The Beguiled (2017)

The Beguiled es una fantasía masculina que se convierte poco a poco en una pesadilla. Una propuesta para una porno suave o una cruda película de terror.

por Alberto Villaescusa R.

(El Seductor, Sofia Coppola, 2017)

Vista a través de los ojos de su supuesto protagonista, The Beguiled es una fantasía masculina que se convierte poco a poco en una pesadilla. La historia de un hombre incapacitado, atrapado en un recinto aislado con mujeres que no han visto a un hombre en mucho tiempo, suena como una propuesta para una porno suave o una cruda película de terror. Si la nueva película de Sofia Coppola trasciende esta premisa es por su atención al punto de vista de las mujeres que son sus aparentes villanas. La trama depende de que personajes que al principio parecen amables y apacibles sucumban a la mendacidad y la violencia. Una señal de su genio es que ni uno de sus personajes femeninos comete una acción que no creeríamos. Lo que saben y lo que piensan justifica los extremos a los que llegan. La película sabe que ellas están tan atrapadas como él.

Por “ellas” me refiero a la directora, la maestra y las niñas de la escuela para mujeres en que la mayoría de la película se desarrolla. Han pasado tres años desde el inicio de la Guerra de Secesión. Mientras camina por un prado cercano, una de las alumnas de Martha Farnsworth se encuentra con un soldado del Norte herido. El hombre, que dice llamarse John McBurney (Colin Farrell), le ruega por ayuda y la pequeña lo lleva como puede con la directora y sus compañeras. La señorita Farnsworth (Nicole Kidman) acepta que el soldado enemigo, entonces inconsciente, se quede–es su deber cristiano–pero sólo hasta que se recupere y ellas puedan entregarlo a las tropas del Sur. Las más pequeñas (interpretadas por Angourie Rice, Oona Laurence, Emma Howard y Addison Riecke), aisladas del mundo y tan poco acostumbradas a la compañía masculina, apenas pueden esconder lo encantadas que están de tener entre ellas a un hombre que resulta bastante simpático, encantador (y que además luce como Colin Farrell).

Como en muchas películas de Coppola, el aislamiento y el privilegio están al centro. No es difícil encontrar paralelos entre las jóvenes de The Beguiled y la reina adolescente de su Marie Antoinette (y no sólo porque Kirsten Dunst sale en ambas películas). Ni tampoco entre la casona que las alberga y en los lujosos hoteles en que se desarrolla Somewhere (y no sólo porque Elle Fanning sale en ambas películas). Coppola, nacida dentro de la realeza hollywoodense, nunca ha tratado de distanciarse de las críticas que podrían dirigírsele maliciosamente sus conexiones familiares. En su lugar, se ha dedicado a explorar temas que, uno se imagina, preocupan a alguien nacido en un ambiente de fama y riqueza. Saben lo divertido que es recibir todo lo que uno quiere, y el vacío que resulta de ello.

coppola y cast

Sofia Coppola y su elenco.

Coppola se compromete tanto al punto de vista de sus personajes que es fácil preguntarse si ella misma comparte su visión de tunel. Su decisión de eliminar al único personaje de raza negra de la novela de Thomas P. Cullinan –así como la adaptación al cine que Don Siegel y Clint Eastwood hicieron en 1971– en que el The Beguiled se basa, fue leída por muchos como revisionismo histórico. ¿Cómo podía eliminar el concepto de raza de una historia sobre uno de los periodos más oscuros de la historia racial de Estados Unidos? Hay sólo una breve mención a los esclavos en una de sus primeras escenas y después no vuelve a tocar el tema. Este cambio, sin embargo, es totalmente congruente con el punto de vista de sus personajes. ¿Qué tanto se preocuparían la señorita Martha y sus alumnas por sus esclavos? Si ya no están para servirles, bien podrían nunca haber estado ahí. Incluso McBurney, quien pelea por el lado busca abolir la esclavitud, resulta ambivalente a la situación: él es un mero mercenario.

Si The Beguiled existe en un mundo aislado de la realidad es quizá por diseño. La guerra como tal sólo aparece en la forma de explosiones que se escuchan a lo lejos y de columnas de humo en el horizonte. La curiosidad de las niñas es palpable: una de ellas se levanta todas las mañanas y mira hacia el bosque con su catalejo. Cuando la señorita Farnsworth recibe a un regimiento de soldados amigos en la puerta de la escuela, las alumnas se arriman sobre la ventana, tratando de ver qué sucede. Pero esta curiosidad no les basta para dejar el mundo en el que viven. Es difícil cambiar las cosas cuando uno no tiene nada de qué preocuparse. Una jaula de oro sigue siendo una jaula, pero sabe lo cómodo y placentero que puede ser vivir dentro de ella. La fotografía de Philippe Le Sourd así lo refleja: la casa en la que se desarrolla casi toda la película es tanto preciosa como opresiva.

En este sistema cerrado, la figura del hombre se vuelve especialmente fascinante para las mujeres que viven en él. Éste no sólo es una conexión al mundo exterior, sino también un catalizador para las inquietudes adolescentes de las niñas y los deseos reprimidos de la directora y de su única maestra restante Edwina Morrow (Dunst). Cuando la señorita Farnsworth se encarga de cuidar y bañar al soldado, la forma en que reacciona a su pecho desnudo, cómo pasa tímidamente de su estómago a sus piernas tratando de esquivar sus partes privadas, ella misma sudando, nos dice todo de cómo se siente. Las más pequeñas se visten con aretes tratando a la vez de que McBurney las note y que sus compañeras no se den cuenta. Atesoran la más mínima atención de él–una incluso guarda un botón del soldado como si fuera una piedra preciosa. Edwina, por su parte, se cuida de las palabras del soldado, como si la más inofensiva de ellas pudiera despertar algo que ella por mucho tiempo ha tratado de esconder detrás de buenos modales.

the beguiled poster

McBurney, aunque halagado por las atenciones de todas, parece enamorarse finalmente de Edwina. Éste le propone que, cuando se recupere de su herida en la pierna, huyan juntos al oeste, lejos de la guerra. Ella parece dispuesta a aceptarlo. Pero al mismo tiempo que ella no puede ser congruente con su estricta educación, él no puede ser congruente con sus deseos. No puede negar que se siente atraído por la más joven y coqueta Alicia (Fanning). Alicia, a medio camino entre la adolescencia y la madurez, es quizá la más precoz de las alumnas; su infatuación empieza a tener dejos de atracción sexual. En la noche, se escabulle a la recámara de McBurney y lo besa en la boca. Cuando él se despierta, no le dice que se detenga.

La trama de The Beguiled está motivada menos por lo que sus personajes sienten y más por lo que piensan que sienten los demás. Es una comedia de enredos que se sale salvajemente de control. Cuando la señorita Farnsworth sugiere cortarle la pierna al soldado para evitar la gangrena, Edwina crea una explicación en su cabeza: la directora también se siente atraída por el soldado y el procedimiento es una forma de venganza por no corresponder sus deseos. Lo mismo para McBurney, quien, aunque encantado y agradecido en un principio, termina por pensar que las Farnsworth y sus alumnas están conspirando en su contra. Antes de que uno se dé cuenta, personajes que eran ejemplos de formalismo y cortesía se convierten en criaturas de miedo y paranoia, de subconsciente puro. Sí, todo podría haberse resuelto mucho más fácilmente si sus personajes hubieran tratado de explicarse en un momento u otro. Pero el deseo está frecuentemente ligado al egoísmo y acostumbrado a esconderse detrás de normas sociales y cortesías. Esta pantalla fue más obvia hace ciento cincuenta años, pero no por eso ha desaparecido. —AVR

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