Ya Veremos (2018)

Era difícil hacer una película peor que El que busca encuentra (2017) pero Pedro Pablo Ibarra lo consiguió. Todo lo ameno que pudo tener se pierde con tantos sin sentidos y la enviará a su inevitable olvido. 

por Javier Espinoza

(Ya Veremos, Dir. Pitipol Ybarra, 2018)

Era difícil hacer una película peor que El que busca encuentra (2017) pero Pedro Pablo Ibarra lo consiguió. La película parte de una buena idea, en la que Santi (Emiliano Aramayo) es un niño a punto de quedar ciego, y que utiliza el preámbulo a la operación que podría salvar su vista, para tratar de unir a sus divorciados padres al realizar un tipo bucket list. Todo parecía muy bien, hasta que llegamos al desarrollo de la trama.

Por ejemplo, el score un es digno heredero de la tradición melodramática de décadas de telenovelas mexicanas, buscando exaltar escenas débiles con trillados elementos musicales. Ni hablar de los diálogos. Hay una escena en la que están en Acapulco y Rodrigo (Mauricio Ochmann) le dice a Alejandra (Fernanda Castillo) “¿habías regresado desde la última vez?“. En otra lindura de escena, ella se sorprende de que él recuerde todos los alimentos a los que es alérgica, pues obvio, además de ser el ex-marido también es doctor, y esos datos son relevantes para él.

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Justamente, hablando de su profesión, se supone que Rodrigo es doctor y trabaja en el mejor hospital de la ciudad de México. Vive en un departamento que se aprecia de un buen nivel adquisitivo, pero, por alguna razón —tal vez para crear contraste entre el actual prometido de Alejandra, Enrique (Erik Hayser), sobrino del tercer hombre mas rico del país, o del mundo, da igual— anda en una camioneta de modelo viejo sin justificación alguna. No se explica si es algo romántico o no le alcanza para una nueva, en fin, el detalle no empata.

En relación a la lista de cosas que Santi quiere hacer antes de su operación, ¿qué padres en su sano juicio dejarían manejar un vehículo a un niño que está perdiendo la vista?; al parecer los dos incluidos aquí. En otro renglón de la lista pone: pintarse el cabello de azul, para lo cual van a una barbería donde no los atienden estilistas, sino dos barberos, en la que debe ser la barbería mas moderna y hipster para hacer decolorado y tinte (que por cierto, se veía super-falso y unas cuantas escenas después desapareció).

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Sobre el casting, Fernanda Castillo hace lo que puede con lo poco que le dan; en algunas escenas Mauricio Ochmann parece que tiene estrabismo (a lo mejor como referencia directa al título de la película) pero, por decir poco, está raro. El actor principal, Emiliano Aramayo, está sobre-actuado en muchas escenas. Viene a la mente Luis Amaya (Ayúdame a pasar la noche, 2017), un actor que pudo haber hecho un mejor trabajo, .

Al final, todo lo ameno que pudo tener la película se pierde con tantos sin sentidos, lo que la enviará a su destino inevitable: el olvido. —JE

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