El engaño maestro de Hereditary

La ópera prima de Ari Aster, desde su poster, trailer y el buzz que estuvo generando en los medios durante todo éste 2018 en el circuito de festivales, era la promesa de una película de terror. Posiblemente la más aterradora en la historia, o a la par de grandes piezas maestras como The Exorcist o The Shining.

por Mickey J. Brijandez

(Hereditary, Ari Aster, 2018)

Los cinéfilos hardcore no lo decimos o escuchamos tanto, porque disfrutar o amar con locura el cine implica disfrutar todas sus épocas, todos sus géneros. Cuando entramos a ver una película incluso muchas veces, no puedo afirmar que todas, el género no es un factor determinante para sentarnos. Es el director, la casa productora, los guionistas, la franquicia a la que pertenece, los actores principales, o cualquier otra serie de elementos que cavan un poquito bajo la superficie. El género de una cinta SI juega un papel importante desde luego, sobre todo al hablar de preferencias personales, por ejemplo, a mí me fascina el cine de horror y cuando cambia la cartelera o ando deslizándome por Netflix, mi primer instinto es favorecer a la película de terror por encima de la comedia, o el drama romántico. Pero no hay exclusión a la otra. Puedo ir al cine (como lo hice recién) en iguales partes a ver The Strangers: Prey At Night así como Midnight Sun o Blockers.

¿Por qué hago éste preámbulo? Porque el espectador casual es más propenso a asistir a la sala basado única y exclusivamente en los gustos personales. El que solo prefiere reír y evitarse malos ratos con un drama de la vida intenso. O los que disfrutan el jumpscare de cada diez minutos y la comedia les resulta una experiencia vacía. Los que solo van por la película de superhéroes en turno o blockbuster de acción y el cine independiente les da una flojera del infierno. Todo esto es válido, por supuesto, el cinema es una forma de arte para ser consumida como nos venga en gana.

Uno de los métodos más viejos para la promoción del cine es el trailer, aunque no tanto como el poster (el concepto del afiche para promover espectáculos públicos data desde tiempos inmemoriales), su existencia coincide casi con la masificación del mismo. Un avance en video de unos cuantos minutos de duración sirve para anunciar, y con suerte convencer, de que vayamos a ver la película, cualquiera que ésta sea. Si el contenido del trailer se alinea con los gustos o intereses personales, ahí es cuando puede considerarse una campaña exitosa pues garantiza que nuestros traseros estarán en la sala, aunque eso, claro, no asegure una satisfacción con el producto terminado. Y la palabra clave aquí es “producto” porqué el cine, desde su ángulo de mercancía no de artesanía, es de los pocos que venden la promesa de una experiencia, antes que un resultado garantizado, ya sea en lo positivo o lo negativo.

¿Y cómo conecta todo esto con Hereditary? La ópera prima de Ari Aster, desde su poster, trailer y el buzz que estuvo generando en los medios durante todo éste 2018 en el circuito de festivales antes de su estreno oficial, era la promesa de una película de terror. Posiblemente la más aterradora en la historia, o a la par de grandes piezas maestras como The Exorcist (Friedkin, 1973) o The Shining (Kubrick, 1980), lo cual de entrada ya la coloca con expectativas a las que nunca debe ser sujeto el cine del presente, en comparación con películas del pasado. Hace unos años The Witch (Eggers, 2015) pasó una situación similar, considerada obra maestra del género por algunos y una tomada de pelo para otros. Las películas mencionadas arriba han tenido 40 años plus para ser analizadas, diseccionadas, de-construidas de cualquier punto de vista o ángulo y poder determinar su cualidad de clásicos. Hacer declaraciones grandilocuentes con cine tan fresco, de dos años o menos (seis meses en el caso de Hereditary) es injusto y tenemos que dejar que las piezas de arte se fermenten.

hereditary_ver2_xlg

Por otro lado, lo que hace El Legado del Diablo (una traducción de título con mega-spoiler, por cierto) es que, durante dos tercios de película, su director nos está enfrentando con un drama familiar de por sí ya incomodo, la muerte repentina y violenta de seres queridos, pero fotografiado o “bajo la luz” si se quiere, de las convenciones del cine de horror. La banda sonora. Los encuadres. El ambiente respirable. Incluso juega con las expectativas a las que nos ha acostumbrado el mismo género. Hay un momento muy cercano al inicio del film donde Annie (“la nominada al Oscar 2019″ Toni Collette) apaga la luz de una habitación y cree ver en el rincón la aparición tenue de su recién fallecida madre. En la audiencia la notamos también y estamos condicionados al evento que sucederá luego. Collette enciende la luz y el fantasma ha desaparecido. En la película de terror convencional, Toni apagaría la luz de nuevo y el espíritu saltaría al plano principal para pegarnos nuestro primer jumpscare. Por ocurrir tan temprano, se nos está avisando que tipo de montaña rusa nos espera y estamos dispuestos a montarla por el tiempo de duración que falta. En Hereditary no sucede así. No hay fantasma que brinque ni sustos baratos. Se nos priva momentáneamente de la liberación de tensión. Es ahí donde para muchos, como “cine de terror”, puede ser decepcionante.

Otro lugar donde Aster juega con las expectativas es en la permanencia de sus tomas. Éstas respiran, incluso más de lo que quisiéramos. Sobre una cabeza decapitada, llena de sangre, colectando hormigas y gusanos. Y no es un visual horrífico por el contenido solamente, peores cosas hemos visto en otras películas, o en el internet. Es perturbador por lo que representa para la familia a la que estamos acompañando. Quizás eso es lo que tiene en común con los clásicos a los que se ha comparado, y podemos meter La Bruja también. Son desintegraciones sádicas del núcleo familiar, sujetándolo a eventos de violencia sobrenatural. A esa herencia maldita que no pedimos pero nos asechará hasta la muerte. Nos podemos identificar porque casi todos tenemos un rol dentro de una familia y no podemos predecir, en la vida real, como reaccionaríamos cuando se asiente la locura.

Pero eso no es lo que el trailer vendía. ¿O sí? La campaña publicitaria, orquestada por la compañía A24 (que por cierto, también distribuyó a The Witch) prometía una cinta de horror, über-escalofriante sí, pero sin alejarse mucho de la media. No una desesperanzadora y sombría tragedia, llena de negación, acompañada de un turbulento pasado. Es hasta su último tercio cuando la película determina que ya ha jugado con nosotros bastante y decide entregar en su promesa, pero para muchos espectadores que se han visto forzados a conversar son sus propios demonios, tal vez ya fue demasiado tarde.

Hay una expresión en inglés que me gusta mucho que asegura “no puedes tener el pastel y comértelo al mismo tiempo” (can’t have your cake and eat it too). A grandes rasgos significa que haces una cosa u otra, no puedes con dos al mismo tiempo. Nuestro equivalente sería esa de chiflar y comer pinole. El año pasado mother! (Aronofsky, 2017) padeció una situación similar, donde Paramount Pictures la promocionó como una película de terror, también über-escalofriante, y terminó siendo una surreal exploración filosófica con Jennifer Lawrence sobre la maternidad, Dios y la creación. Sí, así de loca. La visión de Ari Aster no es tan desafiante, o digamos que lo es a su propio modo. Cuando al fin decide introducir los elementos fantásticos, o demoníacos como lo estropea su título en español, si estuvimos dispuestos a acompañar a la película desde el comienzo, aquí es donde se gana su mote de obra maestra. Hay una línea muy delgada que maneja el director, donde casi nos logra convencer que todo está sucediendo en la cabeza de los personajes, sobre todo en la madre, Annie y el hijo mayor, Peter. Ese es el engaño maestro de Hereditary. Estamos tan conectados y angustiados que no queremos creer que los personajes han enloquecido, pero la única otra opción es que realmente han sido víctimas de posesión infernal y maleficio. No hay respuesta ni salida fácil, y ahí es donde el terror se hunde. Una capa abajito de la piel. En las secuencias finales se ejecutan todos los trucos del manual, y para entonces ya estamos rendidos, en trance, poseídos por el cinema. Asustados, tensos, en shock nervioso. La película chifla y se come el pinole al mismo tiempo. Te reduce las defensas y luego arroja su punzada mortal. En más de una manera, eso es el horror. —MJB

  1. […] más allá de éste año para tener ejemplos opuestos del cine que explora herencias malvadas. Hereditary es explícitamente sobre un horrible legado que atraviesa tres generaciones de mujeres en la […]

    Me gusta

    Responder

  2. […] a continuar con la conversación de la semana pasada sobre Hereditary, ¿les parece?, prometo que se conectará con El […]

    Me gusta

    Responder

  3. Mas aterradora de la historia?? Omg, sin ser experta en nada de cine, solo una persona normal que disfruta mucho ir, no puedo decir mucho de esta pelicula, solo que me dio risa.

    Me gusta

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: