Mission: Impossible – Fallout (2018)

No salimos de la sala de cine con infinidad de preguntas, ni nos interesa cuestionarnos más allá de lo debido. Salimos frescos y con la impresión de que esta película quedará como un recuerdo auténtico.

por Giovanni Romero

(Misión Imposible: Repercusión, Christopher McQuarrie, 2018)

El final hace la película, esto funciona según la observación activa del fenómeno cinematográfico. Y como vulgar contraposición a Robert McKee, podemos enunciar un aforismo que le es inmanente a la saga: no importa el final, ya sabemos que Ethan Hunt (Tom Cruise) lo logrará, lo verdaderamente importante es cómo lo hará.

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Es un filme que cumple con la urgencia de acciones mecánicas y el asombro ante imágenes de dimensiones monumentales. Sin embargo, la función de ésta como película de acción logra enmarcar dicha inmediatez como un triunfo. No hace falta ser tan profundos y enfangarnos en una trama de experiencias existenciales, de cómo la acción sigue vigente y no nos defrauda.

Los viejos trucos son utilizados y no nos sentimos fatigados por la repetición, nos harán creer muchas cosas y después volvemos a ese sitio seguro donde todo sale bien para los protagónicos, en la medida en que la consecución corresponde directamente a sus acciones dentro de la trama.

Y ahí es donde reside la magia de la fórmula, ésta puede ser tan puntual y genérica, empero, la película no anhela más de lo que obtiene dentro de su propia categoría y eso fácilmente puede comprobarse. Nos abordan con sorpresas sobre el engaño y reconfiguran excesivamente nuestras concepciones sobre la traición, la ruptura de la lealtad.

La trama sólo puede ser sostenida por sus imágenes formales, la emoción es sustituida por el asombro y la profundidad por una impresión estética. Si nos limitamos a verle como tal, excluimos la sustancia de un análisis no menos atractivo. Tenemos a nuestro protagonista siendo el inagotable cúmulo de energía que lo caracteriza, imbuido en un conflicto externo sobre armas de potencial nuclear; podríamos echar un volado y dejar a una cuestión de azar la significación del filme, más allá del texto que leen las persecuciones, panorámicas y los atrevimientos de un hombre inalterable.

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Ethan Hunt se ve entre la virtud y el defecto, la imperfección es lo que le hace humano y nos posiciona dentro de una lectura livianamente interior. Entre salvar a su equipo y a un millón de personas ¿cómo éste tendría la posibilidad de elegir? Elige inmediatamente, respecto a una decisión afectiva y no formada en el intelecto.

La amenaza latente no se siente tan asfixiante, anteriormente temíamos de las habilidades de nuestros protagonistas, de cómo la situación los obligaba a rendir al máximo. En esta nueva entrega de la saga y la anterior, la presión ejercida no incide sobre las aptitudes del espía, sino el tiempo en que éste pueda utilizarlas para salvar al mundo.

No pocos vamos a generar una tremenda analogía en esta faena, tenemos la habilidad de realizar los más grandes actos de heroísmo y contribuir activamente a la rehabilitación de una sociedad siempre en peligro. Pero, atemorizados por el tiempo, partícipes de una desesperación terrenal, nos sentimos orillados a disipar esa buena voluntad de hacer algo significativo por el simple temor de que no nos alcance el tiempo.

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Lo que hace verdaderamente aventados a nuestros protagónicos es no permitirse disolver la acción por esas limitantes, los quince minutos no nos asfixian porque confiamos en la inalterabilidad del equipo, como espectadores les damos toda la carga de no arruinarnos la expectativa por la desesperación de un contador en reversa.

La persecución eterna, el manejo de identidades confusas, la manipulación estética mediante prostéticos, el exagerado plot twist de cada tres minutos en el desarrollo; todos estos temas son bienvenidos en ésta sexta entrega que recolecta información del génesis de toda acción direccionada a entretenernos inmediatamente. No salimos de la sala de cine con infinidad de preguntas, ni nos interesa cuestionarnos más allá de lo debido.

Salimos frescos y con la impresión de que ésta película quedará como un recuerdo auténtico, sólo por mera exigencia, no porque perdure por extraordinaria. —GR

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  1. […] cargar con un peso emocional inesperado en éste tipo de cinema. Para que Ethan Hunt de la saga Mission Impossible o James Bond de la saga 007 funcionen, tienen que ser bastardos descorazonados en apariencia, […]

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  2. […] Sin embargo, nunca se toma tan poco en serio como debería. Es una película de serie B que desafortunadamente cuenta con un alto presupuesto (alrededor de 150 millones de dolares). Su estética futurista disipa mucho de su peligro; en ella, la exploración submarina luce tan estéril y llena de pantallas como una tienda de Apple. El submarino de Jonas tiene monitores digitales en lugar de ventanas y la estación submarina en donde se desarrolla mucha de su acción nunca se siente como un lugar en el que personas viven de verdad. Nada en la película resulta tan inmediato, y por ende emocionante, como un minuto cualquiera de Mission: Impossible — Fallout. […]

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