Y llegaron bailando cha-cha-chá: Cygnus (2018)

La película de Hugo Félix Mercado no destila un mililitro de cinismo. Se hace lo más que puede con tres o cuatro locaciones, pero quizás su mayor pecado es esforzarse demasiado en demostrar que México tiene tecnología de punta, arrojando por la cima la ciencia para enfocarse solo en una historia de fantasmas o de telescopio embrujado.

por Mickey J. Brijandez

(Cygnus, Dir. Hugo Félix Mercado, 2018)

El mal de la montaña es una condición real; el guion de Cygnus se encarga de repetirlo cada ocasión que puede. Siempre que el cuerpo se expone a las alturas, y se reduce la circulación de oxígeno al cerebro, se pueden experimentar una multiplicidad de síntomas, incluidas las alucinaciones. Si sumamos a esto la obsesión por descubrir o escuchar señales de vida provenientes de otras galaxias, tenemos la receta perfecta para una historia de terror.

Estrenada en el FICM del 2017, y ganadora del Premio del Público en el festival de cine fantástico Mórbido del mismo año, la película de Hugo Félix Mercado se anunciaba más como una propuesta de ciencia ficción – rareza entre el cine mexicano – pero termina siendo una lección de thriller paranoide con espolvoreos espaciales.

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Fabián (Jorge Luis Moreno) es un astrónomo que pretende pasar una temporada en el Gran Telescopio Milimétrico (instalación real en el Pico de Orizaba, Puebla) para explorar las señales emitidas por la constelación Cygnus-X3. Tras ese añorado primer contacto, los signos de vida espacial también traerán consigo consecuencias siniestras para todos los ocupantes del observatorio.

La película se parece menos a cintas de exploración como Contact con Jodie Foster o The Arrival de Charlie Sheen, y más a propuestas que combinan lo sobrenatural con lo incierto como El Incidente de Isaac Ezban, o, del mismo director, Los Parecidos. Son los primeros ejemplos que me vienen a la mente, pues es complicado encontrar otras referencias que jueguen con el sci-fi en la filmografía colectiva nacional reciente.

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La maravillosa Cassandra Ciangherotti agracia esporádicos minutos, de los 88 que dura la película, en un rol medianamente inconsecuente. Filmada durante el 2015, Cassandra interpreta a la doctora Diana Hernández, comisaria de salud en aquel elevado observatorio. Desde pequeñas heridas, mareos, vómitos, alucinaciones o invasiones alienígenas, queda en sus manos el curativo masajeo de espaldas.

Por momentos se quiere inyectar un mal-establecido romance entre Fabián y Diana, pero el director Mercado estaba mucho más preocupado en complacer a los gremios de científicos y astrónomos, o ese típico inversionista chiflado, que exigían más shots panorámicos del observatorio, las antenas o el robador-de-aliento terreno forestal y volcánico. Los exteriores en muchas ocasiones dejan de ser cinemáticos para parecer más un documental del Politécnico.

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La ventaja es que Cygnus no destila un mililitro de cinismo. Se hace lo más que puede con tres o cuatro ubicaciones: los alrededores del complejo observacional, una sala de comando, un comedor para empleados y unos pasadizos fusilados del USS Enterprise. Su único pecado es esforzarse demasiado en demostrar que México también tiene tecnología de punta, y lo peor de todo es que su funcionalidad o verosimilitud es arrojada por la colina cuando la historia decide enfocarse en lo fantástico, más que en la ciencia.

Básicamente todo vira hacia un plot de fantasmas, o de telescopio embrujado. Una silueta ennegrecida acecha al final de cada pasillo, en cada vuelta. Al protagonista lo ataca un delirio paranoico, descalificado por todos a su alrededor como mero “mal de la montaña”. Un accidente que sólo le ocurre a Fabián, empieza a ser interpretado como una conspiración en su contra. Ciangherotti es presentada como su única aliada, en ocasiones por conveniencia de la trama, pero otras porque la final girl sigue siendo una tradición del género que nunca pasa de moda.

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Y repito, aunque lo interestelar en su mayor parte es relegado, tiene su grado de unicidad ver una película de espectros y posesiones en un escenario más digital que análogo, como aquellas lucecitas de colores inexplicables en los diseños de producción de El Santo. ¿Para que ocupaban tanto botón y computadora en 1964? No lo sé, pero a la posteridad resulta más carismático. Al reemplazar marcianitos por demonios internos, quizás el discurso final dicta que nos esforzamos demasiado en encontrar significados afuera, sin resolver primero los complejos y enfermedades de adentro. A todos nos pega el “mal de la montaña” y necesitamos una doctora que nos baje de la cima a trancazos. —MJB


Cygnus tuvo un modesto estreno, el 2 de noviembre del 2018, con aproximadamente 30 copias en salas selectas del país (en Tijuana nos llegó hasta el 11 de enero del año presente) y eso le bastó para recibir una nominación al premio de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (Ariel 61º) por Mejores Efectos Especiales (Yoshiro Hernández) a celebrarse el 24 de junio, 2019. Pueden verla gratis a partir de hoy, hasta la fecha de los premios, en el sitio de cine streaming FilminLatino

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