Cortando Sangre, de Marlon Morales

“Pasamos tanto tiempo preocupándonos en sólo terminar el corto, que cuando por fin lo hacemos, llega el miedo enorme de si será aceptado o no. Todos queremos una vida larga y próspera para nuestros proyectos, pero muchas veces no pasa.”

por Cuauhtémoc Ruelas

Imagino que es común que en todas las escuelas de cine haya alumnos apáticos, pero es muy distinto sobrevivirlos en clase a tener que trabajar con ellos en un set.
— Marlon Morales

Oriundo de Tijuana, estudiante de la licenciatura en cine por Universidad de las Californias Internacional, Marlon Morales recientemente rodó el cortometraje Cortando Sangre, el cual forma parte de la Selección Oficial en la próxima edición del Festival Internacional de Cine de Monterrey (FICM). Aquí les presentamos al joven talento que se encuentra forjando un camino en nuestra región.

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CR: Brevemente, ¿cuál es el argumento de tu cortometraje? ¿Qué significa el título y cómo surgió la historia? 

MM: El argumento gira alrededor de Adán, un joven violento, obsesionado con la cultura e iconografía japonesa, el cual tiene un odio muy profundo hacia su madre. En una noche lluviosa, Adán invita a su madre a una cena especial. Todo esto mientras una mujer secuestrada por él intenta escapar del sótano de su casa. Cortando Sangre es cortar los vínculos de sangre.

La historia surgió cuando sentí la necesidad de hacer un cortometraje totalmente distinto a lo que había hecho anteriormente, nunca había escrito ni dirigido uno de mis géneros favoritos: Terror y suspenso. Yo venía de hacer un corto de comedia donde todo se presentaba en un empaque colorido y dinámico, así que decidí hacer algo opuesto, una historia de intriga, traumas, dolor y soledad; acompañada de una fotografía estilizada en blanco y negro me parecio de las decisiones más obvias para mi siguiente proyecto. Me emocionó mucho.

CR: ¿Cuál consideras que es el mensaje central de tu historia?

MM: Es acerca de varias cosas, fuera de lo notablemente malo que tiene Adán, considero qué hay elementos de mí en él, fue inevitable. Yo puedo ser obsesivo y también tuve una relación estrecha, aunque no negativa, con mi madre, así como la necesidad de sentirme más libre. De alguna extraña manera, esto se tradujo en los significados centrales de la historia. La exageración de actos de violencia, imágenes, ambientes y muertes la creí necesaria para el género.

Esto es justo lo que amo del cine de género, es un método muy efectivo para canalizar temas que pueden ser difíciles de hablar. Dentro de estos mundos, y de sus reglas particulares, podemos hablar de todo, no importa que tan abstracto o irreal se tornen las cosas.

Sé que esto puede resultar confuso en parte porque es una historia que mantiene una moral difícil y errónea, la ideología de los personajes es contraria a la que yo tengo. Sin embargo, este fue uno de los retos que más me emocionó, todos en la trama piensan de una forma que podría ser catalogada “enfermiza” o “dañina”.

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CR: Entiendo que el personaje principal está obsesionado con la cultura japonesa, utiliza una perturbadora máscara que hace homenaje a Onibaba. En ese sentido, ¿cuáles son las influencias más significativas detrás de tu cortometraje?

MM: Supongo que venía de una temporada intensa de cine japonés súper estilizado y surreal de los 60s, comencé a ver todo lo que tenía a mi alcance de esa época y lugar. El cine de Seijun Suzuki, Kaneto Shindô y Hiroshi Teshigahara, fueron mi punto de partida; considero increíbles las capacidades visuales, estilísticas y narrativas que utilizaban para contar sus respectivas películas. Su cine se convierte en un bombardeo sensorial, donde la atmósfera es tan densa que nunca nos deja respirar.

Una vez que me decidí en hacer Cortando Sangre, sabía que tenía que meterme aún más en esa corriente, lo suave era que entre más me adentraba, mejores películas salían. Al final mis referencias más obvias fueron: Onibaba, Woman in the Dunes, Kuroneko, The Face of Another, Ugetsu Monogatari y un poco de Phantom Thread. Es muy difícil para mí no referenciar a Paul Thomas Anderson, sigue siendo mi héroe número uno del cine.

CR: Háblanos un poco del proceso de producción, ¿Qué fue lo más sencillo y lo más complicado de llevar a cabo? 

MM: Yo no empiezo la producción de un cortometraje sin antes pasarlo por mi novia y fotógrafa de todos mis cortos, Bianca Arvizu, quien es realmente la opinión más valiosa que puedo tener. Ella está presente desde el guion y la propuesta visual de cada proyecto. Una vez que decidimos realizarlo, usamos todos los recursos que tenemos a la mano, en este caso significó pedirle a nuestra escuela el equipo necesario. Nos facilitaron sacar el equipo de tramoya y de cámara, sin embargo, al hacerlo como parte de una asignatura de clase, nos embutieron a todo el salón para que participaran. Imagino que es común que en todas las escuelas haya alumnos apáticos, pero es muy distinto sobrevivirlos en clase a tener que trabajar con ellos en un set.

En fin, haciendo la historia más corta, no soportaron el ritmo de trabajo que teníamos, se crearon problemas pequeños en el set y gente intentó tirarse por la borda. No fue la producción más sencilla, pero siempre estuvimos felices con el material que se grabó, muchos de nuestros amigos nos apoyaron sin algún problema, y al final, todo se arregló sin afectaciones de por medio.

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CR: Uno de los papeles centrales de tu corto lo interpreta la actriz Gisela Madrigal, ¿cómo llegaron a ella y como fue trabajar con una actriz experimentada?

MM: Uno de los métodos que yo tengo cuando hago mis cortometrajes es acercarme a gente muy talentosa que admiro y que he visto en otros proyectos de Baja California, sin cuestionarme mucho el peso o la experiencia que ellos puedan tener, suena ignorante de mi parte, pero si me pongo a pensar en todo lo que ellos saben y yo no, me intimidaría mucho.

Me acerqué a Gisela después de haberla visto en varios proyectos tijuanenses, confiando únicamente en que ella era perfecta para el papel de Ofelia. Leyó el guion, le gustó y su agenda estaba libre para las fechas de rodaje.

Le aprendí mucho, su experiencia se notaba en su disciplina, su talento para improvisar, fue muy buena con todo el equipo, siempre tuvo la mejor actitud. Es reconfortante saber que es posible acercarse a gente con experiencia y descubrir que muchas veces son personas completamente abiertas, dispuestas a sacar el mejor proyecto posible.

CR: Cortando Sangre fue seleccionado en el FIC Monterrey. ¿Qué representa para ti y todo tu equipo formar parte de este festival?

Pasamos tanto tiempo preocupándonos en sólo terminar el corto, que cuando por fin lo hacemos, llega el miedo enorme de si será aceptado o no. Todos queremos una vida larga y próspera para nuestros proyectos, pero muchas veces no pasa. Que haya quedado en la selección nos crea una gran felicidad; es una buena señal de que tal vez no vayamos tan mal.

Espero que la gente intente hacer más y mejores proyectos que éste, pues es muestra de que los festivales internacionales y mexicanos pueden voltear a ver al cine de género o al cine estudiantil. No hay razón para que personas de mi edad no continúen apuntando a estas plataformas. Nos alienta mucho a todos los que trabajamos en él.

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CR: Desde tu punto de vista, ¿qué cambios percibes en cuanto a la producción cinematográfica de Baja California en los últimos años?

MM: Cuando empecé en la carrera de la UDCI estaba hambriento de entrar a cualquier producción, o a eventos de cine que vinieran a Tijuana, aunque sucedía es que no había muchos. Pero las cosas han cambiado para bien desde el año pasado (2018), las oportunidades han incrementado de forma constante y ya hay una estructura, gente está trabajando muy duro para que Baja California crezca en su industria fílmica. Todavía está empezando, pero estamos en proceso de algo que espero llegue a darnos frutos a todos los que queremos hacer cine al norte del país.

Organizaciones como el festival FotoFilm y BC Hace Cine están mostrando una cara más fresca del cine tijuanense. Creo que todos los que vivimos acá podemos unirnos para fomentar, aunque sea de manera pequeña, a que Tijuana logre ser un lugar importante para la realización en México.

CR: Finalmente Marlon, ¿en qué nuevos proyectos estás trabajando?

MM: Ahorita estamos en la post-producción de nuestro siguiente corto, el cual tiene el título de Horas de Expreso. Es una comedia oscura acerca de un padre de familia que está siendo extorsionado para asesinar a otro hombre en menos de veinticuatro horas.

Me emociona mucho ese corto en especial, ya que aparte de ser mi último como estudiante de cinematografía, dimos todavía más de nosotros para poder grabarlo. Fue un gran reto de producción. Probablemente otro que verá la luz del día, antes que el infierno de post Horas de Expreso, será un video musical que dirigí para la banda tijuanense Entre Desiertos, al que nos dieron libertad total para realizarlo. Me encanta estar dentro de todo esto, al mismo tiempo me aterra la posibilidad de no poder hacer otros cortos o proyectos (recursos, presupuestos, logística), así que espero podamos seguir creando cosas nuevas y cada vez mejores. No quiero detenerme.

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  1. Un joven con mucho talento , felicidades Marlon

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