Diablo Guardian (2018)

Los personajes son profundamente desagradables. No hay “buenos” ni “malos” en el sentido convencional. Todos son estúpidos, inmorales y tan egoístas que provoca que nos dejen de importar.

por Cuauhtémoc Ruelas

(Diablo Guardián, Amazon Prime México, 2018)

Es bastante obvio que en nuestro país los productores ya dimensionaron el fenómeno que han significado las plataformas de streaming dentro del entretenimiento, e inmediatamente han comenzado una búsqueda de proyectos para explotar en este nuevo medio. Hemos visto como distintas plataformas como Netflix, Fox Premium, Claro Video y Amazon Prime han entregado nuevas propuestas en habla hispana. En ese sentido Amazon tuvo la gran idea de lanzar su versión de Diablo Guardián, basada en una de las obras literarias más populares en nuestro país. Y, para bien o para mal, el resultado no ha sido del todo satisfactorio, pero marginalmente superior a las genéricas series que usualmente está ofreciendo la televisión abierta.

Como parte de una adaptación literaria, contiene los huecos habituales que dichas transiciones manifiestan, prominentemente en forma de saltos de lógica y cambios bruscos en los personajes. El efecto global de estas deficiencias es la falta de credibilidad y de interés en los eventos que se desarrollan. Tengo que aclarar que no tengo absolutamente nada en contra de dichas adaptaciones, pero creo que siempre es necesario mantener una coherencia interna, respetando los preceptos establecidos por la misma obra.

La trama sigue a Violetta (Paulina Gaitán) una chica de 18 años que, en un momento de frustración personal debido una vida llena de limitaciones por parte de unos padres tacaños y egoístas, está les roba más de 200 mil dólares, los que a su vez habían robado de una beneficencia. De ese modo, Violeta utiliza el dinero para huir e instalarse en Nueva York. Una vez que llega al corazón de Manhattan, la chica logra mantenerse por sí sola gracias a su don de seducción. No obstante, termina topándose con Nefástofoles (Andrés Almeida), un hombre que se hace pasar por un supuesto heredero. Todo ello provoca un giro de 180 grados y se descubre que nada es lo que aparenta, y Violeta comienza a sufrir una serie de eventos desafortunados que la llevan a plantearse su regreso a México.

Al mismo tiempo, conocemos a Pig (Adrián Ladrón) un chico desinteresado de la vida y sociedad que lo rodea, pero con un enorme deseo por convertirse en escritor. Así, los destinos de ambos se verán entrelazados encontrando todo lo que desean, y más, lo que no es necesariamente bueno para ellos.

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Luego de haber probado su excelente mano como escritora con los guiones de las películas Las horas contigo y Todos queremos a alguien, así como la entrañable novela Todos los días son nuestros, Catalina Aguilar Mastretta busca evidentemente ampliar sus horizontes y contar una historia dentro de un formato más libre. Desgraciadamente no tiene el éxito deseado, y creo que esto podría atribuírsele a la indecisión sobre el tema básico de la serie y sus antipáticos personajes.

El guión, desarrollado en conjunto con María López Castaño, Carlos de Pando y Fernando Eguiarte, da vueltas casi al azar, y aunque toca temas muy interesantes no se detiene lo suficiente para explorar las emociones de los personajes o las ideas que intenta expresar. La serie toma distintos riesgos para desarrollar su trama de manera distinta a la novela, pero las ideas que de algún modo trasmitía la fuente original sobre la rebeldía y llevar las riendas de tu destino, aparecen aquí diluidas, perdidas entre una serie de secuencias cuyo tono cambia bruscamente entre una y otra.

Uno de los temas interesantes es la figura de una mujer que no pretende seguir los parámetros de conducta y los convencionalismos sociales que van en contra de sus ideales, y así formar una personalidad libre de ataduras. Pero antes de profundizar en esto ya cambió a un cansada y deprimente relación de codependencia que parece no tener fin ni propósito. ¿Debe una persona caer tan bajo para preservar su modo de vida lleno de excesos, cuando inicialmente ya demostró ser autosuficiente?

De igual manera, se desarrollan los conflictos de Pig, un niño bien con un constante sentimiento de superioridad ante todo lo que lo rodea. ¿Todo esto importa? Da igual, mejor vean los paisajes neoyorquinos… preciosos… y un soundtrack repleto de canciones cool. Como resultado, los personajes son profundamente desagradables. No hay “buenos” ni “malos” en el sentido convencional. Todos son estúpidos, inmorales y tan egoístas que el placer personal e inmediato que buscan con tanta desesperación provoca que nos dejen de importar.

Por el lado amable, el elenco se esfuerza por entregar buenas actuaciones, con excepción de Paulina Gaitán, que constantemente cae en la sobreactuación, pero aún así la culpa es principalmente del guión. Usa a sus personajes como poco menos que un pretexto, para generar un esbozo de conflicto, que, como todo en esta serie, es rápidamente olvidado para pasar al siguiente punto, a la siguiente escena que contenga desnudos, sexo y drogas. Francamente esperaba mucho más de Aguilar Mastretta y el equipo creativo. Por lo menos la producción es bastante buena, pero esto no es suficiente para generar la emoción que el guión pretende. —CR

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