El Seapunk llega a DC: Aquaman (2018)

Desde Wonder Woman, o las Thor del equipo contrario, el concepto de incorporar fábulas griegas o nórdicas a los comics, y por consiguiente a sus versiones audiovisuales, a éstas alturas no debería parecer tan descabellado. Del bonche, creo que Aquaman es el film que mejor logra concentrar todo ese sentido de peligro y maravillas indignas para los mortales en una historia de pies a cabeza.

por Mickey J. Brijandez

(Aquaman, Dir. James Wan, 2018)

Después de que Wonder Woman salvara las adaptaciones cinemáticas de DC en el 2017, ahora llega Aquaman con su tridente para mantenerlas a flote.

Hay una leyenda urbana que circunda twitter, subreddits, redes sociales y demás avenidas digitales que asegura no se puede ser fan de Marvel y DC (en sus reiteraciones fílmicas al menos) en cantidades equiparables. Siempre hay que elegir un bando. En mis tiempos el debate se trataba de elegir entre los Beatles y Elvis Presley. Lamentablemente para algunos, o muchos, me dirijo a ustedes desde un lado claro del pódium. Siempre los Beatles, y siempre DC Comics.

32062287388_5a773b0560_k (2)

Aquaman, en su versión encarnada por Jason Momoa, emergió al mundo hace apenas dos años, en Batman v. Superman: Dawn of Justice del 2016, a través de videoclips en el ordenador de Diana Prince (Gal Gadot). Meses después, en el mismo año, apareció solo en las fotografías de un folder clasificado propiedad de Batman (Ben Affleck) durante la escena post-créditos de la ganadora al Oscar Suicide Squad.

Al fin pudimos escucharlo hablar – con y sin burbujas saliendo de la boca – hasta el 2017 en la legendaria Justice League. Con actitud de tablista hawaiano, ligeramente alcohólico y un hedor que trasciende la pantalla, mixtura entre patchouli y pez gato, Arthur Curry pinchó su presencia en el mundo cinematográfico. Muy de pasadita, también conocimos a su reina (o en vías de serlo) Mera, nativa de Atlantis, seguramente hija de algún poderoso capo (que hoy descubriremos sería Dolph Lundgren) y encarnada por la hermosísima Amber Heard, con su icónico bañador de brillantina jade, robándose los hairstyling tips de la única princesa Disney sub-acuática.

46178899162_db9f7ddc75_o (2)

La historia de amor entre Arthur y Mera era una que quedaba pendiente por explorarse, si es que acaso la película del maestre del horror moderno, James Wan, iba a mantener alguna continuidad con sus contrapartes de papel y tinta. En los comics, Aquaman y Mera son un poderoso ítem y era todo un no-brainer (como lo llaman los americanos) enfocarse en esa línea narrativa para la primera adaptación al cine del hombre que no solo duerme con los peces, también les habla. Se plantan semillas fuertes sobre el tema y es el amor que traspasa generaciones uno de los motivos dominantes que empapan la movie de Wan.

Tal cómo mitologías del pasado (u otras movies de historieta que hemos visto en recientes años) nuestro protagonista es el heredero renuente a un trono que por nacimiento le pertenece. Su única onda es ser mestizo, hijo del mar y la tierra. Su madre, la incontenible Nicole Kidman, es la extraviada princesa de los océanos Atlanna y Temuera Morrison, su padre, es el apacible cuidador del faro Thomas Curry. Mantienen una dulce relación sin precedentes en la historia de ambos reinos, marinos y terrenales. La película inaugura su tiempo de duración con un romance de cuento de hadas porque ese será el evento que definirá toda la saga. Y también establece el tono de la aventura que adelante nos aguarda. En muchos sentidos es un throwback a las adaptaciones épicas de Hércules, Colisión de los Titanes o Jasón y los Argonautas. Underwater edition.

45505699464_d52e889d4a_o (2)

Desde Wonder Woman, o las Thor del equipo contrario, el concepto de incorporar fábulas griegas o nórdicas a los comics, y por consiguiente a sus versiones audiovisuales, a éstas alturas no debería parecer tan descabellado. De todo el bonche, creo que Aquaman es el film que mejor logra concentrar ese sentido de peligro y maravillas indignas para los mortales en una historia de pies a cabeza. Arthur es nuestro swashbuckling hero que batallará con, no solo enemigos internos, también némesis del presente y el pasado, así como criaturas gigantes que trataran de comérselo; montando diferentes olas y cetáceos alrededor del mundo, vistiendo múltiples armaduras y blandiendo armas gladiatorias letales.

Y no quiero tocar por encimita lo de criaturas gigantes. Cada centavo invertido en la producción ilumina la pantalla en una espiral de tonos dorados, amatistas y turquesa. El diseño visual y el arte de los reinos submarinos y sus habitantes son impresionantes. El chiste común será compararlo con Otoh Gunga, o la ciudad de los Gungans en The Phantom Menace, y aunque no tengo muchos argumentos para rebatirlo, estén conscientes aquella película fue realizada hace 20 años. Los niveles de perfección en exploración y efectos digitales han progresado leguas. Quizás lo más reciente serían algunas entidades o fragmentos de Valerian and The City of a Thousand Planets. Vaya que, si son puristas de los efectos prácticos, mejor compren tickets para otra sala, porque van a encontrar más realismo en Moana. Desde los outfits royales, los de batalla, los monstruos, los reinos, las naves hidro-futuristas y lo que se te ocurra; todo sueño húmedo de James Wan y compañía nos sumerge en un mundo nivel Lord of the Rings de cautivante. Igualmente con el score, a cargo del mismo chabón que le dio sonido a Wonder Woman, Rupert Gregson-Williams, entra y sale de las cuerdas y percusiones orquestales hacia el wave ochenteroso – tanto, que su tema “Arthur” se piratea unos beats de “I Feel Love” de Giorgio Moroder y Donna Summer.

46178909762_0483b54024_o (2)

Ahora hablemos de otros jugadores en la banca. El ya compadre de pedas de Wan a estas alturas, Patrick Wilson, interpreta al Rey Orm aka The Ocean Master, medio hermano de Arthur (comparten a la mamá Kidman) pero legitimo hijo de Atlantis. Su odio hacia “aquel que camina entre los mortales” surge meramente del linaje. ¿Cómo un mestizo va a tener derecho al trono por encima de un cabrón purasangre? Va reclutando líderes, de reino en reino – aquí es donde entra Lundgren como Nereus de los Xebel, padre de Mera – para dirigir su gran venganza, no solo versus el carnal bastardo, sino hacia la humanidad entera (ahí le acomodan unas motivaciones eco-ambientalistas). Por otro lado, Yahya Abdul-Mateen personifica al poderoso Black Manta, un pirata tecnológico con un traje badass que tiene también sus vendettas personales contra el liga-justiciero y cuyo sendero de odio eventualmente lo reunirá con las misiones sádicas del Ocean Master.

¿Por qué nadie quiere a mi pobre agua-hombre si él no se mete con nadie?

29697215548_f1fdcb7758_o (2)

Quizás la única que lo tolera, de momento, es Mera, con quien se ve forzado a ensamblar una pareja-dispareja, o como alguien menos chistoso que yo diría, peces fuera del agua. Los cutie pies de Momoa y Heard se van conociendo durante una expedición que los lleva a lo largo y ancho del globo, ya saben, compartiendo puntos de vista, difiriendo en otros, arrojándose sonrisas y pestañeos frente a puestas de sol en villas sicilianas como apenas sucede en las películas. El floreciente cortejo es uno de los elementos más emocionantes que empujan la trama (el otro es cuando llega el momento de tirar patadas), en un tiempo donde el cinema palomero parece querer rehuirle a las relaciones hetero-normativas que sobrevivieron la indigna década conocida como “los ochentas”; afortunadamente James Wan, graduado de la Universidad Spielberg, nos empalaga de leitmotifs que hicieron famosas a cintas como Indiana Jones o Romancing the Stone (también conocida por su insuperable título castellano: Dos Bribones tras la Esmeralda Perdida).

41760258780_c445b43e1b_k (2)

En general, hay un interés por dibujar paralelos entre Mera y Arthur con la relación repudiada entre Atlanna y Thomas, lanzando la pregunta al aire: ¿Pueden gente de distintos backgrounds, mundos y culturas realmente enamorarse? Los más cursis podrían responder: ¿Acaso no es eso el amor? ¿Abrazar las diferencias y encontrar la manera de sobrellevarlas? Y no solo hablamos de lo personal o a nivel romance. La interrogante trasciende a la comunicación entre el océano y los continentes. ¿Por qué empeñarse en dominar y destruir al otro si podemos co-existir?.

Si bien esa puede ser la lección “New Age” y conservacionista que se repite en cada tercer película bloquea-banquetas, al final eso es lo que Arthur Curry genética y filosóficamente encarna. El elegido para poner fin a la guerra e incitar la unión entre dos historias para dar a pie una nueva. La Edad de Acuario, le llamaría tu vecina de los gatos que cree en el poder del incienso y los cristales; La Edad de Aquaman la llaman DC y los Warner Brothers. —MJB

aquaman_ver2_xlg

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: