Avengers: Infinity War (2018)

Por primera vez el cine contiene una mitología seriada tan enredada y extensa como la de los cómics o una serie de televisión, para bien o para mal.

por Alberto Villaescusa R.

(Avengers: Infinity War, Anthony & Joe Russo, 2018)

A pesar de mis numerosas quejas con el Universo Cinematográfico de Marvel, estaba algo emocionado por Avengers: Infinity War. Aunque muchas de sus películas encajan dentro de la fórmula del cine de superhéroes que se había empezado a volver cansada desde antes de que Iron Man inaugurara esta franquicia en el 2008, The Avengers y su secuela directa Age of Ultrón cambiaron el formato de la historia de origen y la secuela tradicional por una ambiciosa congregación de personajes y tramas paralelas que no debería funcionar pero de alguna forma lo hicieron. Es fácil criticar a la franquicia por falta de originalidad, pero la idea de extender una narrativa a lo largo de tantas películas, con un elenco tan amplio en un universo apenas consistente era algo que nadie antes del productor Kevin Feige había intentado de verdad. Por primera vez el cine contenía una mitología seriada tan enredada y extensa como la de los cómics o una serie de televisión, para bien o para mal.

Si se piensa en este universo cinematográfico como una serie de televisión (y hay muchos argumentos para hacerlo), entonces Infinity War es un final de temporada más. El atractivo no es tanto la promesa de entretenimiento, sino la resolución de tramas que quedaron colgadas desde episodios pasados, y más importante aún, el potencial cambio del status quo. Este tercer cierre se enfrenta a expectativas más altas, pues marca la primera vez que el villano Thanos, anunciado en películas anteriores como la amenaza más grande para la Tierra, finalmente juega un papel prominente. No sólo es el antagonista principal; teniendo en mente los tantos personajes que la película malabarea, es justo decir que él es lo más cercano que tiene a un protagonista.

La misión de Thanos es coleccionar las Gemas del Infinito, una serie de piedras mágicos que, al unirse a su correspondiente guantelete, le permitirán moldear el universo con el chasquido de sus dedos (literalmente). Con ellas, busca exterminar a la mitad de la población del universo; está convencido que este genocidio es benévolo y necesario para sobrevivir en un universo de recursos limitados. Su devoción a esta causa hace de Thanos una figura trágica y complicada, supongo, porque es la clase de villano que hace el mal creyendo que hace el bien. Pero su motivación se siente tan secundaria porque a ninguno de los héroes de la película, salvo quizá su hija adoptada Gamora (Zoe Saldana), parece importarle o conocerla. Contrástese a Thanos con Killmonger en Black Panther, quien se convirtió en un villano tan memorable (o memorable dentro de esta franquicia) precisamente porque sus creencias estaban en oposición directa con la de su protagonista y ambos lo sabían.

La ridícula abundancia de personajes y mundos es uno de sus mayores problemas, pero también parte de lo que despierta la curiosidad y fascinación. Por primera vez el universo de Marvel se siente como una fantasía de ciencia ficción salvaje y ocurrente; como Valerian and the city of a Thousand Planets, con personajes que nos caen bien. En sus dos horas y media de duración, la película nos lleva de una nave espacial a la deriva, a la ciudad de Nueva York y a varios planetas exóticos antes de regresar a la Tierra a la futurista metrópolis africana de Wakanda. La coexistencia de magia con tecnología futurista sugiere un mundo vivo y complicado.

Esto se ve reflejado en la composición misma de los Avengers. Están los que como Tony Stark/Iron Man (Robert Downey Jr.) y T’Challa/Pantera Negra (Chadwick Boseman) obtienen sus poderes de tener mucho dinero y tecnología. Otros, como Bruce Banner/Hulk (Mark Ruffalo), Steve Rogers/Capitán América (Chris Evans), Bucky Barnes/Soldado de Invierno (Sebastian Stan) y Peter Parker (Tom Holland) se convirtieron en superhéroes a causa de experimentos científicos. Thor (Chris Hemsworth), Wanda Maximoff/Bruja Escarlata (Elizabeth Olsen) y Stephen Strange (Benedict Cumberbatch) combaten con magia, mientras que Natasha Romanoff/Viuda Negra (Scarlett Johansson), James Rhodes/War Machine (Don Cheadle) y Sam Wilson/Falcon (Anthony Mackie) son soldados con algo más de equipo. Hay humanos pero también extraterrestres como Rocket Raccoon (Bradley Cooper), Groot (Vin Diesel) y Gamora; así como el androide prácticamente omnipotente Vision (Paul Bettany). Y Peter Quill/Star-Lord (Chris Pratt) quien, al ser mitad humano y mitad extraterrestre, y al técnicamente tener poderes y no usarlos aquí, me hizo cuestionar la idea de clasificar a los personajes en primer lugar.

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Dada la tendencia de las películas de Marvel a ser tan predecibles, es algo refrescante que ésta película tarde tanto en tomar forma. Grupos preestablecidos aparecen en nuevas configuraciones y se dispersan por el universo, apenas con una idea de qué hacer. Por poco más de media hora tenemos la sensación de que la franquicia podría por primera vez llevarnos a territorios sin explorar. Pero sus objetivos, pronto descubrimos, son los mismos que han tenido en todas las películas anteriores: rescatar un objeto con poderes mágicos y enfrentarse a un ejército anónimo generado por computadora que amenaza una ciudad. Y los distintos planetas que visitan terminan siendo una variación del mismo tema: desiertos desolados con acaso un alma solitaria que los habite. Se extrañan los mundos excéntricos (o por lo menos poblados) de Guardians of the Galaxy Vol. 2 o Thor: Ragnarok. Entre más cosas suceden en Infinity War, más se siente como tres películas de superhéroes convencionales amasadas dentro de una misma.

Las películas del MCU nunca han tenido guiones excelentes, pero por lo general fueron escritas con algo más de cuidado que el que Christopher Markus y Stephen McFeely, cuyos nombres aparecen en los créditos de una de cada cuatro de éstas, muestran aquí. Hay poco o ningún intento de profundizar en cualquiera de los personajes (no hay tiempo) y los momentos que lo intentan lo hacen en referencia a algo que sucedió en una película anterior. Se retoman romances como el de Tony Stark con Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) y el de Peter Quill con Gamora para crear la ilusión de consecuencias emocionales, pero teniendo en cuenta todo lo que sucede en la película, hacen más para distraernos que involucrarnos en sus personajes.

Es una película en la que mucho sucede pero poco de verdad importa. La llegada de Thanos debía provocar consecuencias duraderas en una serie infame por sentirse inconsecuente. Los héroes no necesariamente tienen que salir con vida. Pero estos personajes se han vuelto tan centrales en la cultura de hoy que Kevin Feige y compañía parecen saber que al público le van a importar sus muertes, pase lo que pase. Y por esta razón, parecen no hacer el mínimo esfuerzo para que importen dentro de la película. El clímax de Infinity War siente tan intangible y artificial, un efecto que es sólo amplificado por sus efectos especiales. No importa que sus personajes desaparezcan, pues nunca parece que estuvieron ahí.

Hay momentos en que la película de verdad está a la altura de sus épicas promesas. Hay dos momentos, ambos involucrando al personaje de Thanos, que comunican efectivamente con imágenes y acciones su trágica y solitaria situación. Hay un instante en el que parece capaz de arrepentirse, y una película que tanto se esforzó en sólo no aburrirnos, finalmente logra un momento cautivador. Pero momentos como éste abundan en el Universo Cinematográfico de Marvel y son parte de lo que hace a este emprendimiento tan frustrante. Es difícil ver una de sus entregas y pasarla mal, pero lo que nos hace regresar es la promesa de que algo de importancia por fin va a suceder. —AVR

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