Hasta que la boda nos separe (2018)

En el estilo mockumentary de series de televisión como Modern Family o The Office, la película nos lleva con tino por muchas situaciones disparatadas y en ocasiones inverosímiles.

por Javier Espinoza

(Hasta que la boda nos separe, Santiago Limón, 2018)

Algunos momentos divertidos, entre muchos movimientos de cámara innecesarios, es lo que nos presenta Hasta Que La Boda Nos Separe. Ópera prima de Santiago Limón (que este año también co-escribió con Issa López el guion para La Boda de Valentina) donde adapta la película rusa Gorko! (2013), acerca de una pareja de novios que, al no llegar a un acuerdo satisfactorio sobre la fiesta que se celebrará con motivo de su boda, deciden tener dos festejos el mismo día: la que quieren los padres de la novia y la que ellos consideran de sus sueños.

En el estilo mockumentary de series de televisión como Modern Family o The Office, la película nos lleva con tino por muchas situaciones disparatadas (y en ocasiones inverosímiles) para las cuales el espectador tiene que entrar en la convención, pero el gran problema es la cuestión técnica. La cámara en mano es un recurso utilizado acertadamente durante el primer acto de la película, pero después de eso se convierte en su mayor enemigo, ya que cansa y en ocasiones hasta marea. Por otro lado, la iluminación es muy pobre o inexistente en varias escenas, lo cual hace que se pierda el hilo narrativo, que de haber subsanado esto, no tendría tanto problema.

Las actuaciones son buenas, sobre todo la pareja protagónica. Gustavo Egelhaaf en el papel de Daniel (el novio) sobresale al dotar de realismo a un personaje que en manos de otro actor (tal vez un comediante como Jesús Zavala) pudo caer en la caricatura, pero aquí tiene cierta dignidad y presencia. El papel de la novia, María, lo tiene Diana Bovio y también resulta muy divertida al encarnar a la chica que toda su vida soñó con tener la boda de sus sueños ambientada en La Sirenita de Disney.

boda separe poster

Parte de la tropicalización de esta historia tiene su punto más alto en la inclusión de dos personajes ampliamente reconocidos dentro de la cultura pop de México: Roberto Palazuelos y Adal Ramones. Palazuelos como Bobby “el wedding planner de las estrellas”, está estupendo, ya que provee a su personaje de todos los rasgos característicos conocidos en su personalidad, léase ser un mirrey, el que conoce a todos los VIPs y que por ello hace las mejores fiestas del país, incluyendo la ceremonia soñada por los novios protagonistas; por su lado, Ramones, el invitado sorpresa de la boda organizada por los padres de la novia, se roba cada escena en la que aparece, al principio de forma sutil y después de manera contundente. Fue un gran acierto incluir a ambos en el reparto.

Hasta Que la Boda Nos Separe es un remake “toma por toma” de su fuente original rusa, pero a pesar de sus deficiencias técnicas, está bien lograda en conjunto y no se toma mas en serio de lo que debe, resultando en un ejercicio abismalmente superior a comedias como 3 Idiotas (2017) o No Manches Frida (2016) que también tienen su origen en cintas extranjeras y que se quedaron en un pobre intento. —JE

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