El Habitante entre nosotros

En El Habitante, su director Guillermo Amoedo juega en el arena de una convención del género: La invasión de hogar. Un tropo que funciona porque la casa es el único bastión que tenemos para refugiarnos de los horrores de afuera, desde lo literal, como un ataque zombi, hasta conceptos más abstractos como la inseguridad social o violencia de tribu.

por Mickey J. Brijandez

(El Habitante, Guillermo Amoedo, 2017)

Vamos a continuar con la conversación de la semana pasada sobre Hereditary, ¿les parece?, prometo que se conectará con El Habitante.

En aquel texto hable un poquito sobre las expectativas al momento de checar una película, y lo problemático que puede ser comparar una con otras previas. En aquella ocasión estábamos evaluando únicamente su cualidad de clásicos y que tan pronto era “pronto” para determinar cierto cine como trascendental. Nunca hablamos a detalle de la similitud de temas o líneas narrativas. Muy por la superficie comenté que lo que tiene en común mucho del cine clásico de horror es que se trata sobre la de-construcción familiar, desde lo simbólico, psicológico hasta lo literal, descuartizando integrantes.

La originalidad es un tema complejo en el cine. Es un arte que lleva más años existiendo que cualquier persona sobre la faz de la tierra y es, no probable, un hecho, que en ese siglo y fracción muchas películas van a contar historias parecidas, a veces escalofriantemente similares. El argumento para evaluar o descalificar una movie no debería enfocarse solo en esa condición (hay que admitir, es un gran reto) sino en la visión particular del director y las cosas que él mismo trató de poner sobre la mesa. Es como si no te pudieras enamorar de una mujer otra vez solo porque ya te has enamorado de mujeres antes. Todas son diferentes personas, con ideas y visiones del mundo propias.

En el caso de El Habitante, su director Guillermo Amoedo juega también en el arena de otra de convención del género: La invasión de hogar. Es un tropo que funciona porque la casa es el único bastión que tenemos para refugiarnos de los horrores de afuera, desde lo literal, como un ataque zombi, hasta conceptos más abstractos como la inseguridad social o violencia de tribu. Aún así, Inception-like, podemos sumar otro nivel de invasión que es más atemorizante: la del cuerpo humano. Donde perdemos control de nuestras funciones motoras para darle acceso a entidades malignas de habitarnos y manipularnos. En ese terreno es donde nos sumerge Amoedo, no solo en un asalto al hogar, también en la posesión demoniaca. Es un dos por uno que no siempre funciona, pero la película hace su mayor esfuerzo por malabarear elementos. Y donde quizás un guión menos pensado hubiera dejado muchas cosas al azar, Guillermo logra darle un sentido de propósito a todos los eventos que rodean la trama.

Spoilers probablemente, a continuación:

Tres hermanas; Camila, María y Ana; sin conexión aparente con la residencia que deciden invadir y robar, fuera de conocer sus deficiencias en el sistema de seguridad, resulta tienen más en común con el recinto de lo que pareciera. Cuando decidieron irrumpir en el hogar de la familia Sánchez-Lermontov, no contaban con que la hija menor, Tamara, estaría poseída por el chamuco. Suena como un mix extraño, pero no tanto cuando la película inteligentemente se da el tiempo de indagar en el pasado religioso de las hermanas y como éste afectará el destino de cada una de ellas, en especial el de la increíble “debo confesar que tengo un crush” actriz María Evoli.

el habitante poster

Evoli es la jugadora más valiosa de la cinta -del mismo modo que lo fue en Tenemos La Carne de Rocha Minter- porque, aunque no empieza con la personalidad más fuerte, se me ocurren como cuatro personajes por encima, mucho de la conclusión del film (y de la raza humana, sospecho) cae en sus manos y lo determinan sus acciones. María (homónima en la vida real) y Camila (Vanesa Restrepo) tuvieron una crianza violenta, llena de abuso sexual y mental, a manos de su encumbrado por el fanatismo religioso padre. A medida que la película avanza, nos damos cuenta que “el habitante” no solo es la entidad que se ha apropiado de Tamara, sino los demonios figurativos en el pasado de las chicas.

Y no solo de ellas. Vamos a movernos a un plano más amplio. No es coincidencia que tres de las películas de horror mexicanas más grandes (en cuestión de presencia comercial) de los últimos tres años; Vuelven, Km 31 – parte 2 y ahora El Habitante; tienen como trasfondo una familia de políticos o miembros corruptos del gobierno que “sin querer queriendo” son esenciales para detonar los elementos sobrenaturales. Es una crítica (con diferentes niveles de incisión y/o intención, claro) entre López, Castañeda y a ahora Amoedo, al sistema político de un país que es habitado por demonios. Entidades que entorpecen las funciones motoras de una nación y gobiernan con sus propias maléficas agendas. Se sienten como statements de parte del nuevo cine de horror mexicano, denunciar nuestros más grandes problemas en el marco de una historia de fantasmas.

Especialmente en El Habitante, ensamblado de lo que me gusta llamar lógica de pesadilla, o el sueño pesado durante una fiebre, el fever dream. María tiene visiones de su pasado, intercaladas con las incertidumbres del presente. Los abusos cometidos durante años sobre ella, su facultad de olvidarlos, dejar atrás; cargarlos para siempre o perdonar. Los bíblicos “pecados del padre” son transmitidos a la hija, de generación en generación. Tanto a María, sus hermanas y literalmente a Tamara (el demonio es invocado por sus padres). Es la manera de la película de decir “somos lo que se nos imparte”. Y esto puede funcionar a un nivel familiar, social, o incluso religioso.

En sus minutos finales, el film nos demuestra como los males que habitan en el interior trascienden el hogar invadido, tres hermanas trastornadas, una familia corrompida o las riendas de una nación. La maldad puede redefinir el curso del mundo. El epilogo se balancea entre recordarnos que el cambio y la facultad para hacer el bien comienza con uno mismo, pero en su desesperanzador final, también nos recuerda que por más que lo intentemos, tal vez sea inútil o demasiado tarde.

Sin temor a caer en la repetición: En más de una manera, eso es el horror. —MJB

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