FICG ’19: Marioneta

Marioneta toca un tema relevante y lastimosamente actual: Las mafias en las plazas de transportes públicos, y cómo la gente se involucra por ignorancia y/o necesidad en este tipo de redes.

por Javier Espinoza

(Marioneta, Dir. Álvaro Curiel de Icaza, 2019) 

La mendicidad es un negocio redituable, y como tal, requiere de una estrategia para ayudar a incrementar las ganancias; para lo anterior, el abogado David Torrico (Juan Manuel Bernal) recluta a Ernesto (Rafael Ernesto Hernández) un actor cubano varado en México, quien después de un encuentro casual con la actriz del metro Belén (Fátima Molina), comienza a darles clases de actuación a un grupo para que trabajen las calles.

Las clases de actuación presentan diversos ejercicios de integración y de expresión corporal, demostrando su efectividad cuando aumentan las ganancias de Torrico. En su papel de mafioso, con auxilio de secuaces, controla plazas y callejones. Ernesto quiere salirse del negocio, buscando trabajo como maestro de actuación, sin éxito. Conforme avanzan las clases, la interacción entre Ernesto y Belén aumenta, trabajando juntos para mejorar su performance, elemento que deriva en un romance.

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Torrico tiene competencia, el Roscas (Erando González), quien intenta robarle a Ernesto y el negocio, provocando una guerra por el territorio. Una de las tesis que plantea la película es que todos son marionetas de alguien más; Belén, Ernesto y los demás son “propiedad” de Torrico, quien los mueve a voluntad en diversas situaciones. En su hastío, ellos buscan la manera de escapar, pero están más involucrados de lo que quisieran.

Marioneta toca un tema relevante y lastimosamente actual: Las mafias en las plazas de transportes públicos, y cómo la gente se involucra por ignorancia y/o necesidad en este tipo de redes. Tal como sucediera en El Callejón de los Milagros (Fons, 1995) donde gente iba a que les hicieran “el milagrito” de amputarles un miembro para continuar pidiendo dinero en las calles, aquí les dan clases de actuación para mejorar la salida a pedir cooperación.

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Justo estas escenas son las más orgánicas de la película, recordando a lo logrado por Laurent Cantet en Entre Les Murs (2008) ya que, con sus alumnos, Ernesto va generando una relación profunda; admiración de parte ellos hacia él y conmiseración de reversa, ya que él cree que puede salir cuando desee, y ellos no. Las clases son tan efectivas que incluso provoca el deseo en una de ellos, Jessica (Nicolasa Ortíz Monasterio), de lograrlo profesionalmente.

Álvaro Curiel dirige con mucha precisión, dejando que fluyan las escenas en grupo, y que el ritmo aumente con los enfrentamientos entre los personajes principales (Bernal, Hernández y Molina). Tienen una participación destacada, sobre todo Molina, quien al estilo Mia Dolan (Emma Stone) en La La Land, deja todo en una escena relacionada a una audición, momento muy poderoso que se convierte en válvula de escape para una mujer desesperada. La última parte de la película le pertenece a ella y es una gran decisión. Curiel deja al espectador cuestionándose sobre lo que sucede con aquellos que verdaderamente tienen necesidad de salir a pedir en la calle y la realidad de que ya no podemos confiar en nadie. —JE

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