Justice League (2017)

Más que una película de superhéroes hecha y derecha, Justice League parece un descarado ejemplo de benchmarking corporativo.

por Alberto Villaescusa R.

(Liga de la Justicia, Zack Snyder, 2017)

Más que una película de superhéroes hecha y derecha, Justice League parece un descarado ejemplo de benchmarking corporativo. Con ésta, la quinta película en su propio universo cinematográfico, la rama cinematográfica de DC hábilmente copia las más obvias cualidades de las películas de Marvel: disfruté sus escenas post-créditos más que las Spider-Man: Homecoming, y la química entre sus personajes me hizo reír más que cualquier cosa en Thor: Ragnarok. Pero estos cambios son meramente superficiales, e ignoran la verdadera razón por la que su competidor y modelo a seguir conecta con el público y recauda más a nivel mundial. Las producciones de Marvel ya se han vuelto repetitivas y rutinarias, pero sólo porque se apegan a una fórmula que funciona (o que alguna vez funcionó). Las de DC todavía tienen que encontrar una.

El drásticamente distinto sabor de Justice League quizá pueda explicarse por su complicada producción. Zack Snyder, el director de la película, abandonó la post-producción después de una tragedia personal y ésta fue completada por Joss Whedon, quien recibe un crédito parcial en el guion al lado de Chris Terrio. Muy probablemente seguiría siendo una obra comprometida aun si el director que reunió a Iron Man, Hulk, Thor y Capitán América en la pantalla grande no hubiera ayudado a hacer lo mismo con Batman, Superman, Mujer Maravilla, Aquaman, Flash y Cyborg. Ya vimos la visión original de Snyder diluirse en los desesperados intentos de Batman v. Superman de corregir los problemas de Man of Steel y los extensos recortes que sufrió Suicide Squad (dirigida por David Ayer). La gente ha visto sus melancólicos y sociópatas superhéroes y ha votado con su dinero en contra de ellos.

No mucho se ha perdido, salvo quizá la posibilidad de un antagonista tan memorable como el General Zod. Ésta película continúa la lamentable tendencia del Universo Extendido de DC hacia villanos que parecen sacados de una caricatura, tanto por su inexistente personalidad como por los efectos visuales que los llevan a la vida. Quizá por accidente, la Liga de la Justicia ayuda a poner en perspectiva lo mucho que las películas de superhéroes han cambiado en las últimas décadas. Su primera escena, en la que Batman, el alter ego superhéroe del multimillonario Bruce Wayne (Ben Affleck), somete a un criminal de poca monta en la oscuridad de la noche, hace ecos al Batman de 1989 dirigido por Tim Burton. Pero mientras aquel Batman lo hacía porque era su deber proteger el orden en las calles de Ciudad Gótica, éste lo hace para sacar de su escondite a un insecto extraterrestre generado por computadora.

La trama puede resumirse con la frase “un ejército de extraterrestres llega a la Tierra con la intención de destruirla y un grupo de héroes tiene que unirse para detenerlo”. Batman, con ayuda de Diana Prince / Mujer Maravilla (Gal Gadot), la princesa Amazona y la heroína de la única buena película de este universo, buscan por todo el mundo a individuos con habilidades especiales que puedan ayudarlos. Los candidatos para unirse a su equipo de superhéroes son Arthur Curry (Jason Momoa) / Aquaman, el poderoso heredero al trono del continente sumergido de la Atlántida; Barry Allen (Ezra Miller) / Flash, quien puede moverse a velocidades inhumanas; y Victor Stone (Ray Fisher) / Cyborg, un joven con un cuerpo sintético de metal que puede integrarse con cualquier tipo de tecnología.

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La interminable primera parte salta entre sus numerosos héroes y mundos fantásticos. Ésta, se supone, sigue a sus héroes gradualmente, como superan su resistencia a cooperar y construye suspenso alrededor la llegada de Steppenwolf (voz y captura de movimiento de Ciarán Hinds) quien ha escapado de un juego de PlayStation 4 para desatar caos en la Tierra. La película hace malabares con numerosas tramas secundarias, pero éstas rara vez se unen de una manera importante: la primera mitad de la película culmina con un intento de regresar a Superman (Henry Cavill) de la muerte, algo que sería mucho más emocionante si la idea no se les hubiera ocurrido a sus héroes apenas unos minutos antes. Se mueve sin urgencia a medida que los distintos miembros de la Liga actúan como amigos un momento, se pelean en otro, se contentan en uno después sin mucha razón o justificación. Lo que sea que cree la ilusión de drama y una película de dos horas de duración, supongo.

No es una película aburrida (se mueve demasiado rápido para serlo), pero sí es una por la que es difícil interesarse de verdad. La posibilidad del fin del mundo pocas veces ha provocado tanta indiferencia, esto porque nadie en su universo tiene una vida que parezca importar. La evolución de sus personajes es planteada sólo en los términos más superficiales: Flash y Cyborg tienen complicadas relaciones con sus padres que mágicamente se arreglan para el final de la película. Batman y Mujer Maravilla, ambos son lo más cercano que la película tiene a un protagonista, es casi imposible saber. Alfred (Jeremy Irons), el ácido mayordomo de Bruce Wayne, bromea sobre un posible romance entre Wayne y la Diana Prince, pero esto afortunadamente no lleva a ningún lado, pues no hay nada en las actuaciones de Affleck y Gadot que sugiera que esto es algo que sus personajes harían.

Se trata de una colección de escenas que no tienen mucho que ver la una con la otra; lo que las hace soportables es que muchas de estas escenas, sobre todo las que giran alrededor del elenco principal, oscilan entre buenas y excelentes. Mujer Maravilla sigue siendo la admirable y simpática figura que fue en su propia película y Affleck es efectivo como un Batman serio y algo pomposo. Sin embargo, es el Flash de Ezra Miller quien emerge como la verdadera estrella de esta frágil franquicia. Él es claramente el alivio cómico, haciendo chistes y comentarios fuera de lugar, pero Miller lo interpreta como un niño emocionado y encantadoramente sincero, alguien que no encaja con los demás porque su mente se mueve tan rápido como él corre. Miller le da un poco de alma a una película que desesperadamente la necesita. Es tan bueno que hasta Superman, el personaje más aburrido de la Liga, parece cobrar vida a su lado.

Es una muestra de lo desesperadas que están las cosas en el Universo Extendido de DC que Justice League, una película incompleta y con un clímax que más bien parece el final de un segundo acto, aún se siente como un paso en la dirección correcta (Wonder Woman fue una milagrosa anomalía). Esto porque aquellos detrás de la franquicia finalmente parecen haber entendido que el público disfruta de ver personajes que no son odiosos. Finalmente se ensambla un equipo que uno siente ganas de acompañar, pero esto no quiere decir que lo haya puesto en una historia que no se haya visto antes o que éste bien contada. ¿Bastarán los cambios superficiales para salvar a esta franquicia? Fracasa como una narrativa satisfactoria pero también copia hábilmente el último truco del plan de juego de Marvel: prometer que la siguiente película será mejor. —AVR

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