Ocean’s 8 (2018)

Siendo una película que reinventa una franquicia establecida, con un elenco femenino, no puede evitar sentirse como una declaración. Aunque el mensaje se sienta medio cocido. Hay un chiste que se burla de cómo Hollywood todavía se rehúsa a contratar a mujeres para puestos de dirección… en una película dirigida por un hombre.

por Alberto Villaescusa R.

(Ocean’s Eight: Las Estafadoras, Gary Ross, 2018)

Ocean’s 8, un spin-off de la trilogía que inició con Ocean’s Eleven, contiene un elenco totalmente nuevo y un bienvenido giro a la premisa original, pero nunca se siente que tiene una identidad propia. Esto es a la vez algo bueno y algo malo: por un lado mantiene el espíritu de las tres películas dirigidas por Steven Soderbergh; –a su vez inspiradas en una película de 1960 protagonizada por Frank Sinatra, Dean Martin y Sammy Davis Jr.– por otro lado uno esperaría que un excelente elenco femenino le permitiera tomarse más libertades. Ya no se cuenta la historia de Danny Ocean, el confiado estafador interpretado por George Clooney. Su protagonista es Deborah Ocean, su hermana, una estafadora interpretada por Sandra Bullock. Como hizo Danny en la película de 2001, Debbie es liberada de la cárcel e inmediatamente se reúne con una vieja cómplice, Lou (Cate Blanchett), para planear una nueva gran estafa (pero no La Nueva Gran Estafa, estrenada en 2004).

Debbie y Lou arman un equipo especializado para robar una gargantilla de diamantes valuada en 150 millones de dólares en la gala del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Este equipo contiene, además de Bullock y Blanchett, a un elenco de consumadas estrellas, talentosas actrices de reparto y una verdadera revelación: Mindy Kaling como una fabricante de joyas; Sarah Paulson como una madre suburbana y mercantilista, Awkwafina como una timadora callejera, Rihanna como una hacker y Helena Bonham Carter como una diseñadora de modas que ha visto mejores días. La actriz Daphne Kluger (Anne Hathaway) será su octava cómplice sin saberlo.

Siendo una película que reinventa una franquicia establecida con un elenco femenino (a la Ghostbusters de 2016), Ocean’s 8 no puede evitar sentirse como una declaración. El que el equipo se componga sólo por mujeres es parte importante del plan de Debbie quien, mitad en broma, mitad en serio, dice que, más que el dinero, lo que busca es inspirar a esa hipotética niña de ocho años que sueña con ser estafadora. Es un simpático chiste que pone en perspectiva como la mayoría de las películas de Hollywood sirven como fantasías para los niños varones. Pero como la película misma, el mensaje se siente medio cocido. Hay un chiste que se burla de cómo Hollywood todavía se rehúsa a contratar a mujeres para puestos de dirección… en una película dirigida por Gary Ross, un hombre.

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Es de otra manera tan ligera como lo puede ser una película de Hollywood. No hay obstáculos que de verdad se interpongan entre los personajes y su objetivo ni situaciones que generen mucho drama. Esto no es necesariamente un problema; el placer de la película es ver cómo personajes inteligentes y profesionales resuelven lo que se les aparece en el camino. A veces se siente algo de tensión, pero es mayor el placer de ver interactuar a este grupo de talentosas actrices que, a pesar de interpretar personajes súper hábiles, nunca dejan de compartir una juguetona camaradería.

Se extraña un villano como el de Andy García la primera parte. Aquella película no nos hace dudar de que Danny Ocean se va a salir con la suya, pero el personaje de García tiene suficiente presencia para recordarnos que posee verdadero poder y plantea un considerable peligro. También es parte integral de la trama, siendo la actual pareja de Julia Roberts (la ex-novia de Danny). Ocean’s 8 trata algo parecido con Richard Armitage, quien interpreta a Claude Becker, un comerciante de arte y el ex-novio de Debbie, responsable de meterla a la cárcel. Pero Becker apenas juega un papel secundario en la película y en el plan, y su caracterización es la de alguien demasiado despistado como para ser un verdadero obstáculo.

Más que nada, se extrañan las contribuciones de Soderbergh detrás de la cámara (regresa como productor), sus cuidadosos encuadres y sus ingeniosos cortes. No es que aquí falte estilo, pero su fotografía y edición no están a la altura de sus vestuarios y las locaciones neoyorquinas de la película. Los intentos de crear dinamismo, mediante transiciones que recuerdan menos a una película que a una presentación de Power Point, terminan restándole elegancia a lo que debería ser un atraco a uno de los lugares más exclusivos del mundo.

No es mal lugar para empezar una nueva franquicia. Las actrices son carismáticas y las situaciones, sacadas de un género que ya no se ve mucho hoy en día, la hacen el raro spin-off o secuela que se siente refrescante. Pero la película necesita ir un paso adelante y encontrar una mejor manera de aprovechar a sus actrices, particularmente a Sandra Bullock. Debbie Ocean no le da mucho que hacer a una genial actriz con la capacidad comprobada de cargar con el peso de una película entera. Su caracterización se limita a ser la hermana de Danny Ocean y orquestar a un grupo de personajes que parecen divertirse mucho más en sus papeles. Hay un momento en el que Debbie se pone a pensar lo mucho que a Danny le habría encantado su plan. Creo que le hubiera gustado más si hubiera tomado más riesgos. —AVR

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