Ghost Magnet Roach Motel (2016)

Obra personal que el artista decidió compartir; pero quien lo desee, puede verla como un honesto ejercicio de redención y búsqueda de nuevas oportunidades.

por Cuauhtémoc Ruelas

Probablemente el trabajo más conocido del artista Shimpei Takeda ha sido como integrante de la banda de rock Ghost Magnet Roach Motel. No obstante, Takeda cuenta con una carrera amplia que abarca desde el arte conceptual con exposiciones como “El Antimonumento”, así como el video documental. El punto en común de todas estas expresiones es que bordean la línea de lo experimental aunado a inquietudes sumamente personales.

En ese sentido su nueva propuesta documental Ghost Magnet Roach Motel continúa mostrando sus habituales conceptos que hacen que la cinta comparta ese inestable estado entre experimento visual y temas intimistas.

Nos muestra la reintegración de la banda para emprender una nueva gira. Sin embargo, dicha misión se encuentra obstaculizada por los problemas legales, de adicción, así como existenciales de tres de sus integrantes los cuales resultan cada vez más significativos, por lo que deciden cruzar la frontera hacia Tijuana para rehabilitarse. Todo esto captado por Takeda, quien a su vez funge como amigo y testigo del proceso.

No quiero elaborar mucho sobre el propósito o calidad intrínseca de este documental, baste decir que se trata de un trabajo verdaderamente introspectivo, con la intención de expulsar los demonios mentales que invaden a los protagonistas.

ShinpeiTakeda-GhostMagnet

Shinpei Takeda

Dichos protagonistas resultan sumamente honestos frente a la cámara mostrando que, a pesar de sus distintos problemas, nada de eso está por encima de su amistad y responsabilidad hacia la banda.

Por su parte, Shinpei Takeda echa mano de un estilo que no permite lugares comunes, ni mucho menos una narrativa lineal, lo que le permite abordar las cosas desde un punto de vista más artístico. No está interesado en presentarnos un documento musical o histórico sobre la banda, sino las sensaciones que le presenta convivir con un grupo de personas que ya se han convertido en familia.

Independientemente de su calidad, o caprichos estilísticos que el director utiliza, el mejor punto de esta producción es la manera en que se nos muestran sus personajes, por ello la postura de Takeda queda bastante clara una vez finalizada, pero al mismo tiempo queda por parte del espectador sacar sus conclusiones y la intención de esta obra.

En su forma más simple, esta cinta es una obra sumamente personal que el artista decidió compartir; pero quien lo desee, puede verla como un honesto ejercicio de redención y búsqueda de nuevas oportunidades, no completamente exitoso, pero definitivamente interesante. Especialmente en su visión de una Tijuana no como lugar de perdición sino como un espacio donde se busca un camino hacia la reivindicación. —CR

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