Serenity (2019)

En enero del 2017, se reportó que Serenity sería un “noir sexy”. Aunque se queda muy corta de algo como el clásico de Humphrey Bogart y Lauren Bacall “To Have and Have Not”, su primera media hora, por lo menos, trata de hacer justicia a esa descripción; se parece a uno de esos thrillers baratos y vulgares que saturaban la cartelera estadounidense en los noventa.

por Alberto Villaescusa R.

(Obsesión, Dir. Steven Knight, 2019)

Empieza como un tipo de película que Hollywood solía hacer mucho tiempo. Matthew McConaughey interpreta a Baker Dill, un pescador en la retirada isla de Plymouth. Tosco y reservado, Dill está obsesionado con capturar un atún gigante que ronda las aguas cercanas. Está siempre corto de dinero, pero lo poco que tiene, lo invierte en su desesperada persecución. Su primer oficial, Duke (Djimon Hounsou), trata de convencerlo de que mejor se dediquen a la pesca comercial o a pasear turistas extranjeros. Pero Constance (Diane Lane), una mujer adinerada que vive en la isla, siempre rescata a Dill de sus problemas económicos por el precio de una velada en su cama.

Una noche, mientras ahoga las penas frustrado en el bar local, Dill es visitado por una mujer de su pasado. Su ex-esposa, Karen (Anne Hathaway), ahora casada con el rico empresario de construcción Frank Zariakas (Jason Clarke), un hombre abusivo y controlador. Ella no puede sólo divorciarse o intentar escaparse con Patrick (Rafael Sayegh), hijo del mismo matrimonio previo; Frank es demasiado poderoso y la perseguiría a cualquier rincón del mundo.

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Las sospechas de Karen no son en vano. Frank no sólo está a la altura de su descripción, es básicamente una caricatura de un multi-millonario prepotente que se cree dueño del mundo. Cuando finalmente aparece en escena, le ordena a su mujer que se desvista en medio de la habitación para inspeccionar su cuerpo y después abusar físicamente de ella. Sus diálogos son una mezcla de frases trilladas como “Todo hombre tiene su precio” y la violencia casual de un personaje cuando quiere que sepamos es el villano de la película, por ejemplo, invita a Dill a la parte pobre de la isla en busca de prostitutas que ofrecen sexo anal por diez dólares. Karen, sin embargo, tiene otro plan: durante un viaje de pesca en Plymouth, sólo necesita que Baker lleve a Frank al mar profundo, lo emborrache y lo tire por la borda para que sea devorado por tiburones.

En enero de 2017, Deadline reportó que Serenity sería un “noir sexy”. Aunque se queda muy corta de algo como el clásico de Humphrey Bogart y Lauren Bacall To Have and Have Not, su primera media hora, por lo menos, trata de hacer justicia a esa descripción; se parece a uno de esos thrillers baratos y vulgares que saturaban la cartelera estadounidense en los noventa. Existe la promesa de un homicidio que nubla los límites del bien y el mal, así como de tensión sexual entre dos reconocidas estrellas de cine.

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Sin embargo, ésta no es la clase de película que termina siendo y no quiero decir exactamente cómo se desvía de la premisa. No es una buena película, pero ese giro narrativo bien puede convertirla en el peor estreno de este año. Por esa contradictoria razón, merece verse para creerse. Ser testigo de cómo la locura toma forma (o se hace pedazos) es morbosamente entretenido. Es como si el guionista-director Steven Knight hubiera escrito las primeras treinta páginas de un thriller mediocre y, en lugar de atender a las notas de sus productores, trató de convencerlos de que esa fue su intención desde el principio.

Lo frustrante es que la idea que une sus dispares elementos es tan ambiciosa y, de haberse desarrollado con mayor cuidado, pudo funcionar. A ratos se asoman a la superficie comentarios inteligentes sobre su propia narrativa: ¿es ésta una fantasía de poder, un escape para los rencores de la personalidad? ¿Qué dice una historia cómo esta de las personas que gravitan hacia ella? ¿Qué lecciones ofrece? No hay mucho que una a Serenity con Locke, el aclamado debut de Knight como director. Sin embargo, al centro de ambas películas se encuentran dos personajes aislados, que interiorizan su dolor de una manera que les hace más daño que bien. El director es menos exitoso aquí al momento de comunicar dicha idea, pero no es menos sincero.

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El cine constantemente se hace en condiciones adversas. Una película, cualquier película, es una obra titánica en la que chocan las visiones y capacidades de directores, guionistas, productores y estrellas. Pero ese estira y afloja también ayuda a mantener a raya los peores instintos de cada uno. Siento que eso es lo que Knight necesitaba aquí: un director con la habilidad de equilibrar los elementos más sentimentales y melodramáticos de su guion; y que dudara de imágenes como McConaughey nadando desnudo y teniendo una visión mística de su hijo que se encuentra a miles de kilómetros de distancia. Quizá un guionista adicional que le avise que diálogos como “de vuelta en el mundo real tenemos algo llamado Facebook” hacen imposible tomar a sus personajes en serio o como ayudante a que la trama se desenvuelva de manera más elegante. Películas malas se estrenan cada semana. Pero películas como Serenity son un evento de una vez al año. Es la clase que Hollywood prácticamente ya nunca hace, quizá por buenas razones. —AVR

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  1. […] Y eso es limitarme nomás a las críticamente consideradas. Por su parte, movies vilipendiadas como Serenity o Velvet Buzzsaw, tampoco se toman el tiempo en explicar o justificar y simplemente existen en su […]

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