El balance del poder: The Favourite (2018)

La nueva película del director Yorgos Lanthimos narra un fragmento altamente especulativo en la vida de la Reina Anne (Olivia Colman); famosa, entre muchas cosas, por ser la que unió los reinos de Inglaterra y Escocia bajo un mismo estandarte, el de Gran Bretaña; y su relación a-distintos-niveles-íntima con un par de mujeres importantes en su vida, sus dos favoritas: Sarah Churchill (Rachel Weisz) y Abigail Masham (Emma Stone).

por Mickey J. Brijandez

(La Favorita, Dir. Yorgos Lanthimos, 2018)

Yo no sé qué es más impresionante después de ver The Favourite: Qué los eventos pincelados en la película están basados en la historia y personajes reales o que alguna versión de dichos eventos hayan ocurrido en absoluto.

La nueva obra del director Yorgos Lanthimos decide narrar un fragmento altamente especulativo en la vida de la Reina Anne (interpretada por Olivia Colman); famosa, entre muchas cosas, por ser la que unió los reinos de Inglaterra y Escocia bajo un mismo estandarte, el de Gran Bretaña; y la relación a-distintos-niveles-íntima con un par de mujeres importantes en su vida, sus dos favoritas: Sarah Churchill (Rachel Weisz) y Abigail Masham (Emma Stone).

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Vista desde afuera, la carrera de Lanthimos ha ido en un extraño declive. No de calidad, mucho menos si lo valuamos por el star power que ha gestionado a partir de The Lobster (2015), trabajando siempre con los quien es quien de Hollywood, sino en su contacto con el surrealismo paralizante. Cada siguiente película se vuelve más fácil de digerir que la que le precede. Aunque The Killing of a Sacred Deer (2017) se trató de una experiencia muy visceral, enlazando los resquebrajamientos familiares con una historia de terror, a gusto personal me resulta mucho más cohesiva que los disparates de The Lobster. La misma sentencia aplica con The Favourite en relación a Sacred Deer.

Por tratarse de una historia sobre el hedonismo y la opulencia, contextualizados en la realeza británica, el director logra canalizar una comedia ácida digna del humor sardónico que siempre ha caracterizado a los ingleses (y eso que Lanthimos es griego, no anglosajón). Es el absurdismo situacional sobre un siglo XVIII donde era esperado que los hombres se vieran más bonitas que las mujeres, bien maquilladas y empelucadas. Y a contra-parte, que ellas fueran azotadas, violadas o desposadas sin injerencia por ningún motivo más allá de un ciclo vil de costumbres cristianas.

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El Shyamalan twist de la trama, y lo que seguramente llamó la atención, no solo del director, también de los co-guionistas Deborah Davis y Tony McNamara, es que en un mundo considerado tóxicamente masculino, los personajes más astutos y corrosivos son la Reina Anne, su consejera Sarah y la sirvienta Abigail. Los hombres son reducidos a una masa de simios, obsesionados con la guerra, que les gusta celebrar carreras de patos y arrojarse tomates en medio de un salón, encuerados. Aún no puedo explicar esa última parte.

Hay un juego de tronos interno entre Abigail y Sarah, por ganarse el mote que titula a la película: Convertirse en la favorita y predilecta de la reina, bajo cualquier método que sea necesario. Cada una comienza a conspirar contra la otra, tirando de toda artimaña a su alcance. Hay un verdadero feminismo integrado al combate, porque, aunque es abordado desde un ángulo humoristícamente negro, se trata de mujeres demandando posiciones de poder que les corresponden por méritos personales. Nadie nunca les ha regalado nada y han sufrido más de lo que cualquier humano promedio aguantaríamos.

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A la Reina Anne, que funciona como ancla central de la historia, es fácil descalificarla de tocadiscos o políticamente incompetente – la mayoría de las decisiones importantes caen en manos de su consejera – pero perdió 17 bebés, en diferentes etapas de su gestión, a lo largo de su vida (en su lugar, tiene un conejo enjaulado por cada posible hijo). Debe haber un alto precio mental y físico qué pagar ante semejantes tragedias. Su interprete, Olivia Colman, no requiere más de una expresión, un vislumbre vacío ligeramente fuera de cuadro o la pesadumbre en su andar, para entender la maestría de su performance.

Equiparable en genialidad, Emma Stone interpreta a una Abigail Hill despojada de su linaje real, vendida como adolescente en un juego de póker y abusada sexualmente con regularidad. Su quest por una posición que le pertenece de nacimiento (además es prima menor de Sarah, Duquesa de Marlborough) surge de una frivolidad audaz aparente, pero no es más distinto a cualquier maquinación política de la época (y de cualquier otra era).

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Difícil de elegir, entre tres magistrales actuaciones (no por nada han arrasado nominaciones en múltiples ceremonias), mi personaje favorito resulta la Sarah Churchill de Rachel Weisz. Es la única de quién se arroja menos trasfondo, pero su rudeza en el manejo del reino, y la posible manipulación de su gobernante, también está empañado de la frialdad con la que se rige cualquier nación hasta el presente. Me parece una estratega militar con los pies más firmes sobre la tierra, la realidad que les rodea y su posición en el parlamento. Y aún así, detrás de ese caparazón, es fácil discernir el verdadero cariño y sumisión que tiene hacia su reina. Abajo de la honestidad y el atrevimiento, bordeando lo irrespetuosamente grosero, Weisz escupe una de mis líneas favoritas en toda la película: A veces pareces un tejón. ¿Quieres que te mienta? Nunca te mentiré. ¡Eso es el amor!

Ah, porque la película también es una historia de amor, en su poco convencional manera. Un romance, a veces literal, otras simbólico, sobre las dinámicas que suceden cuando hay gente que aspira al poder, gente que se rehúsa a perderlo y aquel cabrón que nos recuerda, con una dolorosa maniobra de imposición física, autoritaria, cual es nuestro miserable lugar en el mundo.

Que somos conejos enjaulados, hasta que la reina nos quiera dejar salir. —MJB

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  1. […] también lo hiciera The Favourite de Yorgos Lanthimos, la película parece buscar desmitificar a la realeza británica, empoderando a sus personajes […]

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