Avengers: Endgame (2019)

Los hermanos Anthony y Joe Russo son, desde un punto de vista técnico, los directores más aburridos a los que se les haya encomendado una película de Marvel; al mismo tiempo, nadie más posee tanta familiaridad con estos personajes, siendo así los mejores candidatos para cerrar una saga de 22 entradas. Un emprendimiento titánico así requería verdadero talento y el dúo cumple.

por Alberto Villaescusa R.

(Avengers: EndgameAnthony & Joe Russo, 2019)

Supongo que no hay forma de hablar de Avengers: Endgame, la película que culmina al universo cinematográfico Marvel (o por lo menos una etapa de él), sin primero discutir el fenómeno cultural en que la franquicia se ha convertido desde Iron Man en el 2008. Es un fenómeno más grande que cada película individual y ha permitido que la mayoría de ellas conquisten la taquilla mundial, aun cuando ninguna ha sido verdaderamente extraordinaria en términos cinematográficos.

En su creación juegan numerosos elementos. El primero, es el reconocimiento de marca proporcionado por el nombre “Marvel” y la larga y celebrada historia de sus personajes en los cómics de superhéroes; esto le basta para ser una propiedad codiciada en un Hollywood que ahora más que nunca prefiere apostar por lo seguro. No obstante, ese reconocimiento por sí solo no explica que una película estelarizada por relativos desconocidos como los Guardianes de la Galaxia pueda superar a una con figuras tan familiares como Batman o Superman.

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El reconocimiento ayuda a conquistar ese primer fin de semana, pero los personajes que vemos en pantalla tienen que además ser entrañables para que el público regrese semana tras semana y cruzar la cada vez más común barrera de los mil millones de dólares alrededor del mundo. Esto fue lo que hicieron las primeras entregas, sobre todo Iron Man y Captain America: The First Avenger. Las cintas debut de sus respectivos personajes entendieron qué era lo que hacía admirables, pero también humanos, a Tony Stark y Steve Rogers. Llenaron sus zapatos con dos actores hábiles y carismáticos. Es cierto que los dos se terminaron convirtiendo en los personajes de cabecera de la serie, pero a medida que el universo a su alrededor creció, el productor Kevin Feige y su amplio (no muy diverso) establo de directores ha sabido rodearlos con un masivo elenco, con caracterizaciones bien delineadas y actores talentosos (con agendas libres) cuyas aventuras igualmente convocan el público a las salas.

No menos importante, el éxito del proyecto ha sido francamente el ambicioso y sin precedentes experimento de conectar todas y cada una de sus entregas dentro una misma continuidad (de ahí el término “universo”). El agresivo control de calidad ejercido sobre ellas desde el lado de la producción ha convertido a cada una, no sólo en estrenos de alto presupuesto con garantizados niveles de acción y humor, sino también en un capítulo dentro de una continua saga, con información esencial para entender lo que está por venir.

Un factor adicional, derivado de todos los anteriores, es el aire de anticipación y secrecía que se ha creado alrededor de cada entrega y que culmina ahora con Avengers: Endgame. Nada que Julian Assange pudiera filtrar al dominio público provocaría tanta ira como un spoiler de ésta película. Es entonces difícil escribir una reseña cuando resumir lo que sucede en los primeros minutos o siquiera mencionar actores que aparecen en ella, pero no en los materiales promocionales, podría considerarse revelar demasiado.

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En Infinity War, el villano Thanos logró erradicar a la mitad de la población del universo con el chasquido de sus dedos gracias a la magia del Guantelete y las Gemas del Infinito. Una sinopsis escueta de su secuela podría decir que Endgame abre inmediatamente después de éste trágico evento y nos muestra a los superhéroes restantes Tony Stark/Iron Man (Robert Downey Jr.), Steve Rogers/Captain America (Chris Evans), Thor (Chris Hemsworth), Bruce Banner/Hulk (Mark Ruffalo), Natasha Romanoff/Black Widow (Scarlett Johansson), James Rhodes/War Machine (Don Cheadle), Rocket (voz de Bradley Cooper), Nebula (Karen Gillan), y Carol Danvers/Captain Marvel (Brie Larson) tratando de lidiar con las consecuencias.

Dirigida por Anthony y Joe Russo, quienes de las secuelas de Captain America fueron promovidos a las dos películas cumbre del universo. Los hermanos son, desde un punto de vista técnico, los directores más aburridos a los que se les haya encomendado una película de Marvel. Al mismo tiempo, ningún otro posee tanta familiaridad con las presentes versiones de estos personajes, lo que los hace, para bien o para mal, los mejores candidatos para cerrar la fase.

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Un emprendimiento titánico así requiere de verdadero talento y el dúo cumple. El tono de la primera — y mejor parte — de la película encuentra un genial equilibrio entre lo sombrío y lo optimista. Se siente la devastadora derrota que han sufrido nuestros héroes, pero los confiables chascarrillos y chistes (es una película de Marvel, después de todo) hacen que éste masivo grupo de personajes se sienta como una familia aferrándose a la esperanza; que lo poco que les queda les basta para salir adelante y que no vale la pena sacrificarlo por la vaga ilusión de restaurar el daño provocado. Lo trágico de la situación también hace que la película por instantes se enfoque en detalles que uno no esperaría en una película de ésta escala: la mirada perdida de Tony Stark en lo vasto del espacio, o el sonido de unas botas haciendo crujir la madera debajo de ellas.

El guion, a cargo de los veteranos de la franquicia Christopher Markus y Stephen McFeely, llena esa primera parte con una sensación de impulso y agilidad. Aun cuando los superhéroes sobrevivientes no saben qué hacer, cada escena nos lleva con lógica y propósito a la otra y pieza por pieza surge un atrevido plan para reparar el daño que hizo Thanos. Éste segmento se aproxima a la majestuosidad y suspenso al inicio de Inception, si Christopher Nolan gustara por fotografiar sus películas en un gris digital en lugar de celuloide, y situar la acción en fríos espacios comerciales en lugar de arquitectura imposible.

La trama es legítimamente ambiciosa y elaborada, no (únicamente) masturbatoria, referencial a su propia mitología. Marvel no trata de introducir variedad a su repetitivo producto disfrazándolo de un género cinematográfico familiar (así como Spider-Man: Homecoming trató de ser una comedia adolescente, por ejemplo). Endgame solo es posible gracias a los cimientos creados por diez años de un universo interconectado. Pudiendo optar una vez más por lo seguro, se aprovechó el estatus que miles de millones en la taquilla mundial le proporcionaron para tejer una red narrativa que justifique su masivo elenco.

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Mueve a sus personajes como un experto juego de ajedrez. Dado que éstos son tan abundantes y muchos de ellos hasta entrañables, pocos momentos de sus tres horas de duración se sienten desperdiciados. La película se mantiene fresca porque cada secuencia encuentra una nueva configuración y dinámica entre sus numerosos jugadores. Es incluso emotivo cuando personajes que uno nunca imaginaría ver juntos pueden encontrar algo con que conectar el uno con el otro.

Pero, aun cuando la técnica narrativa es impresionante, la sustancia se extraña. Hay mucho lugar para la diversión, pero no mucho para la espontaneidad. Es Marvel durmiéndose en sus laureles; menos interesados en avanzar el género, o sus propios superhéroes, que en cerrar los ciclos abiertos por entregas anteriores, haciendo referencia a sus relaciones más significativas y los distintos eventos que los definieron.

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Ya sea por intención o por pereza, se desenvuelve como una versión espejo de Infinity War. Los eventos de aquella encuentran una variación en ésta, pero también muchos de sus errores se repiten. El clímax, una vez más, se desarrolla en un ambiente antiséptico y gris; una lástima porque la primera parte por lo menos trata de que su mundo se sienta como uno en el que personas de verdad viven o vivieron alguna vez. Hay un intento bastante obvio de poner al frente un robusto elenco de personajes femeninos que la franquicia ha construido en el transcurso de varios años, pero el gesto es mayormente simbólico y opacado por la forma tan desechable que trata a su heroína más duradera.

Marvel nunca han destacado como cine de acción, pero igualmente se ven obligados a jugar bajo sus reglas. Esto significa que una parte importante se le dedica a peleas fotografiadas de manera incomprensible y efectos especiales inacabados. Una consecuencia de ello es que los viajes emocionales de sus personajes terminan siendo apurados o, en el caso de Clint Barton/ Hawkeye (Jeremy Renner), ocurren totalmente fuera de pantalla. Se esfuerzan por remarcar cómo Bruce Banner y Thor han evolucionado, mediante cambios cosméticos, ocultando lo poco que el status quo ha cambiado desde The Avengers en 2012.

Tan aparatosa como es, no ofrece nada nada nuevo en realidad. Lo que uno esperaba que sucediera después de los eventos de Infinity War sucede. Y sin embargo, es placentero y hasta inspirador ver cómo tantos hilos se unen entre sí. Lo que finalmente la hace una experiencia satisfactoria, más que meramente entretenida, es que de verdad se siente como el final de una historia. Por mucho tiempo, sentar las bases para el porvenir parecía ser la única razón de existir de estas películas. Ningún cierre podría satisfacer las expectativas creadas por veintidós películas. Pero Endgame, de alguna manera, lo logró. — AVR

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