante, descortés, dogmático e insubordinado. Queda en manos de Laureline salvarlo más de una vez y limpiar sus desastres, muchas veces sin siquiera recibir las gracias. A pesar de todo esto, ella parece guardarle verdadero cariño y considerar seriamente su propuesta de matrimonio. Su dinámica parece un intento de replicar el romance entre Han Solo y la princesa Leia en Empire Strikes Back (aun si los cómics de Christin y Mézières aparecieron antes que la serie de George Lucas) en la que el chico malo con el corazón de oro se gana el amor de la virtuosa y prudente mujer de bien, pero la química entre sus estelares difícilmente nos permite creerla. Dependiendo de la forma en que se haya concebido originalmente al personaje, DeHaan está muy bien o muy mal en su papel. Nunca muestra el carisma necesario para que sus comentarios se acerquen, aunque sea un poco, a ser encantadores pero su mirada ligeramente perturbada lo vuelve totalmente creíble como alguien que se la pasa incomodando a sus colegas femeninas. Si sus constantes coqueteos son bromas de un emergente noviazgo, Delevingne no nos da esa idea. Su frío porte le dan a la película uno que otro momento de humor (temprano en la película, cuando Valerian necesita que la rescate y ella se toma su tiempo sin delatar la mínima preocupación), de otra manera no luce nada divertida con su compañero; éste parece más un obstáculo en sus intentos de cumplir con el trabajo.

valerian_and_the_city_of_a_thousand_planets_ver21_xlg

No es que la misión en la que se embarcan haga mucho para que se encariñen más (el uno con el otro y con el público). Es mayormente una convencional aventura en la que sus heroicos protagonistas se ven obligados a recuperar un invaluable objeto extraterrestre y rescatar a un superior (Clive Owen) que es secuestrado por una misteriosa especie que se esconde en el rincón más peligroso de una estación espacial. Su final es decididamente político, pero su entendimiento de la política es tan simplista y adolescente como todo lo demás en la película. Aunque la locación en la que se desarrolla la mayoría de la película, la estación espacial Alpha, alberga infinidad de criaturas y culturas, para los propósitos de la película, ésta podría componerse sólo de un corrupto régimen militar y un pacífico y puro pueblo primitivo. Su universo es inmenso y complicado, pero su moralidad es meramente bipolar. El mundo de Valerian no hace su historia más interesante, pero sí le permite crear ambientes impresionantes y casi tan memorables como cualquier cosa en The Fifth Element, aun si Thierry Arbogast, el director de fotografía de Besson, aquí cambia las cuidadas composiciones con lentes abiertos y la textura de aquella película por un estilo mucho más convencional y una estéril imagen digital. Los efectos especiales, en su mayoría hechos con animación por computadora, no impactan tanto como la mera locura conceptual de los ambientes que llevan a la vida. La primera secuencia de acción de la película encuentra a Valerian y Laureline en una persecución interdimensional por un mercado callejero. Más adelante, Valerian recibe un baile privado de una cambiaformas llamada Bubble (Rihanna) que trabaja para un rimbombante alcahuete (Ethan Hawke en una de sus más enérgicas, desquiciadas actuaciones).

Qué tanto le gustará Valerian a uno dependerá mucho de qué tanto esté uno dispuesto a aceptar la locura de su universo y tolerar lo antipático de sus protagonistas humanos. Es, a final de cuentas, una combinación incómoda de ideas visuales que Hollywood tristemente nunca aceptó del todo, con anticuados personajes que afortunadamente está empezando a dejar atrás. A pesar de sus poderes y supuesta autosuficiencia, personajes como Lucy, Angela, Leeloo y por supuesto Laureline, tienen más de objetos de fantasía que de auténticas heroínas. La resistencia e independencia mostrada por Laureline no la hacen un personaje de carne y hueso, simplemente hacen el final estilo James Bond la película un poco más confusa: Es la clase de película que dice que, si una mujer dice que no, es porque el hombre no insiste lo suficiente. Perversamente, los elementos que funcionan en su contra los que funcionan a su favor tienen un origen común; tanto su energía y creatividad como sus caricaturas de poder femenino nacen de la misma reinterpretación adolescente y masculina del mundo. Pero a diferencia de otro eterno adolescente como Michael Bay, cuyas películas reducen a sus mujeres a meras decoraciones, las películas de Besson parecen fascinadas, casi intimidadas, por la feminidad. No es una defensa de la objetivación a la que éstas muchas veces recurren, pero esa actitud casi infantil es también la que crea sus secuencias menos convencionales y lo que le dan un juguetón espíritu inocente, que muchas veces se extraña en otras películas con una etiqueta de 200 millones de dólares. Para bien o para mal, Valerian and the City of a Thousand Planets es una película en la que la mano de su director nunca deja de sentirse. —AVR

A %d blogueros les gusta esto: