Burning (2018)

Basada en el cuento ‘Barn Burning’ de Haruki Murakami, es la primera película de Lee Chang-dong en ocho años, después de la galardonada Poesía (Shi, 2010). Aquí nos encontramos con un director que maneja un ritmo de forma pausada y contemplativa; ayudando a entender la soledad y ensimismamiento de sus personajes.

por Javier Espinoza

(Beoning, Dir. Lee Chang-dong, 2018) 

Algunas personas son amables sólo porque no se atreven a ser de otra forma, dijo William Faulkner, el autor favorito de Jong-su, un desempleado aspirante a escritor, que asegura que leer las novelas del autor es como leer fragmentos de su vida. Un buen día, la casualidad lo lleva a encontrarse con Hae-mi, una chica intrépida que dice haber vivido en el mismo pueblo que él durante sus respectivas infancias. Salen a tomar un trago y, con la confianza de haber encontrado a un amigo del pasado, ella le pide que alimente a su gato mientras viaja hacia África.

Mientras lo invita a casa para darle indicaciones sobre el cuidado del felino, Hae-mi y Jong-su tienen sexo, en una muy eficiente escena que marca lo torpe que puede ser intimar con alguien por primera vez. Ambos son personas solitarias, pero con distintas motivaciones. Para ella el sexo es algo sin importancia; para él, significa que ha encontrado a alguien especial. Justamente esa breve unión dará pie a momentos interesantes en Burning. Durante el acto, Jong-su mira fijamente hacia el rayo de sol que se refleja sobre la Torre Namsam. Al repetir esta visión los días subsecuentes, mientras visita el departamento para alimentar al gato, se masturba, ya que lo único que lo acompaña es el recuerdo.

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Hae-mi (Jeon Jong-seo, en su debut cinematográfico) regresa del viaje, pero no vuelve sola, la acompaña Ben (Steven Yeun), un misterioso joven, unos años mayor que Jong-su, y que se hicieron amigos en el aeropuerto. Jong-su mientras analiza su miserable vida, en la que tiene que atender la granja familiar en su natal Paju. Su padre está detenido y su madre los abandonó muchos años antes. Ben vive apacible, seguro, holgadamente, al parecer, sin ninguna preocupación monetaria. La convivencia entre los tres se siente tensa. Tenemos no solo a un protagonista incrédulo (la persona que creyó sería para él, lo tiene ubicado en la friendzone), la misma chica lo invita a pasar el rato con su nueva pareja, teniendo siempre presente la notoria diferencia en clases sociales.

El trio fuman marihuana. Ella, emocionada y sintiéndose muy relajada, decide quitarse la ropa mientras baila (con un estupendo fondo a ritmo de jazz cortesía de Mowg), disparando la ira y los celos de Jong-su, acusándole de ser una “chica fácil”. El chico le confiesa a Ben que está enamorado de Hae-mi y éste solo le responde que su pasatiempo favorito es quemar invernaderos. Justo ahí es cuando toda pasividad que Jong-su nos presentaba (en una estupenda actuación de Yoo Ah-in) comienza a dispersarse. La chica desaparece sin dejar rastro y Ben se convierte en el principal sospechoso – hay pruebas circunstanciales que (presuntamente) lo inculpan.

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Burning está basada en el cuento Barn Burning de Haruki Murakami, y es la primera película de Lee Chang-dong en ocho años, después de la galardonada Poesía (Shi, 2010). Nos encontramos con un director que maneja un ritmo de forma pausada, contemplativa, ayudando a entender la soledad y ensimismamiento de sus personajes; tres personas solitarias, con diferentes actitudes hacia las relaciones interpersonales. El que desea compañía, la que cree buscar alguna conexión, pero al final le da igual y el que va rotando de persona a persona a su alrededor, utilizándolos de forma momentánea; ritmo que se rompe en su recta final, porque nada de lo visto durante los primeros 130 minutos de película te preparan para su desenlace brutal, intenso. El desahogo de una persona que no tenía mucho y que lo poco que creía tener le fue arrebatado súbitamente, alguien que, como dijera Faulker, fue amable hasta que se atrevió a ser diferente. —JE

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  1. Hola. Una aclaración. En esa estupenda escena del atardecer la cortesía no es de Mowg sino de Miles Davis. Lo que se escucha es la trompeta sublime compuesta para “Ascensor para el cadalso”, de Louis Malle. Ya hay un anticipo de la tragedia que se cierne sobre ese trío.

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