Una Nación de Asesinos – Assassination Nation (2018)

Sam Levinson se da la oportunidad de meter en una licuadora inspiraciones o referencias para ingerirlas y regurgitarlas en nuestra cara. Desde la estilización de videos musicales de los noventas o tempranos dosmiles, hasta planos secuencias extraídos de la obra de Brian De Palma. Es una imaginería pop y violenta que se extraña ver en pantalla. Lo más cercano que hemos tenido éste año por la misma vena fue Revenge de Coralie Fargeat.

por Mickey J. Brijandez

(Nación Asesina, Dir. Sam Levinson, 2018)

Cuando me siento a ver una película, siempre tengo la esperanza que me guste, por supuesto, pero también casi siempre me toma con la guardia abajo cuando ésta resulta ser una de mis favoritas del año. Apenas los créditos finales de Assassination Nation golpearon la pantalla – con una versión de marching band colegial de We Can’t Stop de Miley Cyrus – estaba seguro había presenciado el mejor film del 2018. Ya les platicaré.

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El balance entre la sátira y la denuncia social, o política, es uno muy fino y debe ser manejado con la maestría que ocasionalmente ni directores experimentados logran ensamblar o transmitir con total convicción. Y cuando lo hacen, muchas veces a las audiencias les toma tiempo atrapar la idea. Showgirls de Paul Verhoeven, por ejemplo, durante años ha sido descalificada como un thriller erótico menor, con actuaciones dudosas y un mensaje confuso, pero poco a poco, ciertos sectores de la cinefilia han comenzado a re-evaluarla como una rendición irónica, hiper-sexual y violenta de la premisa – relevante otra vez, por cierto – de A Star is Born (Nace Una Estrella). Donde una chica de pueblo chico llega a la gran ciudad, con aspiraciones de ser admirada y famosa, y que consigue sus sueños sin anticipar que, en muchos aspectos, también se hundirá en su peor pesadilla. En general, el cine de Verhoeven siempre ha tenido una capa de contestación a los tiempos (al presente y el futuro), al absurdo del capitalismo occidental desde su punto de vista; siendo uno de los autores europeos que logró infiltrarse a Hollywood para denunciar al sistema desde adentro. Aun así, muchos siguen creyendo que nomás hacía divertidas películas de acción con Arnold Schwarzenegger.

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Showgirls (1995) de Paul Verhoeven

Sam Levinson por su parte – y de ningún modo comparando la trayectoria del veterano con un cineasta en ascenso –, surgió, literal, en el epicentro de Hollywood, hijo del también legendario a su modo Barry Levinson (Rain Man, Bugsy, The Natural). Sam viene en ésta oleada; junto a Damien Chazelle, Greta Gerwig o los hermanos Safdie; de nuevos directores cercanos a mi edad, en sus tempranos 30s y por ende sus preocupaciones se sienten inmediatas, personales. Surgidos en la permisividad del mash-up artístico y cultural, que para bien o para mal, se les puede atribuir como culpables a los Quentin Tarantino o Nicolas Winding Refn del mundo.

Levinson sobresale con su Assassination Nation porque la película no es para nada sutil ni trata de enmascarar su mensaje político con algún tipo de doble entendimiento o inteligencia profunda. Su intención es hablarnos franco, directo y de frente, a la generación que puede acceder a pornografía las veinticuatro horas del día desde nuestros teléfonos. No hay necesidad de andar con rodeos.

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Lily (Odessa Young), Em (Abra), Sarah (Suki Waterhouse) y Bex (Hari Nef) son cuatro amigas de preparatoria en una versión ficcionalizada de Salem, Massachusetts. El que la historia se lleve a cabo en Salem, repito, sutileza tirada por la ventana, sirve como parábola entre la situación que se desarrollará con las chicas y el pueblo que las acusará de brujas. Un misterioso hacker llamado Er0str4tus emerge del anonimato provisto por la web y comienza a revelar el contenido de los móviles de ciudadanos selectos del pueblo, material que en concepto debería ser privado. La bronca surge cuando las revelaciones se llevan entre las patas no solo al alcalde – duro vocero contra derechos gay y que tiene fotos secretas vistiendo lencería femenina – y al director de la prepa – con fotos de su hija de seis años en la bañera, acusado de pedofilia –, también a una de las estudiantes, y nuestra protagonista en cuestión, Lily Colson, quien lleva tiempo enviándole selfies semi-desnuda a la persona equivocada.

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Atinadamente, más por los tiempos acolchados que pretende vivir Hollywood, la película jamás dulcifica su discurso. No le voltea la cara a la homofobia, la transfobia o la misoginia. Amigas en el borde de la mayoría de edad son reflejadas bajo una luz de hipersexualidad adolescente que podría espantar a más de un padre en la audiencia. Piensen en, de Harmony Korine, Spring Breakers. Hay maravillosos montajes con una pantalla tri-partida (simulando los videos verticales de smarthphone) donde se exploran los backgrounds de las amigas y de manera ingeniosa nos permite emitir nuestros propios juicios sobre la gente, porque al final, como gente también, eso es lo que mejor hacemos. Juzgar.

Lily todo el tiempo está restregando, tanto al público así como a personajes dentro de la historia, que la desnudez o la exposición no representa un problema por si solo (porqué claro que no) sino como la moralina excesiva tergiversa. Hay un casi-cameo de Bella Thorne como la porrista popular de la escuela, Reagan, que en su única intervención vocal asegura que (y estoy parafraseando): el problema es la carencia de honestidad. El día que seamos reales, la ausencia de privacidad jamás volverá a ser un inconveniente.

Y claro, todo lo anterior son declaraciones validas hasta que las cosas le suceden a uno mismo.

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Cuando nuestra Lily es expuesta, en general todo Salem es hackeado, la movie toma un giro hacia lo surreal haciéndola parecer un spin-off de La Purga (The Purge). Se comienzan a cometer actos de vandalismo y muerte, toda una comunidad de enmascarados, para proteger la poca identidad que les queda, depurando sus hipocresías, frustraciones y revanchas. Surge la verdadera nación de asesinos, digamos.

Les voy a pegar una línea de texto que publique aquí hace un año plus sobre la película Raw de Julia Ducournau, donde también mencionaba Get Out!:

Son movies que abrazan el absurdo, la sátira incomoda que demanda carcajadas no porque sean comedias fantásticas sino porque nos da miedo cuanto se parecen a la vida.

Ese es el tipo de experiencia al que nos quiere sujetar Levinson. Mucho del humor en Assassination Nation, si es que lo podemos discernir como tal, surge de los excesos pánicos. De constantemente estar dividiendo en dos la parte lógica de nuestro cerebro; una mitad asegurando con fanfarronería “esto nunca podría pasar en la realidad”, mientras la otra se hunde asustada en el asiento, “esto nunca podría pasar en la realidad… ¿verdad?… ¡¿VERDAD?!”.

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La película adquiere un tercer giro, si queremos llamarle así, hacia el cine de horror, acción y venganza. Cuando la nación se ha unido para cazar y colgar a las cuatro amigas. Antes de la tormenta, en un breve instante de calma, las chicas están viendo en televisión Girl Boss Delinquent (1970) protagonizada por la actriz/cantante Meiko Kaji, de la fama Lady Snowblood y que, como suele hacerlo, su música rescataría Tarantino para la Kill Bill saga. En dicha película, un grupo de pandilleras llamadas Stray Cats azotan las calles de Tokio con gabardinas rojas combinables. Similares a las que pueden ver plasmadas por toda la publicidad de Assassination Nation, en posters y fotografías fijas (y que pueden comprar aquí junto a sus tres mejores amigas para completar los outfits de éste Halloween).

El director se da la oportunidad de meter en una licuadora inspiraciones o referencias para ingerirlas y regurgitarlas en nuestra cara. Desde la estilización de videos musicales de los noventas o tempranos dosmiles, hasta planos secuencias extraídos de la obra de Brian De Palma. Es una imaginería pop y violenta que se extraña ver en pantalla. Lo más cercano que hemos tenido éste año por la misma vena fue Revenge de Coralie Fargeat.

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Aprovechando la mención de Fargeat, y su titulada en México Venganza del Mas Allá, la película de Sam Levinson tiene una carga desvergonzada hacia el feminismo exacerbado. Reitero, estamos pasando por un momento donde la industria del entretenimiento norteamericano está tratando de ser juez y ejecutor sobre los pensamientos y declaraciones de sus personalidades, que es refrescante ver que un hombre se permita comentar en el 2018 sobre los issues que más le interesan, sean propios o ajenos a su género nato. Me remite a una de mis películas favoritas/no-favoritas en la historia: I Spit On Your Grave de 1978. Aquella de una intensidad inmensurable que surgió de la mente y pluma de Meir Zarchi con el propósito de denunciar el abuso físico y sexual hacia las mujeres (originalmente titulada Day of The Woman). Famosa al ser denominada por Roger Ebert como “Una vil bolsa de basura…” desde su corrida original fue destinada a dividir audiencias – igual que Nación Asesina, ambas sostienen apenas 16 puntos de diferencia en Rotten Tomatoes.

Y aunque lo anterior suene como una irrelevante tangente, a mí me ofrece montañas de confort que un artista pueda pintar con el pincel y el color que mejor le parezca. Si Assassination Nation pretende abandonarnos con alguna pizca de moraleja, es que seamos más lentos para juzgar y más rápidos para ofrecer clemencia. —MJB

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