FICM ’18: La Camarista

La Camarista es exactamente lo que su título sugiere. Una película sobre una mujer que se dedica a la limpieza de los cuartos en un prestigioso hotel de la Ciudad de México. No hay escena en la que ella no aparezca, pero más que retratar a una persona, es el retrato de una profesión.

por Alberto Villaescusa R.

(The Chambermaid, Lila Avilés, 2018)

La Camarista es exactamente lo que su título sugiere. Una película sobre una mujer que se dedica a la limpieza de los cuartos en un prestigioso hotel de la Ciudad de México. No hay escena en la que ella no aparezca, pero más que retratar a una persona, es el retrato de una profesión. Nunca la vemos fuera de ella. Se sabe que Eve (Gabriela Cartol) tiene un hijo, pero sólo sabemos de él cuando le habla por teléfono a la mujer que se lo cuida. Va a clases para obtener un título de preparatoria, pero sus compañeros son los mismos que ve en el trabajo. Está prácticamente definida por su oficio.

Y qué solitario oficio es el de arreglar habitaciones ocupadas por otros, interactuando con ellos sólo a través de las pertenencias que dejan. Es una paradoja que ella pueda tener acceso a su intimidad al mismo tiempo que busca no dejar rastro de haber estado ahí.

Eve es introvertida y enfocada, un contraste al variado elenco de personajes que la rodean. Minitoy, es su extrovertida compañera de clases y de trabajo, que todo el tiempo la sorprende con juguetes y curiosidades; un limpia-vidrios le manda señales de amor cuando la ve del otro lado de las ventanas; un joven maestro y una empleada del hotel que en cada oportunidad le ofrece envases de plástico para venderle.

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En el hotel chocan constantemente las diferencias sociales entre huéspedes y empleados. Los primeros le dan a los segundos algo para aspirar, para bien o para mal. A lo largo de la película, Eve vive ilusionada con obtener el puesto de limpieza en el último piso y con que la encargada de objetos perdidos le permita quedarse con un vestido rojo olvidado. También desarrolla una familiaridad con una huésped argentina que le ofrece trabajar para ella en Buenos Aires, por un sueldo mucho más alto. Se queda entusiasmada hasta que un día la mujer desaparece.

La directora Lila Avilés se detiene en cada una de las labores de Eve con paciencia y curiosidad. El lenguaje corporal de Cartol y las tomas estáticas de Avilés le imprimen tanto sentimiento a cada acción. El vagabundeo las suites adquiere la devastadora gravedad de alguien contemplando el suicidio. Como El ombligo de Guie’dani, se trata de una mirada íntima y compasiva a un oficio que tantas veces se da por sentado. Una rica vida llena de dudas, frustraciones, risas, decepciones y espontaneidad se deja ver dentro de un trabajo repetitivo y rutinario. —AVR

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