If Beale Street Could Talk (2018)

If Beale Street Could Talk es el siguiente trabajo de Barry Jenkins después de que su Moonlight ganara el Óscar a Mejor Película. Quiere ser una historia de amor como cualquier otra, pero no puede escapar a las adversidades que siglos de historia se han construido alrededor de sus dos amantes.

por Alberto Villaescusa R.

(Si La Colona Hablara, Dir. Barry Jenkins, 2018)

No se puede negar que, a pesar de los avances hechos en décadas recientes en materia de derechos civiles, Estados Unidos sigue siendo un país desigual, dividido por razas y clases, factores que hasta hoy se mantienen desafortunadamente ligados. La abolición de la esclavitud en el siglo XIX, y el fin de la segregación en el XX, no curó los pecados originales del país; aunque en papel todos sus ciudadanos gozaban de los mismos derechos, políticas de desarrollo urbano y persecución criminal, se aseguraron de mantener esas divisiones. Las barreras no fueron derribadas, más bien se volvieron más nebulosas y cómodas.

If Beale Street Could Talk, el siguiente trabajo de Barry Jenkins después de que su Moonlight ganara el Óscar a Mejor Película, quiere ser una historia de amor como cualquier otra, pero no puede escapar las adversidades que siglos de historia han construido a alrededor de sus dos amantes. Basada en la novela de James Baldwin de 1974, ambientada contemporáneamente, la película cuenta de Clementine “Tish” (KiKi Layne) y Alonzo “Fonny” (Stephan James), dos jóvenes de Harlem que se conocen desde pequeños, se vuelven mejores amigos y a los 19 y 22 años de edad, respectivamente, se convierten en pareja. La confianza y tacto entre ambos se nota en la forma que se miran y se tocan. Jenkins no trata de esconder el nerviosismo que ella siente la primera vez que hacen el amor y podemos ver en las acciones de Fonny cómo lo percibe y trata de ser lo más sensible y atento posible.

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Ahora que empiezan una vida juntos, se enfrentan a que muy pocos propietarios de Nueva York quieren rentarle un apartamento a una pareja negra. La mayoría de los prejuicios a los que se enfrentan son de este tipo; pequeñas acciones que se acumulan para generar un persistente aislamiento dentro del mundo que habitan todos los días. A ese detalle, la película le presta particular atención. Tish trabaja detrás del mostrador de una perfumería en una tienda departamental, atenta a las distintas formas en que hombres tanto blancos y negros se le acercan, la miran y la toman de la mano; unos como persona y otros como propiedad. Esas actitudes son las que los obligan a actuar siempre a la defensiva: en su búsqueda de departamento, Fonny desconfía de Levy (Dave Franco), un simpático propietario judío porque su oferta inicial suena demasiado buena para ser verdad.

La trama se desarrolla en dos tiempos paralelos: antes y después de que Alonzo es acusado falsamente de violar a una mujer puertorriqueña, Victoria Rogers (Emily Rios). La acusación es absurda, ambos lo saben, pero sin embargo es puesto en prisión mientras llega la fecha de su juicio. Dividir la historia de este modo crea un trágico contraste entre el tiempo más feliz y el más doloroso de su relación. La escena en que Fonny y Levy juegan a instalar un refrigerador y una estufa imaginarios en el apartamento es una de júbilo puro, pero también es lo más cerca que la pareja estará de que su sueño se haga realidad. De la certeza a que iban a pasar el resto su vida juntos, a poder verse sólo detrás del vidrio de un cuarto de visitas. Tish pronto se da cuenta que está embarazada y probablemente tendrá que dar a luz a un hijo con un padre detrás de las rejas, a su vez esforzándose por mantener un trabajo y demostrar la inocencia; algo difícil en un sistema legal tan costoso.

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Jenkins aquí trabaja con un presupuesto considerablemente más alto que el de Moonlight, teniendo más libertad para que la película se desarrolle, menos como narrativa y más como poesía. El director siempre ha manifestado su admiración por la cineasta francesa Claire Denis, y aquí se notan ciertos homenajes, incluyendo una toma que parece sacada directamente de Un Beau Soleil Intérieur. Fotografiada en formato digital, pero por la forma en que los distintos tonos de colores rebotan de los rostros de sus personajes, y la calidez e intimidad de sus entornos, parece extraída directamente del momento en que lleva a cabo. La partitura de Nicholas Britell contribuye a ese sentimiento de que la pareja tiene todo el tiempo del mundo, a pesar de los hechos. Pero, más impresionante que nada, son los rostros de los mismos actores, los cuales Jenkins en repetidas ocasiones nos permite ver de cerca y de frente, en todo su potencial expresivo.

Se siente tan íntima y específica aun cuando se basa en problemas compartidos por millones. Aquí, lo social se vuelve personal. Las mismas adversidades dan lugar a distintas reacciones, a personas que hacen lo que pueden para preservar su humanidad. Sharon (Regina King), la madre de Tish, es lo más cercano que la película ofrece a una roca de fortaleza e inspiración. Pero no todos pueden obrar como ella. Daniel (Brian Tyree Henry), el amigo de Fonny, está tratando de navegar un sistema legal arreglado en su contra, escogiendo el menor de los males y aun así terminó en la cárcel. La misma acusadora del crimen, a medida que la película progresa, se revela como una víctima de las circunstancias tratando de dejar atrás uno de los momentos más traumáticos de su vida. La madre de Fonny, la señora Hunt (Aunjanue Ellis), está convencida de que su hijo está en la cárcel por obra de Dios; una especie de prueba para hacerlo mejor persona antes de que él y Tish traten de formar una familia. El papá de Fonny es un ladrón por necesidad que no comparte el punto de vista de su esposa, al punto de golpearla cuando dice algo fuera de lugar.

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Más que una colección de anécdotas, If Beale Street Could Talk muestra una forma de ver el mundo. Llama particular atención la escena en que la pareja se encuentra por primera vez con el policía Bell (Ed Skrein), oficial de policía que lo termina incriminando y metiendo en la cárcel. Es lo más cerca que la película tiene a un villano, pero más que demonizar al cuerpo de policía, su participación muestra cómo la pareja lo ve a través del filtro de su propia experiencia: una figura de autoridad que puede acabar con sus vidas sin sufrir ninguna consecuencia. Es un miedo muy palpable. Un Estados Unidos más justo no puede construirse sólo mediante el reconocimiento de las injusticias que se han cometido, sino también con una conciencia del costo que generan en un nivel humano, todos los días. —AVR

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