Hotel Transylvania 3: Summer Vacation (2018)

Es como un episodio de una caricatura para niños estirado a 97 minutos, en una serie de gags que nacen de las posibilidades cómicas de colocar villanos sobrenaturales del cine clásico en situaciones vacacionales típicas, y en su mayoría funcionan gracias al talento visual del director Genndy Tartakovsky.

por Alberto Villaescusa R.

(Hotel Transilvania 3: Monstruos de vacaciones, Genndy Tartakovsky, 2018)

Es raro decir esto de un proyecto cinematográfico encabezado por Adam Sandler, pero la primera entrega de Hotel Transylvania fue algo revolucionaria. Antes de ella, la animación por computadora en tercera dimensión, cómo las primeras películas de Pixar, se limitaba a trabajar con formas más o menos rígidas y reales. Poseían mayor volumen y texturas, pero carecían de la elasticidad de la animación tradicional en dos dimensiones. Todo hasta que Genndy Tartakovsky, mejor conocido por su trabajo en televisión para El laboratorio de Dexter, Samurai Jack y Star Wars: Guerras clónicas (no confundir con Star Wars: Attack of the Clones), tomó las riendas de un proyecto en el que Sandler y la casa de amimación Sony se habían estancado por años.

El trasfondo de Tartakovsky –caricaturas altamente expresivas, llenas de movimientos exagerados y comedia visual– no parecía acomodarse del todo a la dirección que estaba tomando la animación Hollywoodense. Pero la voz de Genndy triunfó sobre las limitaciones tecnológicas, y durante la producción de Hotel Transylvania desarrollo técnicas totalmente nuevas para hacer en tres dimensiones lo que él era reconocido por hacer en dos. En imágenes fijas, el Drácula de Sandler tenía el volumen y textura de cualquier creación animada en tercera dimensión, pero en movimiento, podía cambiar de tamaño, forma y postura con enorme rapidez y claridad.

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El mundo no prestó mucha atención. El primer largometraje animado de Tartakovsky no le ayudó a hacer realidad sus proyectos soñados, como nuevas versiones cinematográficas de Popeye y su propio Samurai Jack. En su lugar, se quedó una vez más encargado de llevar los chistes de Sandler a la pantalla. La producción de Hotel Transylvania 2 fue especialmente tensa, con Sandler y su guionista Robert Smiegel básicamente adueñándose del proyecto y chocando sobre elementos de la animación con una de las más reconocidas figuras del medio.

Genndy regresó para Hotel Transylvania 3: Summer Vacation, pero ahora con algo más de control: él y Michael McCullers (quien cuenta con varios créditos en comedias, ninguna de Sandler) quedan encargados del guion. El cambio no fue muy drástico; ésta es menos una película personal que una insustancial serie de chistes insertados en una trama muy endeble. Es como un episodio de una caricatura para niños (de esas en las que Tartakovsky se dio a conocer) estirado a una duración de hora y media.

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Después de décadas de operar un hotel en el que él y los demás monstruos de las historias de terror pueden refugiarse del mundo de los humanos, y de haber perdido a su esposa, el conde viudo Drácula (a quien muchos se refieren con el apócope Drac) una vez más desea conocer a alguien con quien compartir su vida. Mavis, su hija, escucha sus frustraciones a hurtadillas, pero las interpreta como fatiga de trabajo y decide llevarlo a él, y los demás residentes del hotel, a un crucero. El chiste es que están dejando un hotel por lo que es básicamente un hotel sobre el mar.

No hay mucho más que agregar a esta descripción. Los 97 minutos de la película son una serie de gags que nacen de las posibilidades cómicas de colocar a los villanos sobrenaturales del cine en situaciones vacacionales típicas y en su mayoría funcionan gracias al talento visual del director. El guion aprovecha las atracciones extravagantes del crucero, pero también bucean, van a la playa y a la ciudad perdida de la Atlántida, que aquí es reinterpretada como una Las Vegas submarina. Una de sus mejores secuencias encuentra a Drac y compañía viajando en un avión operado por las criaturas de Gremlins. Puede parecer sacrílego de una película animada apropiarse así del clásico ochentera de Joe Dante, pero si alguien puede recrear la maníaca agilidad de ésta, es Tartakovksy.

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Con una trama tan simple, es de esperarse que el amplio elenco de las películas tenga sub-tramas mínimas. Wayne, el hombre lobo, y su esposa Wanda, con su camada de cientos de lobitos, se convierten en un chiste de los padres que tienen que viajar con hijos. Murray la momia se mantiene en el fondo, sólo ahí para cuando la película le encuentre un buen chiste. Griffin, el hombre invisible y Frankenstein vienen acompañados de sus ruidosas esposas, el mayor rastro de la influencia de Sandler siendo el estereotipo de las esposas regañonas. La excepción es por supuesto Mavis, quien con su esposo Johnny se encargan de cuidar de su hijo Dennis y de que el abuelo Drac se la esté pasando bien.

El único conflicto es creado por la capitana del barco Ericka (cuyo diseño recuerda un poco a Betty Boop), y de quien Drac se enamora a primera vista. Ella tiene un secreto: es la bisnieta de Abraham Van Helsing, el eterno rival de Drácula, quien se ha mantenido con vida desde el siglo XIX gracias a un aparato que lo hace parecer una versión steampunk del Capitán Pike de Star Trek y que busca obtener su venganza después de muchos años.

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Funciona mejor cuando no se enfoca en su trama. Nunca se cuestiona su universo (¿por qué Van Helsing quiere destruir a Drácula? ¿qué tan sostenible es una relación entre Drácula y Ericka cuando ésta es una humana y éste un vampiro inmortal?), no porque los niños no puedan comprender estos conceptos, sino porque estas preguntas de verdad no importan. La técnica y estilo están inspirados en una tradición animada que tristemente se ha perdido en el cine comercial. La secuencia en que Ericka trata de destruir a Drac es una viva recreación del espíritu de dinámica del Coyote y el Correcaminos. Otra en la que ambos se escabullen por las ruinas llenas de trampas de un templo perdido, es como Indiana Jones imaginado por Tex Avery.

Es un poco triste que estos brillantes momentos se vean obligados a coexistir con referencias a canciones populares, colocación de productos de Sony y un humor más crudo y fácil (aunque la película sí cuenta con uno de los pocos bien construidos chistes de pedos que recuerdo). Para bien o para mal, Hotel Transylvania 3: Summer Vacation es lo más cercano que el cine animado comercial de hoy ofrece a las caricaturas clásicas. Pero sí, soy honesto, recomendaría más volver a ver los clásicos mencionados en esta reseña que la película en sí. —AVR

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