The Twilight Zone (2019) Primera temporada

Si bien las series antológicas ya son parte del panorama televisivo en pleno 2019, gracias a Black Mirror o American Horror Story (y muchas más que merecen nuestra atención) ahora fue el turno de Jordan Peele, producir y fungir como anfitrión para el tercer intento de capturar la magia de un clásico, en The Twilight Zone.

por Adrián Rodríguez

(The Twilight Zone, CBS All Access, 2019)

Creada y presentada por Rod Serling, entre 1959 y 1964, The Twilight Zone cautivó a generaciones completas con personajes que se enfrentaban a lo desconocido, cada semana, buscando concientizar y abrir una discusión sobre temas políticos o sociales. Serling utilizó la televisión para enviar mensajes de justicia social a cualquiera que sintonizara su programa, su obra era un acto político bajo la filosofía del deber como escritor respecto a la discusión de temas sociales que pudieran hacer alguna diferencia.

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Rod Serling en Twilght Zone (1959-1964)

CBS canceló la serie tras su quinta temporada, sin embargo, el impacto en la cultura popular sobrepasó expectativas y se volvió una referencia obligada para todo seguidor del horror y la ciencia ficción. En los ochentas, John Landis y Steven Spielberg fueron la dupla encargada de llevar nuevas historias – en formato de larga duración – a una producción que sufrió graves percances, provocando que un primer remake careciera de la vitalidad para revivir la franquicia exitosamente. En 2002, Forest Whitaker fue el anfitrión de una olvidable temporada que contó con 44 episodios.

Si bien las series antológicas ya son parte del panorama televisivo en pleno 2019, gracias a Black Mirror o American Horror Story (y muchas más que merecen nuestra atención) ahora fue el turno de Jordan Pelee producir y fungir como anfitrión para el tercer intento de re-capturar la magia en sólo diez episodios.

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Kumail Nanjiani interpreta al comediante en The Comedian. Moderna fábula faustiana sobre un actor de stand-up que no puede hacer reír a su audiencia, hasta que su ídolo, J.C. Wheeler (Tracy Morgan), le aconseja volver su acto más personal. De ahora en adelante cada que cuenta un chiste sobre una de las personas en su vida, ésta desaparece por completo. A grandes rasgos el capítulo no logra generar el suspenso suficiente, aunque los elementos se encuentren sobre el tablero.

El segundo episodio es una adaptación del capítulo clásico Nightmare at 20,000 Feet, protagonizada por Adam Scott, quien aquí interpreta a un inestable periodista que escucha un podcast donde se describe la desaparición del vuelo en que se encuentra. La ansiedad de viajar en un vuelo comercial condenado se manifiesta de forma tangible, sin embargo, entre más avanza la historia más predecible se vuelve el resultado.

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Es hasta el tercer episodio que se logra sentir la dinámica de la serie original. Nina (Sanaa Lathan) tiene en su posesión una videocámara que le permite regresar en el tiempo, de esta manera, podrá encontrar un modo de lidiar con la tragedia de su hijo. Replay contiene un horror visceral, sobre todo entre afroamericanos que sufren de constantes acosos raciales e injustificados a mano de las autoridades. Este episodio es un llamado a la reflexión: No podemos cambiar nuestro pasado, pero somos dueños de nuestro futuro.

A Traveler es una extraña historia llena de suspenso e intriga, dirigida con gran estilo, aunque sin ambiciones, por la genial Ana Lily Amirpour (The Bad Batch). Este cuarto episodio tiene la energía de The X-Files en sus mejores momentos; escrito por Glen Morgan, uno de los guionistas de aquella serie icónica de los 90s. Steven Yeun interpreta a un misterioso viajero que llega a una distante estación de policía en Alaska justo en nochebuena. El capítulo es una apología a la colonización de los pueblos esquimales en tierras del norte, temática que también ha sido abordada recientemente en la primera temporada de The Terror de AMC.

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En Wunderkind tenemos a John Cho y a Jacob Tremblay ofreciendo interpretaciones decentes, en un guion que no logra impactar por su comentario demasiado obvio: Donald Trump es presentado como un niño mimado y berrinchudo en la Casa Blanca. Ya lo sabemos. Cinco capítulos adentro en la temporada y pareciera que la serie no logra provocar cuestionamientos profundos sobre nuestra realidad, al menos no como la original hiciera con los miedos y ansiedades de su época.

Six Degrees of Freedom hace referencia a las películas más importantes sobre viajes claustrofóbicos en el espacio como Solaris o Alien. No alcanza a conmover con su moraleja existencial, en gran parte por la ligereza actoral del elenco y un ridículo plot twist en los momentos finales del episodio. Arranca cuando un desastre nuclear sucede en la tierra justo antes de empezar la misión espacial; premisa atractiva pero lamentablemente nunca se concreta en un peligro real ningún momento. El peor episodio de la serie.

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Y es probable que Not All Men sea el capítulo más provocativo. Sin duda es el que mejor demuestra el potencial de este reboot. Annie (Taissa Farmiga) accede a salir con su jefe del trabajo, Dylan (Luke Kirby), presionada y sometida por las dinámicas de poder dentro de la jerarquía laboral. Una vez en casa de Dylan, ocurre una imprevista lluvia de meteoritos, dejando caer uno de ellos en la parte trasera del patio. Al investigar, Dylan toca uno sin protegerse de posible radiación, aunque a simple vista parezca no hay nada de qué preocuparse. De vuela en la casa, transcurre una sesión de besuqueo entre ambos, Annie nunca estando 100% cómoda con la situación, desde el principio, nunca tuvo interés real en salir con su jefe. Al tratar de fugarse, Dylan reacciona violentamente revelando el elemento sobrenatural del episodio: Los meteoritos causan que los hombres se vuelvan violentos a la más mínima provocación. Puede que no sea la alegoría más sutil del movimiento #MeToo y la masculinidad tóxica, sin embargo, abre el debate para una conversación interesante.

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Point of Origin tiene uno de los conceptos más ambiciosos, pero falla su representación de las problemáticas y dinámicas de la migración actual en Norteamérica. Eve (Ginnifer Goodwin) es ama de casa, existiendo en una realidad alterna de Estados Unidos donde la tecnología actual se fusiona con la estética de los años 50s. Tienen una criada en la familia, aprisionada por el gobierno, acusándole de ser una emigrante de otra catastrófica dimensión. Eve parece no saberlo, pero el gobierno viene por ella con interés de leerle la mente y corroborar si no es también una de estos extraños peregrinos interdimensionales, tratando de encontrar la forma de volver con su familia y de paso ayudar a su criada a escaparse. Lamentablemente la historia no explora más allá de una simple metáfora, provocando que se sienta vacía hasta sus últimos minutos.

La regularización de posesión de armas de fuego en EUA ha sido siempre un debate polémico, sobre todo por las masacres en escuelas que incrementan con frecuencia. The Blue Scorpion es el nombre de un arma de fuego sobre la cual gira la historia del penúltimo episodio. El Macguffin asesino. Jeff Storck (Chris O’Dowd) encuentra la pistola, tras de hallar el cuerpo de su padre en su propia casa y pese a nunca haber notado tendencias suicidas en él, todo lo contrario, era un músico hippie que además estaba en contra de portar. El arma en cuestión evidentemente establece una conexión mística con el usuario; una metáfora atractiva, pero queda ambigua a beneficio de la historia.

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Definitivamente lo mejor resultó para el final. El último episodio lo protagoniza Zazie Beetz (Deadpool 2, Atlanta), Betty Gabriel (Get Out), Seth Rogen (Bad Neighbors) y el mismo Peele en un rol más allá que sólo el narrador. Sophie Gelson (Beetz) interpreta a una guionista del nuevo reboot de la serie The Twilight Zone. Se trata de un episodio metanarrativo, del cual es complicado relatar detalles sin spoilear la historia. Basta decir que es el mejor capítulo de la temporada y uno de mis favoritos. Un buen cierre para lo que fue una temporada irregular.

Es una recolección agridulce o antología de historias de millennials para no dormir, donde la mayoría de segmentos no logran hacer justicia al legado de la franquicia de Rod Serling. Esperemos que, en una ya confirmada segunda temporada, se termine por delimitar un estilo propio.  —AR

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