Loca por el Trabajo (2018)

Loca por el Trabajo es un remake de la película brasileña “De Pernas pro Ar” (2010) de Roberto Santucci. La protagonista aquí es Bárbara de Regil, como Alicia, ejecutiva en una fábrica de juguetes que vive dedicada a su trabajo, prestándoles poca (o nula) atención a su esposo e hijo. Tras un serie de eventos desafortunados, terminará manejando la sex shop de su amiga Marcela y dándole un nuevo rumbo a su vida.

por Javier Espinoza

(Loca por el Trabajo, Dir. Luis Eduardo Reyes, 2018) 

Este 2018 ha sido prolífico para Luis Eduardo Reyes ya que pocos directores pueden presumir haber estrenado tres largometrajes en pantallas mexicanas en el mismo año. Reyes empezó su recorrido con la adaptación de la chilena Sin Filtro (2016) titulada aquí Una Mujer Sin Filtro, vehículo estelar de Fernanda Castillo, una película bien realizada pero que rápido salió de carteleras. Meses después estrenó Cómplices, con la mancuerna de Arath de la Torre y Jesús Zavala, que sin escalas viaja hacia la lista de las películas más desangeladas y pesimamente actuadas del actual calendario (salvo la participación de Marina de Tavira, quien está perfecta en casi todo lo que hace).

Ahora nos encontramos con Loca por el Trabajo, remake de la brasileña De Pernas pro Ar (2010) de Roberto Santucci. La protagonista es Alicia (Bárbara de Regil), ejecutiva en una fábrica de juguetes que vive dedicada a su trabajo, prestándoles poca (o nula) atención a su esposo e hijo. Justo después de recibir un ascenso, tiene una junta de trabajo desastrosa que provoca que sea despedida. Regresando a casa se encuentra con que su esposo le ha dado tiempo para pensar qué quiere hacer con su vida familiar. Ella empieza a buscar culpables del que considera “el peor día de su vida”, encontrándose con su vecina Marcela (Mariana Burelli) quien después de varios malos entendidos se convierte en su amiga, regalándole un vibrador ya que Alicia nunca ha tenido un orgasmo. Se siente mucho mejor consigo misma después de usar el aparato; decide asociarse su amiga para hacer crecer la sex shop que maneja y brindarles esa experiencia a muchas más mujeres, incluida su liberal madre (Adriana Barraza).

Todo va medio-bien hasta que nos encontramos con varias decisiones extrañas en el guion a cargo de José Luis Gutiérrez Arias y Flavia Atencio, que incluye situaciones resueltas de forma milagrosamente fácil.

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El personaje de Alicia se encuentra en un limbo, que ni siquiera teniendo múltiples orgasmos se resuelve. Quiere estar dedicada a su trabajo, quedando mal con su familia, y cuando quiere quedar bien con su familia, desatiende sus actividades laborales. Además, parece que nunca entendió el origen del reclamo de su esposo Leonardo (Alberto Guerra), que, aunado a su desatención constante, era la falta de comunicación. Leonardo tiene también sus conflictos, ya que, impulsado por el pisoteo a su orgullo de macho, tras saber que Alicia nunca había tenido un orgasmo, decide provocarle uno. En apariencia su relación conyugal tiene una repentina mejoría, misma que termina por disiparse debido a que Alicia no es capaz de serle del todo honesta.

Por otro lado, se supone es una ejecutiva de altísima eficiencia y aún comete errores de novata, por ejemplo, opuesto a enviar material promocional importante para presentar en una junta a su oficina, lo recibe en casa, resultando en una confusión de paquetes, dando a pie que en lugar de llevar unos “gusanitos”, entrega una gran variedad de juguetes sexuales (todo esto sin nunca molestarse en revisar el interior del paquete). Para alguien que tiene 100% de su atención en el trabajo, esto sería impensable.

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Superado lo del despido, y decidida a darle un giro a su carrera al administrar la sex shop, Marcela recibe una notificación de embargo, la cual se debe haber resuelto de manera favorable, ya que nunca lo vemos; escenas después, Alicia es designada como empresaria del año y ya tiene oficinas con empleados a su disposición. Tampoco hay una justificación para el esculpido cuerpo de la protagonista, – tal vez una escena pretendiendo volver al gimnasio hubiera ayudado –, ya que supuestamente no tenía tiempo para nada.

El resto de los personajes fluyen de forma natural, de hecho, todo el elenco está muy bien. Mercedes (Barraza) y Braulio (Hernán Mendoza) tienen buenos momentos como la pareja casi de la tercera edad que representan; Marcela y sus compañeros de trabajo en la tienda, encarnados por Regina Blandón y Daniel Tovar, hacen amenas las escenas que fácilmente pudieron irse por lo grotesco. Por su parte, Emilio Beltrán como Santiago, el hijo de Alicia y Leonardo, es lo mejor de cada escena en que aparece; hubiera estado bien darles más tiempo a las dinámicas familiares entre el trio.

Salvo dichos detalles de guion – y un tráiler que te vende una película que no es – Loca por el Trabajo es disfrutable, y más allá de ser una historia sobre una mujer inepta para todo en la vida antes de conseguir la satisfacción sexual, es la búsqueda de una mujer que aspira quedar bien en todos lados; tratando de lograrlo, cueste lo que cueste, aunque quede en el intento. —JE

loca por el trabajo

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