The Big Sick (2017)

The Big Sick, una preciosa comedia romántica, es un ejemplo de cómo la realidad muchas veces supera la ficción.

por Alberto Villaescusa R.

(Un Amor Inseparable, Michael Showalter, 2017)

The Big Sick, una preciosa comedia romántica, es un ejemplo de cómo la realidad muchas veces supera la ficción. La película, sobre un joven comediante y una estudiante de posgrado que cae en coma, suena como un manuscrito perdido de Nicholas Sparks pero en realidad sucedió y le sucedió a la estrella y co-guionista de la película, Kumail Nanjiani. Cuando Kumail era todavía un comediante luchando por hacerla en la escena de Chicago. Michael Showalter, el director de la película, captura este ambiente con una energía parecida a la de muchos especiales de stand-up. Los compañeros de Nanjiani son interpretados por Bo Burnham, Aidy Bryant y Kurt Braunohler, cuyos papeles se sienten más como una extensión de sus personas cómicas que una parte orgánica de la historia. Comparten el escenario pero nunca se sienten como un verdadero grupo de amigos (algo extraño, pues en un momento hasta hacen planes para mudarse a Nueva York juntos).

Después de uno de sus sets, Kumail conoce a Emily Gardner (Zoe Kazan), una estudiante de psicología de la que terminará enamorándose. El inicio de la relación es planteado con refrescante normalidad. En ese momento, ella es sólo una chica a la que trata de impresionar en un bar escribiendo su nombre en urdu. Pasan la noche juntos, buscando algo casual, pero descubren que de verdad se agradan. Acuerdan no volverse a ver pero ninguno de los dos puede mantener esa promesa. Pronto se convierten en una pareja más o menos oficial. Pero hay un problema: los padres pakistaníes de Kumail (Anupam Kher y Zenobia Shroff) son musulmanes estrictos y nunca perdonarían el que su hijo termine enamorándose de una mujer estadounidense. Su madre incluso le presenta constantemente a muchachas pakistaníes (“que sólo pasaban por el vecindario”) con la esperanza de poder arreglar un matrimonio.

Las diferencias culturales juegan un papel importante: hay chistes sobre cómo los padres de Kumail le exigen rezar cinco veces al día y sobre cómo él, por su color de piel, constantemente tiene que aclarar (a veces en juego, a veces no tanto) que no es un terrorista. Pero esta barrera cultural es sólo parte de la historia. Él es más que su raza. La verdadera historia sólo inicia cuando Emily contrae una infección pulmonar y es puesta en un coma inducido hasta que se pueda recuperar. Siendo la única persona que la acompaña en ese momento, Kumail llama a los padres de ella, Beth (Holly Hunter) y Terry (Ray Romano), quienes viajan desde el sur de Estados Unidos para cuidarla.

 

the big sick poster

La situación es por demás extraña porque, antes de la enfermedad, ella y Nanjiani se pelearon y dejaron de hablarse. No estando seguro en qué términos quedaron, pero se sabe que los padres de Emily no necesitan el estrés adicional creado por lidiar del ex-novio de la chica, mientras ésta se encuentra en una situación de vida o muerte. Aunque los Gardner (sobre todo Beth) claramente no lo quieren cerca, él decide quedarse y es aquí donde la película cobra vida. La situación se presta de manera ideal para una comedia de lo incómodo, los suegros están tan bien delineados y su química es genial. Hunter y Romano son actores con largas trayectorias, pero aquí entregan actuaciones de soltura y naturalidad. Hasta su forma de hablar nos dice de ellos: Ella, hija de una familia militar, habla con un grueso acento sureño y él, un profesor de matemáticas de Nueva York, con un característico tartamudeo. Son una perfecta unidad de opuestos y de verdad se sienten como padres consternados y como un matrimonio de varios años.

La convención dicta que el resto de The Big Sick cuente de cómo Kumail se enternece con la familia de Emily y aprenda de un matrimonio mayores lecciones para aplicar a su propia vida. Esto es técnicamente lo que sucede, pero nunca de manera forzada. Al final, uno siente que Beth y Terry le guardan verdadero cariño o por lo menos aprecio, independientemente de lo que pudiera llegar a sucederle a Emily. Es extraño que la relación entre él y los padres de Emily se sienta mucho más rica y detallada que su relación con sus propios padres y hermanos. Si los suegros se sienten como personas de verdad, los Nanjiani frecuentemente se sienten como personajes copiados de otras películas: como los típicos familiares que no aprueban o entienden las ambiciones del héroe de la película, que viven chapados a sus tradiciones y que le insisten que busque una carrera más rentable. No es que esto no suceda en la vida real, pero la película se da poco tiempo para conocerlos y no nos permite sentir el conflicto ante la posibilidad de perderlos.

Claro, debe ser difícil orquestar elementos de la vida real en una película de ficción, y meramente surreal cuando lo escribe y lo interpreta alguien que de verdad lo vivió. Quizá por su origen en la vida real, deja algunos elementos al aire, como la última escena que Kumail tiene con sus padres o la explicación de cierta decisión importante de Emily. Esta ambigüedad quizá sería más fácil de aceptar si la película se decidiera con mayor claridad si quiere ser una comedia romántica o un drama de estilo independiente; en general se queda en una incómoda mitad. Pero estos son problemas menores. No es una película perfecta, pero sigue siendo una gran película porque tantas veces se siente como las relaciones de la vida real, porque su pareja central está compuesta por dos personajes complejos y encantadores, inteligentes pero no por eso seguros de que están haciendo lo correcto. Me emocioné con sus vidas y me dieron tantas ganas de verlos terminar juntos que por un momento se me olvidó que ya reconocía a Kumail, por sus podcasts y su stand-up, y que ya sabía cómo la historia iba a terminar. —AVR

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