Más notas perfectas: The Perfection (2018)

Comenzando como una cruza de Lifetime movie y los eroti-filmes de Shannon Whirry o Shannon Tweed, The Perfection nos pide que la acompañemos junto a sus protagonistas, Allison Williams y Logan Browning, por un viaje sin rumbo; en un cuento que se entreteje de distintos sub-géneros como drama lésbico, horror viral, de cultos malditos, violación, venganza y mucha influencia de cine asiático.

por Mickey J. Brijandez

(La Perfección, Dir. Richard Shepard, 2018)

Yo también, enamorado, alguna vez use la cheesy línea: Tus defectos son los que te hacen perfecta. Hay cosas que uno solamente arroja para elevar la autoestima de alguien, pero en el caso de The Perfection, la declaración es real. La película de Richard Shepard dista kilómetros de adherirse a cualquier estructura rígida y en eso radican todas sus fortalezas.

Por lo mismo, es difícil de recomendar, porque fuera de los cultistas del horror que vamos por la vida persiguiendo el dragón del shock, no se me ocurre alma a quien pudiese interesarle o, como en mi caso, fascinarle. Gracias a que Netflix la compró en el último terció del 2018, tras su exhibición en Fantastic Fest, quizás pueda añadirse a la cola como televisión de evento, similar a Bird Box el pasado diciembre. La curiosidad compele a la gente a pisarle play a las cosas más extrañas, sobre todo si es lo único que todo mundo alrededor está comentando.

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En los ochentas y noventas The Perfection sería la directo-a-video que rentábamos por accidente, o para rellenar la promoción de 3×2, cuando se consumía el tiempo y ya nos estaban cerrando el changarro. Por otro lado, llevamos años viviendo la video-ficación masiva del entretenimiento alguna vez considerado friki. Las historietas y/o Star Wars eran para gordos traga-Cheetos y ahora se adjudican como algunas de las franquicias comerciales más redituables dentro los cuatro cuadrantes. Lo mismo va para el género y el gore, antes exclusivo de sociópatas como su servidor, ahora es telegrafiado semana tras semana con cosas como Game of Thrones, The Walking Dead y otros chorizos de la estirpe. Pensado así, una película tan impredecible como ésta tiene cabida en el zeitgeist si le abraza la casualidad de una tormenta perfecta.

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La trama: Allison Williams y Logan Browning interpretan a amigas y rivales del violoncello; de niñas, las dos fueron potencialmente las mejores estudiantes de su clase, hasta que Charlotte (Williams) tuvo que apartarse de la academia y Lizzie (Browning) aprovechó el momento para ascender a aprendiz suprema. En algún punto del presente, la primera viaja hasta Shanghái para presenciar un show de la segunda. La dirección de Shepard nos coquetea con un posible antagonismo, pero nace todo lo contrario, una combinación de Lifetime movie con los eroti-filmes de Shannon Whirry o Shannon Tweed. La relación entre Liz y Charlie trasciende la re-conexión superficial, o una amistad desenvolvente, para arrojarse directo a la cama. Puede argumentarse que se trata de sexo gratuito, pero no injustificado, pues en éste punto tan fértil de la trama (apenas pasan los 15 minutos) todavía no sabemos de dónde vienen los personajes ni hacia donde van.

Y la película quiere que la acompañemos en un viaje sin rumbo, literal, porque las dos chicas emprenden un misterioso tour en camión hacia el interior de China. Así nos está pidiendo, como audiencia, que vayamos también sin destino claro. El cuento se entreteje de distintos sub-géneros (drama lésbico, horror viral, de cultos malditos, violación y venganza) así como de una narrativa fragmentada, abusando paulatinamente del bait-and-switch o ese recurso donde creemos ha pasado algo importante y… ¡Oh, no! ¡La película fue ahí! ¡Me sacudieron el tapete! ¡No lo puedo creer!

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Concluye como una especie de Martyrslight, sin la violencia gráfica, pero con cada nuevo relato ayudando a contextualizar el previo. Se trata sin duda de un extremismo que por momentos raya en parodia del mismo género. Shepard confesó para el LA Times haber tomado inspiración de las fábulas de venganza que exporta el cine coreano. A veces son cuentos que no aspiran al realismo sino al mero lenguaje cinemático, uno difícil de traducir o aceptar cuando la historia es ejecutada por protagonistas occidentales (mucho de eso ha padecido también el cine italiano); es una de las injustas razones que ha clavado en el olvido a la gloriosa Stoker de Park-chan wook, primer esfuerzo anglo-parlante del cineasta sur-coreano. Mucho se pierde en la traducción, pero no por falla del arte o del artista, sino las costumbres del comprador.

Y si bien el director de The Perfection es neoyorkino, jamás se pone en tela de duda que sus influencias son extraídas de una piscina anómala. Ya sean realizadores como Jordan Peele con Us o Gaspar Noé con su Climax, es de celebrarse que existan estos corsarios del paracinema, aquellos que no pretenden apegarse a ninguna lógica para priorizar la montaña rusa o esa experiencia impredecible de no saber lo que espera tras cada brinco y vuelta. Pues así sea a nivel cartelera o en tu reproductor casero, ¿no deberíamos aspirar a la sensación de sorpresa en casi todas nuestras películas? —MJB

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