El Complot Mongol (2019)

Muchos suponían que al adaptar El Complot Mongol al cine, Sebastián del Amo no tendría habilidad de hacerle justicia, sin embargo, el director logra desarrollar un auténtico noir como pocas veces se ha visto dentro del panorama nacional; al tomar las fórmulas y esencia de la clásica novela de Rafael Bernal y entregando una eficiente puesta en escena.

por Cuauhtémoc Ruelas

(El Complot Mongol, Dir. Sebastián del Amo, 2019) 

En vista de que algunas personas consideran al cineasta Sebastián del Amo como un creador irregular dentro del actual cine mexicano — gracias a su trabajo en la admirada El fantástico mundo de Juan Orol y al mismo tiempo la vilipendiada Cantinflas — muchos suponían que al adaptar al cine El Complot Mongol (la novela policíaca más influyente en nuestro país) el director no tendría la habilidad de hacerle justicia. Sin embargo, decidió tomar el difícil reto; logrando desarrollar un auténtico noir clásico como pocas veces se ha visto dentro del cine nacional, tomando las fórmulas y esencia de la clásica novela del escritor Rafael Bernal, entregándonos una eficiente puesta en escena.

Desde luego, no es la primera vez que El Complot Mongol se lleva a la pantalla grande. Sucedió en 1978 de la mano del realizador español Antonio Eceiza, pero a diferencia de aquella, en ésta ocasión el resultado es tan exuberante y divertido que casi parece una obra original, aunque tenga ciertas fallas que ocasionalmente la vuelven demasiado afectada.

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¿Qué quiero decir con esto? Para bien o para mal, gran parte del humor de la película se fundamenta en los comentarios de su narrador y protagonista, hablando directamente al público, jugando con nuestras expectativas y hasta burlándose de ellas. Éste tipo de herramientas pueden arruinar la experiencia (y algunos dirán que así fue) pero yo creo es una atención al detalle que muestra el guión, que junto con al estupendo trabajo de los actores, evitan se convierta en un débil chiste, incluso pudiendo ofender a los puristas de la obra. En general, la historia es suficientemente accesible y graciosa para audiencias casuales que acepten los detalles.

La trama se ubica en 1963 durante la época de la Guerra Fría, y aunque es algo compleja, se puede reducir a una premisa que nos revelan de inmediato: El presidente de los Estados Unidos visitará México. La Unión Soviética, a través de sus espías de la KGB, interceptan el rumor de que la China Comunista pretende asesinarlo. El Coronel (Xavier López) por órdenes del político Rosendo Del Valle (Eugenio Derbez), asignarán la investigación a Filiberto García (Damián Alcázar), un viejo pistolero del gobierno que tiene buena relación con la comunidad china del Distrito Federal.

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En su búsqueda, García tendrá que convivir con distintos personajes, entre los que se encuentran Graves (Ari Brickman) agente del FBI, Laski (Moisés Arizmendi) agente de la KGB y Martita (Bárbara Mori) la hermosa encargada de una tienda en el barrio chino. De ese modo, comenzará una impredecible cadena de eventos, causas y relaciones que pondrán a prueba su pericia, lealtad y hasta su vida.

¿Suena confuso? Lo es. Afortunadamente el éxito de la película no está fundamentado en entender cada detalle del misterio, ni las ambiguas relaciones entre los eventos y personas. De hecho, el tergiversado misterio funciona como generador de situaciones insólitas para contemplar la hilarante dinámica entre los tres personajes principales a cargo de la investigación.

Ahí donde se luce el elenco. Alcázar es indudablemente el protagonista, pues la cinta está contada desde su punto de vista (literalmente); sus rápidos diálogos y absurdas respuestas crean un personaje complejo, con buenos sentimientos, pero propenso a tomar decisiones muy abruptas. Brickman interpreta al sarcástico agente norteamericano que toma todas las situaciones con igual aplomo, sin importar su gravedad o significado. Por otro lado, tenemos a Arizmendi como el agente soviético, un tipo que ha tomado la ecuanimidad como estilo de vida. A estos se integra Roberto Sosa como un licenciado teporocho venido a menos, pero que sabe sacar ventaja de sus aptitudes legales y conexiones. Finalmente está Mori, como el obligado interés amoroso, quien con su halo de inocencia representa la parte más sensible de toda la trama.

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De cualquier forma, por buenas que sean sus actuaciones o su dirección, la película no puede ocultar muchos de los caprichos de su guionista, que al ser también el director, Del Amo opera libre de influencias moderadoras, dando rienda suelta a su imaginación — no siempre coherente — y su sarcasmo. Aunque con frecuencia es hilarante o ingenioso, no se puede negar que en ocasiones se torna en una afectación condescendiente, aprovechándose para incluir algunas referencias cinematográficas como la aparición del veterano actor Hugo Stiglitz.

Creo que El Complot Mongol es una de esas películas que se disfrutarán más la segunda vez, pero es injusto recomendar que se vea dos veces antes de formar una opinión. En la primera “vista” hay suficiente humor, acción y buenas actuaciones como para recomendarla. A pesar de parecer como el vanidoso capricho de un cineasta enamorado de la obra literaria, es indudable que la cinta ofrece bastante talento real, frente y detrás de las cámaras. — CR

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