Avenida Bugambilia (2018)

Avenida Bugambilia (2018) trabaja con material sensible, lo remueve de manera que pasa desapercibida para las almas desinteresadas. Sólo la disposición del espectador podrá apropiarse la esencia de la poesía visual que reviste este documental.

por Giovanni Romero

(Avenida Bugambilia, Dir. Paulina Casmur, 2018)

Avenida Bugambilia trabaja con material sensible, lo remueve de manera que pasa desapercibida para las almas desinteresadas. Sólo la disposición del espectador podrá apropiarse la esencia de la poesía visual que reviste este documental.

La particularidad reduce la apropiación del texto fílmico, empero, antinómicamente, extiende el posible incremento de una relación espectador/documental más íntima. El desahogo emocional a través de imágenes aparentemente inconexas es la forma del artista para renovarse, contemplar los grandes paisajes e ínfimas manifestaciones de la naturaleza es un proceso de afirmación de lo real, inmanencia de los espacios e integración con lo vivo.

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Es funcional en el sentido puro de crear una explosión inmedible de emociones, quien esté en una situación que abarque los temas del documental estará más que agradecido por verse imbuido en algo más grande. Las imágenes de paisajes de gran volumen apoyan los temas generales, como lo son la re-conceptualización de lo qué es felicidad, cuáles son nuestros errores, por qué la soledad no se explica, cuánta depresión puede uno aguantar y cómo sobrellevamos todo esto en el tiempo.

Y esta poética se ocupa de posicionarnos en el mundo, las imágenes abarcan gran panorama de situaciones naturales. La relación con la literatura de las cartas que nuestras protagonistas se envían es de traducción intersemiótica, lo que hablan en sus misivas es relativo a lo que se nos muestra en pantalla. Quizá con un ligero retraso o un montaje distinto, sin embargo, sin resultar en la estricta validez de un conventículo de artistas dogmáticos, el documental traduce la significación emotiva de las letras en imágenes con fuerza sólo perceptible a los dispuestos de corazón.

Ésta traducción no se puede esclarecer en la intención de la autora, aseverarlo sería un acto de indeterminación y mentira; lo que podemos clarificar es la intención de la obra, una intención que no es estática, se articula en virtud de quien la observa y en qué momento la observa.

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Es permisible salir de nuestro ensueño en la butaca con impresiones inmediatas que nos confunden y nos llevan a formalizar una neutralidad ante lo visto. Pero si se le observa bien, no sólo vemos una situación específica que devela un sentido personal a la duración de este viaje difícil de digerir, la dificultad no imposibilita, por lo tanto, la fenomenología está sujeta a las emociones de identificación y los procesos de intelectualización que pretendan encontrar ciertos elementos que apoyen un discurso: el discurso de las emociones vistas como objeto de estudio.

Y el proceso intelectual del espectador hacia este documental debe ser de reflexión, de otro modo no tendrá sentido sentarse en una butaca al lado de la indiferencia. Avenida Bugambilia nos atrapa o nos atrapará, eso depende de nuestro ánimo y la situación interna en que nos refugiamos.

Una obra difícil, pero no imposible. —GR

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