Las aventuras de Captain Marvel: Shazam! (2019)

Aunque DC ya tiene una liga con seis justicieros — Wonder Woman y Aquaman siendo los más frescos — en su séptima entrada deciden aventar un bateador emergente al juego: Shazam!, un super-heroe inmaduro más preocupado por subir los videos de sus hazañas a YouTube.

por Mickey J. Brijandez

(¡Shazam!, Dir. David F. Sandberg, 2019)

El MCU en su séptima película apenas iba en Iron Man 3 (2013). Un año antes ya habían retado la lógica con su team-up principal The Avengers y se puede decir que ese fue el momento en que rompieron al entretenimiento, cuando ir a las movies se convirtió en televisión de pago por evento. Ese mismo año, en 2013, el DCEU apenas inauguraba con Man of Steel.

Menciono lo anterior como perspectiva, porque a mi casa favorita — el hogar de los Detective Comics — usualmente le precede una reputación mixta, tirándole a mala, pero hay una especie de amnesia colectiva de la que todos son cómplices. Si bien la crítica cinematográfica es un juego de opiniones, las dos marcas, siete películas adentro, ya tenían sus capítulos dudosos (para unos Suicide Squad, para otros Iron Man 2) pero la permanencia del público ha radicado siempre en una sencilla y costosa promesa: La siguiente será mejor.

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Esa misma resiliencia ha provocado que DC, aunque ya tiene una liga con seis justicieros (Wonder Woman y Aquaman siendo los más frescos) en su séptima entrada decide aventar un bateador emergente al juego. Shazam! Y para hacerlo, siguieron una regla que hace apenas cuatro meses les rindió efecto: le inyectaron a su franquicia un director con raíces en el cine de género.

No es fórmula nueva. Hace casi 20 años, Sony insertó con pinzas a Sam Raimi detrás de su Spider-man saga, donde el director de Evil Dead (que, a su crédito, ya había tacleado la fantasía heroica con Darkman) re-planteó el canon de lo que podían llegar a ser las películas de enmascarados con poderes. Nunca tuvo miedo a canalizar a sus monstruos, desde la definición de los villanos hasta la técnica cinemática, y en el caso particular de Raimi, sus roces con la comedia situacional. Los cineastas de terror, los buenos, tienen un entendimiento espacial del cuadro y modos de empujar narrativas mediante altos y bajos. Es parte del efecto de inmersión al que nos sujetan muchas de nuestras películas favoritas, entre menos nos percatemos que nos tienen en la palma de su mano, más propensos a la sorpresa estamos. Ahí es donde James Wan, James Gunn o Scott Derrickson han triunfado.

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Si bien David F. Sandberg no tiene un pasado claro en lo gracioso, con Shazam! se enchufó a la misma energía de aquellas viejas aventuras del amistoso Hombre Araña. Entra y sale de la comedia hacia escenas terroríficas, y viceversa, haciendo malabares con Billy Batson (Zachary Levy/Asher Angel), un superhéroe inmaduro que apenas tiene entendimiento de sus poderes; al mismo tiempo que un grupo de criaturas, reminiscentes a Zuul de Ghostbusters, masacran una mesa de ejecutivos trajeados. A la mitad de una trepidante secuencia de acción, el director se da tiempo de insertar una referencia obligada a la juguetería con walking piano de Big. Todo funciona.

Es un napolitano de chistes y sustos que Sandberg logra preparar con finura, además añadiendo el sabor emotivo. Tal como la reciente Instant Family de Sean Anders, el corazón de la película surge de las relaciones al interior de una familia postiza. Los parientes adoptivos de Batson, tanto sus padres como hermanos, son un puñado de personajes pintorescos de todos tamaños y nacionalidades, taladrando una vez más el mensaje inclusivo que Hollywood está desesperado por dejar claro. Y conste, no estoy diciendo que sea un mensaje mal-intencionado, pero sin duda las corporaciones están conscientes que también el público internacional paga boletos de entrada. Sin entrar a spoilers específicos, hay una secuencia extendida al final de la película donde cada uno de estos niños (y una joven adulta) tienen su turno al bate, trasladando el discurso de la trama a una colorida metáfora visual. La importancia de la unión y el colectivo; o cómo la familia no siempre es donde naces, sino con quién te forjas.

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Funciona para beneficio de la película que dos tercios de su duración sea una comedia a la que solo le interesa bromear, más los ocasionales ya mencionados despuntes de melodrama. Cuando el Doctor Sivana (Mark Strong) toma prominencia en la historia, es cuando comienza a girar hacia lo pesado. Es interesante ver como un villano despiadado que persigue vendettas personales le sube las apuestas a un héroe y su pequeño aliado Freddy (Jack Dylan Grazer) cuya máxima preocupación, hasta el momento, había sido subir videos a YouTube. La genial interpretación de Levy no permite se nos olvide que bajo de ese musculoso caparazón forrado de spandex carmín solo hay un niño de catorce años, y es contra su voluntad que ha heredado la misión de salvar Philadelphia de matones inter-dimensionales.

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Dimensiones múltiples siendo las palabras claves aquí porque (si me permiten ajustar la cinta adhesiva de mis lentes un rato) aunque ya se había planteado en Justice League la navegación entre planos a través de los boom tubes de Steppenwolf o en Suicide Squad con los inexplicables poderes de la controversial Enchantress, el universo cinemático DC al fin se abre a magia y misticismos donde tendrían cabida personajes como Raven, Doctor Fate o Zatanna. Emocionante, ¿no?

Lo único que Shazam! tiene en su contra es que se trata de otra historia de origen, y aunque al inicio del texto le canté alabanzas por parecerse al Spider-man de los dosmiles, la cultura alrededor de éste género ha evolucionado el entendimiento popular de cómo operan los hombres y mujeres con súper-poderes. En especial DC, que fuera de Man of Steel, nunca habían considerado necesario aburrirnos con los detalles. El origen de Batman, Harley Quinn, Wonder Woman y Aquaman solo les robó unos cuantos minutos de sus respectivas películas. En ese sentido, quizás sea un paso atrás, pero en la apertura de puertas a otros mundos y posibilidades — incluida una con cocodrilos que juegan póker; comics are weird, huh? — es un firme paso adelante. —MJB

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