Sueño en Otro Idioma (2017)

¿Cuántas veces nos ha conmovido el contenido real de una película? Es muy raro que las situaciones y diálogos sean lo suficientemente impactantes y honestos como para inspirar genuina emoción.

por Cuauhtémoc Ruelas

(Sueño en otro idioma, Ernesto Contreras, 2017)

¿Cuántas películas dentro del actual cine mexicano han tratado de conmovernos sin conseguirlo? Casi siempre se intentan los mismos trucos, hasta que se convierten en clichés que sólo causan risa o molestia en el peor de los casos. En las comedias románticas, cuando la pareja pasa por distintos inconvenientes podemos estar tranquilos, pues sabemos que nada de eso importa ya que al final estarán juntos. En un drama de demanda social siempre podemos contar con las duras escenas con un entorno cruel y lleno de miseria, pero al final siempre son vacuos y fáciles trucos para generar sentimientos.

Pero, ¿cuántas veces nos ha conmovido el contenido real de una película? Es muy raro que las situaciones y diálogos sean lo suficientemente impactantes y honestos como para inspirar genuina emoción. Por eso valoro muchísimo aquellas películas que lo logran, como Sueño en otro idioma, la cual muestra que con un buen guión interpretado por excelentes actores bajo las órdenes de un competente director se puede lograr un producto mucho más emotivo y exitoso como obra artística a la altura de cualquier producción extranjera.

Al comienzo de ésta película, conocemos a Martín (Fernando Álvarez Rebeil), un joven lingüista que llega a un pueblo con la intención de estudiar el zikril, una lengua que está a punto de desaparecer. De ese modo Martín se pone en contacto con los ancianos Evaristo (Eligió Meléndez) e Isauro (José Manuel Poncelis), los últimos que hablan dicha lengua. Sin embargo, estos dos personajes llevan más de cincuenta años sin dirigirse la palabra. Ante esta situación, Martín asume un nuevo reto, el cual es reunir a los dos viejos para convencerlos de hablarse una vez más y obtener un registro grabado del zikril. Lo que éste no sabe, es que oculto en el pasado, en las entrañas de la jungla, existe un secreto muy fuerte que ha marcado la vida de los ancianos y que no están dispuestos a revelar fácilmente.

Es el tipo de producción en el que una trama en apariencia sencilla sirve como motor y marco para examinar  personajes que cobran vida conforme se revelan sus pensamientos, sus recuerdos y sus motivaciones. Ciertamente es de pausado ritmo, pero el guión logra mantener las cosas ágiles con múltiples flashbacks. Adicionalmente se nos presenta también el personaje de Lluvia (Fátima Molina), nieta de Evaristo, lo que agrega una perspectiva más íntima y al mismo tiempo amplia los recuerdos de los ancianos, pues ella conoce el secreto que esconden con tanto recelo y de algún modo logra un primer reencuentro entre ellos.

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En ese sentido, la historia devela poco a poco distintos elementos manteniendo una especie de suspenso, pues los recuerdos contienen una explicación y un significado mucho más complejo de lo que inicialmente imaginábamos; finalmente lo que parecía ser una simple relación de amistad destruida, termina convirtiéndose en una intrincada red de afectos, rencores y entendimientos con mayor impacto en la vida de los personajes de lo que se podría pensar, donde los diálogos, (que incluyen el extraordinario elemento de la lengua zikril, creada exclusivamente para la película), llevan a la cinta por inusitados niveles de significado, abordando distintas situaciones. Así tenemos divagaciones sobre la vida en el campo, la importancia de preservar las tradiciones, los prejuicios sociales, y, sobre todo, la búsqueda de la felicidad.

En cuanto a los actores, que incluyen a Juan Pablo de Santiago y Hozé Meléndez como las versiones jóvenes de Evaristo e Isauro respectivamente, es verdaderamente estupendo, pues logran mostrarnos a sus personajes, sin perder la “textura” de su carácter ni la consistencia de sus respectivos arcos dramáticos. Todos tienen momentos para brillar, y aunque sus personalidades no sean necesariamente simples, encuentran maneras de sorprendernos con gestos y reacciones de profunda sensibilidad.

Cuando encuentro películas igualmente ambiciosas y pretenciosas tiendo a ignorarlas, pues parecen meros caprichos de alguien que se cree más inteligente de lo que realmente es. Pero en el caso de Sueño en otro idioma no me queda más que respetar al director Ernesto Contreras y todo su equipo, ya que rara vez se ve un trabajo tan ambicioso que, sin embargo, se mantiene accesible, entretenido y profundamente satisfactorio.

Vamos a la mitad de abril, por lo que puede resultar muy temprano para decirlo, pero es una de las películas que más me han gustado en lo que va del año, y estimo que estará entre mis favoritas del 2018. Sin duda, una producción que merece ser vista por los aficionados al buen cine. —CR

  1. […] duda este año disfruté enormemente de la película Sueño en otro idioma, cuarto largometraje del cineasta Ernesto Contreras. Y aunque la serie policíaca Falco es […]

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