Haciendo un teatrito: Blood Theatre (1984)

Hay dos variantes en el sub-género del “cine dentro del cine”: Películas que ocurren en lo abstracto, como su conceptualización o manufactura; y aquellas como Blood Theatre donde literalmente suceden dentro del teatro. Una sala, el lobby, sus pasillos, la cabina de proyección, ventanilla de boletaje, la marquesina y otros etcéteras.

por Mickey J. Brijandez

(Blood Theatre, Rick Sloane, 1984)

Prometo que no es intencional auto-citar mi review de Terror en todas las entradas de ésta sección. Que sirva de ejemplo acerca del poder de aquella película para permanecer en mi cabeza, sobre todo por su exploración de un sub-género que tanto me fascina. El del “cine dentro del cine”. Lo que no había contemplado, es que ese tópico a su vez puede contener dos variantes: películas que ocurren en el mundo del cine como algo abstracto, es decir, su conceptualización, manufactura y la relación del producto terminado con sus espectadores, más múltiples situaciones que todo eso puede implicar; y aquellas que al decir “cine dentro del cine” se están refiriendo a historias que literalmente ocurren dentro de un cinema. Un teatro, una sala, un lobby, sus pasillos, la cabina de proyección, ventanilla de boletaje, la marquesina y otros etcéteras.

En ese micro-género opera Blood Theatre de Rick Sloane. Tan micro que podemos contar otras referencias con los dedos de una mano (quizás exagero, suelo hacerlo) pero me vienen a la memoria ejemplos como Dèmoni (1985) de Lamberto Bava o Popcorn (1991) de Mark Herrier. Y ojo, ambas están fechadas después.

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¿De que va a querer su hot dog?

Antes de gritar plagio, o mínimo inspiración, es poco probable que Bava o Herrier o cualquier otro director hayan visto Blood Theatre en su corrida original, porque nunca tuvo una. El mismo Sloane menciona en el comentario de audio incluido en éste release de Vinegar Syndrome que la película surgió como un mero proyecto estudiantil. El colegio de cine donde atendió financiaba cortometrajes para sus alumnos, pero Rick tuvo la salvaje idea de aventarse y ensamblar una cinta de larga duración con el presupuesto para una corta. Aún con las deficiencias notorias que eso trajo, no le fue impedimento para conseguir distribución directo a video; eran tiempos de oro en la industria creciente del videocasete y la idea de lanzar al mercado cantidad sobre calidad fue una constante (incluso hay muchas plataformas digitales que hasta la fecha). A Sloane le resultó absurda la experiencia posterior que tuvo con su escuela. Primero se molestaron por haber hecho un film de 75 minutos a sus espaldas –estaba sobreentendido solo rodaría un corto– y al año siguiente lo invitaron a impartir un masterclass por ser el único estudiante (apenas 22 años viejo) con una película distribuida en video-clubs. ¡Salvaje!

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El Sr. Murdock y las piernas de Mary Woronov

¿De qué va el plot, pues? El dueño de los cinemas Spotlite desea abrir otra sucursal en un teatro viejo y abandonado, recién adquirido, al otro lado de la ciudad. Su intención es mandar a un grupo de sus mejores empleados, vendiéndolo como “acenso” pero en realidad es una especie de castigo. Aquellos valientes que estén dispuestos a aceptar la transferencia, inmediatamente serán promovidos a gerentes, siempre y cuando primero limpien, ordenen y lo dejen casi, casi reluciente para su re-estreno, como cine nuevo.

El problema es, tal como lo presenta el prólogo del film, el teatro fue cerrado hace décadas tras una serie de asesinatos ocurridos en su interior y un fuego apabullante que lo consumió todo. Hay espíritus del pasado deambulando por los pasillos, moviendo plantas, reventando lámparas, cerrando puertas, desvistiendo chicas y asustando a los nuevos arrendantes. Hago énfasis aquí en desvistiendo chicas, porque hay instantes en que se pretende mantener viva la tradición del nudie cutie (“desnudez mona” solo por el afán de tenerla), sin cruzar la línea hacia lo ofensivo o lo explícito. Por ejemplo, el teatro tiene unos vestidores de gimnasio (¿?) con casillero solo para justificar que las empleadas salgan de su vestimenta civil y se metan en sus ajustados uniformes.

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 Así son los vestidores de tu Cinepolis favorito.

En otros momentos, es bastante claro que el director está homenajeando pelis como The Shining o slashers hipnotizantes de la época, y aunque nunca llega a la maestría de alguno de ellos, es evidente que se trata del proyecto de un escolar de cine en formación. Esas son de las mejores secuencias porque es donde Sloane logra ensamblar montajes de ensueño, o surreales, memorables. De hecho, haya sido la intención o no, la película adquiere picos de monotonía cataléptica donde es imposible no quedarte admirando sus imágenes. La de una joven atrapada en una máquina de palomitas gigante, por ejemplo. O cuando la audiencia es sujeta al screening de un film, y los avances previos a la función estelar te introducen meta-narrativamente al evento de estar sentado en una sala de cine. Incluso muchos de los trailers parecen más atractivos que la película que estamos viendo. Sean honestos y levanten la mano si no preferirían ver una movie llamada Nightmare of the Lost Whores o Clown Whores of Hollywood!

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Inocente palomita.

Rick Sloane admite haber sido un fanático empedernido de Hollywood Boulevard (1977), la opera prima de Joe Dante, co-dirigida junto a Allan Arkush y le sorprendió bastante cuando una de las actrices de dicha movie, Mary Woronov, icono del cinema psicotrónico de su generación, aceptó salir en el proyecto, en un rol menor del entonces chavo de 21 años. Para extender las conexiones de Sloane con el cine de Dante, una de las entradas más famosas en su filmografía es Hobgoblins (1988), calca de tercer grado que se originó con cintas como Gremlins (1984), o en una escala mediana, Critters del ‘86.

Realmente no puedo explicar el efecto de drone que ésta movie provocó encima de mí; me mantiene inmerso a la pantalla sin querer apartar los ojos. Pueden estar contentos de que ya encontré otra opción para que reemplace mi obsesión con Terror. Su restauración visual es impresionante, aunque a estas alturas no hace falta reiterarlo (ya lo mencionaba al inicio de mi review pasado). Una curiosidad extra es que éste lanzamiento en blu-ray incluye la segunda película completa de Sloane, The Visitants (1986), en sus special features; aunque no he tenido chance de “visitarla” (ya se las platicaré luego) pueden considerarlo como una atractiva oferta secundaria que vale por el boleto de una. —MJB

Ésta publicación es parte de una serie de reseñas de los lanzamientos recientes en DVD y Blu-ray de Vinegar Syndrome, compañía de restauración y distribución de cine. Pueden adquirir Blood Theatre (1984) en Blu-ray y DVD directo en su sitio web (hay envíos internacionales) o en Amazon México.

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