El mundo es un vampiro: Blood Suckers from Outer Space (1984)

Se siente como una sátira adelantada a su época, parodiando al cine de aliens, zombies y vampiros. Tal vez no a la perfección, pero lo hace de un modo tan ingenuo que en lo que terminamos de decidir si fue intencional o mera incompetencia, ya estamos tirados en el piso carcajeando.

por Mickey J. Brijandez

(Blood Suckers from Outer Space, Glen Coburn, 1984)

Muy probable Terror es la mejor película que he reseñado en esta sección, o sin duda a nivel personal mi favorita; pero Bloodsuckers indiscutiblemente debe ser el mejor descubrimiento. Poco he hablado de la labor titánica de restauración que hacen los héroes del cinema en Vinegar Syndrome y todas las películas recomendadas hasta el momento tienen una calidad de imagen nítida e impecable. Se ven lo mejor que han sido experimentadas en su larga vida.

Por ejemplo, una película así, vista por décadas en malos transfers de VHS o copias de resolución standard en DVD, jamás sería alabada por su cinematografía; pero en una transferencia tan reluciente como ésta (de negativo 16mm a 2K digital), sobresale la intención visual que le imprimió tanto el director, así como su fotógrafo Chad D. Smith. No porque sea magistral, sinceramente, pero porque resulta toda una cápsula audiovisual de tiempo.

Dicho eso, no solo es un periodo especifico congelado en video, en muchos otros aspectos se siente como una sátira o spoof adelantado a su época. De entrada, parodia al cine de aliens, zombies y vampiros (los mentados bloodsuckers del título son una cruza entre las tres mitologías). Tal vez no a la perfección, pero si de una manera más inteligente de lo que aparenta. Hay diálogos super-explicativos, llenos de exposición, que son un trope malo del género; pero lo hace de un modo tan ingenuo que en lo que terminamos de decidir si fue intencional o mera incompetencia, ya estamos tirados en el piso carcajeando.

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Deja me’cho una pestañita.

Blood Suckers from Outer Space habla de una invasión alienígena sobre los rincones más incultos de Texas, donde los humanos invadidos adquieren el look y la actitud de un zombie, pero siguen capaces de comunicarse con los vivos (y entre ellos mismos) para manipularlos a chupar su sangre, como vampiros. Glen Coburn, quién solo hizo una película inconseguible posterior llamada Tabloid (1985), trata de satirizar con un limitado presupuesto a todos los sectores sociales y políticos más recurrentes en éste tipo de cinema y las ridículas caricaturas en las que se convierten. Incluso muchas películas, hasta el presente, todavía nos piden que los tomemos en serio: El cuerpo de policía limitado e incompetente, un pueblo religioso-conservador e ignorante, científicos con sus advertencias de apocalipsis ignoradas; hasta una milicia autoritaria y despiadada, interesada solo en la supremacía nacional del Presidente y los Estados Unidos de América.

Nuestro héroe es Jeff, fotógrafo y artista del pueblo, quién tiene aspiraciones más grandes que el resto. Su familia quiere que se dedique a la misma labor de generaciones previas: La pacífica y sencilla vida de cultivar la granja. Él se rehúsa. Cuando al fin decide escapar de su prisión familiar, conoce a Julie, una chica que comparte su espíritu anarquista y no es casualidad que sean ellos en quienes cae la responsabilidad de salvar al pueblo. El resto de la comunidad, aquella que ha aceptado someterse a las normas sociales y contener sus frustraciones, es la que termina zombificada. Entes indistinguibles de la masa. En cambio, nuestros atractivos rebeldes, Jeff y Julie, y su resistencia a ser parte de la tradición, son quienes resultan inmunes a los ataques. Los muertos vivientes nunca dejan de intentar absorberles la sangre y el cerebro, convertirlos a una existencia de monotonía. Como les contaba, el director Coburn tiene un discurso más complejo del que aparenta.

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Cuando los hijos se van.

Si nos mudamos un poquito a los elementos técnicos, los efectos especiales de tripas y sangre sorprenden ya que todo el tiempo tenemos una mitad del cerebro pensando en el bajo presupuesto. Incluso sobraron algunos centavos para pagarle a una banda que cantara y le pusiera letra a los temas principales de la movie, en toda la vena del cheesy keyboard-rock de los ochenta (les dejaré una muestra debajo).

 They’re Out For Blood / Emilie Aronson, Ann Armstrong, Steve Hughes

Hay una búsqueda eterna que tenemos muchos fanáticos del cine low-budget u horror al margen de la historia (ya mencionaba al inicio como éste film me resultó todo un hallazgo) para encontrar esas películas que se disfrutan mejor en grupos o una reunión. Party movies les llamo yo; esas que trascienden su corrida original en salas o video-entretenimiento personal para convertirse en clásico de fiestas. Y afortunados somos cuando la búsqueda termina, gracias a la arqueología fílmica que hacen muchos de estos sellos de boutique, protectores y distribuidores de cinema —más que de culto, oculto— y lo arrojan sobre vacíos existenciales que ni siquiera sabíamos que teníamos. —MJB

Ésta publicación es parte de una serie de reseñas de los lanzamientos recientes en DVD y Blu-ray de Vinegar Syndrome, compañía de restauración y distribución de cine. Pueden adquirir Blood Suckers from Outer Space (1984) en Blu-ray y DVD directo en su sitio web (hay envíos internacionales) o en Amazon México.

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