AFI ’18: Shoplifters (2018)

Hirokazu Kore-eda es un maestro de los dramas familiares, con conflictos fuertes que tienen resoluciones aparentemente fáciles, pero que cargan un sin fin de repercusiones. Durante dos horas nos involucra en la vida de una familia, solo para darnos un golpe a todos (incluidos ellos).

por Javier Espinoza

(Shoplifters, Dir. Hirokazu Kore-eda, 2018)

Los Shibata formaron una familia. Viven en el mismo techo: padre, madre, dos hijos, la cuñada y la abuela. Es un pequeño espacio, lleno de cosas viejas, donde la convivencia entre todos se da durante la cena. Ahí platican sobre cómo les fue durante sus jornadas de trabajo, lo que los niños aprendieron en el día y otros temas triviales.

¿Cómo se formó la familia? Esa es la parte interesante.

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A Osamu y Nobuyo no les alcanza para un lugar propio, por lo que tienen que vivir con la suegra, quien tiene una pensión con la que apenas sobreviven ya que sus trabajos eventuales pagan poco. La cuñada, Aki, trabaja en una especie de prostíbulo donde se manosea detrás de una vitrina. Shota, el hijo mayor, no va a la escuela y durante el día se dedica a robar tienditas; instruido y acompañado por Osamu. La menor de ellos, Yuri, quiere aprender también el oficio, a regañadientes siendo incluida en alguno de los atracos – resultando en una ladrona natural. Y por cierto, éstos hijos fueron encontrados en la calle, el primero en un vehículo y la segunda en una banqueta, mientras deambulaba hambrienta, con señales de abandono y maltrato.

La vida de la familia transcurre con cierta normalidad. Somos testigos de sus actividades diarias, algunas no moralmente correctas, pero justifican sus robos con la frase “no es propiedad de nadie mientras este en la tienda”. Sobre la retención de menores dicen “ellos prefieren estar con nosotros” o “no estamos pidiendo rescate”. Las cosas se complican al ver en televisión que andan buscando a la pequeña Yuri, a quien ahora llaman Lin. La “familia” peligra.

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Hirokazu Kore-eda es un maestro de los dramas familiares, con conflictos fuertes que tienen resoluciones aparentemente fáciles, pero que cargan un sin fin de repercusiones. Durante dos horas nos involucra en la vida de la familia para darnos un golpe a todos (incluidos ellos). Es un golpe de realidad en el que, por más que deseemos formar una familia con quien queramos, se requiere mucho más que buena voluntad. Kore-eda está ante su trabajo mejor logrado, lo cual dentro de una trayectoria tan sobresaliente es digno de notarse.

Shoplifters va sobre la naturaleza humana, donde hay interpretaciones más allá de actos buenos y malos; donde todos podemos entrar en dinámicas reprochables cuando la intención original fue hacer algo positivo. Al final queda la pregunta al aire: ¿Qué es una familia; la consanguínea o la que por elección tomamos? —JE

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